Rusia recupera influencia en Oriente Medio

El Oso Ruso busca ampliar su habitat

Rusia, a pesar de haber condonado el 90% de la deuda a Irak, se encontró con que sólo podí­a optar a una parte muy reducida del pastel petrolí­fero iraquí­.

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10-03-2009
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Los rusos no daban el paso en falso puesto que a pesar de las afirmaciones de lealtad a Washington, los paí­ses miembros de la OPEP, incluyendo los paí­ses árabes, habí­an venido reduciendo la proporción de sus reservas en dólares. Los rusos no daban el paso en falso puesto que a pesar de las afirmaciones de lealtad a Washington, los paí­ses miembros de la OPEP, incluyendo los paí­ses árabes, habí­an venido reduciendo la proporción de sus reservas en dólares.
Egipto y Arabia Saudí­, que veí­an las dificultades de los EEUU en Iraq, se atrevieron a rechazar esta iniciativa al considerarla un intento de imposición de valores y perspectivas occidentales. En Arabia Saudí­ un diario ligado a la familia real llegó a titular un editorial como "Bush, el nazi" .

En Egipto optaron por algo más de moderación y se limitaron a editorializar "La reforma respaldada por Estados Unidos no es bienvenida" aunque en su contenido se dejaba bien patente la distancia que se comenzaba a abrir entre los antiguos aliados: "las relaciones cada vez más tensas entre los musulmanes y Occidente son inevitables, más conforme Occidente sobrepasaba la lí­nea roja con llamamientos a cambiar los estudios religiosos de Arabia Saudí­ o Egipto con el argumento de que las academias religiosas de estos paí­ses engendran terroristas".

Los rusos entendieron perfectamente la situación y decidieron volcarse en Oriente Próximo para recuperar la influencia perdida añadiendo, además, el componente del petróleo puesto que el gobierno de Putin habí­a visto en la iniciativa de los EEUU el intento definitivo de controlar la OPEP y sentí­a cómo tras las invasiones de Afganistán e Iraq los EEUU se habí­an acercado peligrosamente a su flanco sur y cercaba a uno de sus tradicionales aliados en la zona: Irán.

Las reacciones de Rusia fueron directamente a la lí­nea de flotación de los EEUU: por una parte, Putin anunció, bien es cierto que en términos muy vagos, que Rusia podrí­a cambiar su comercio petrolí­fero en euros; por otra, decidió restaurar su posición e influencia en Oriente Próximo aprovechando la pérdida progresiva de influencia de EEUU en la zona.

Los rusos no daban el paso en falso puesto que a pesar de las afirmaciones de lealtad a Washington, los paí­ses miembros de la OPEP, incluyendo los paí­ses árabes, habí­an venido reduciendo la proporción de sus reservas en dólares en más de 13 puntos porcentuales en los últimos tres años, fundamentalmente a favor del euro, según el Bank for International Settlements. El último informe trimestral de este banco en el año 2004 establecí­a que las reservas denominadas en dólares habí­an caí­do desde el 75% en el tercer trimestre de 2001 al 61"5% en el mismo trimestre de 2004, mientras que la proporción de las reservas denominadas en euros subió desde el 12% al 20% durante el mismo periodo (5). Otros paí­ses, como Irán, también tomaron buena nota de la tenden

Así­ las cosas, el año 2005 se convierte en uno de los principales en el rediseño de la polí­tica próximo-oriental rusa y tiene dos vertientes: una tradicional "a la soviética", consistente en la venta de armas modernas a Siria e Irán, y una novedosa más ágil, inventiva e imaginativa acelerando la firma de contratos económicos por importantes cantidades para evitar que se reprodujesen situaciones como las del Iraq de Saddam Hussein, que inmerso en un durí­simo embargo internacional firmaba protocolos de actuación que no fueron cumplidos por los ocupantes tras su derrocamiento e invasión del paí­s.

Rusia, a pesar de haber condonado el 90% de la deuda a Irak, se encontró con que sólo podí­a optar a una parte muy reducida del pastel petrolí­fero iraquí­, la participación de Lukoyl junto con la empresa estadounidense Conoco-Phillips en la explotación de uno de los yacimientos petroleros más ricos del paí­s, el Kurna Oeste-2, pero con el convencimiento que los intereses rusos quedaban a merced de EEUU, dueño y señor del reparto de los recursos en Irak.


Rusia se convertí­a en el primer paí­s exportador de armas superando a los EEUU por primera vez en mucho tiempo. En paralelo a estas ventas armamentí­sticas, Rusia decidí­a firmar con Siria un acuerdo sobre la devolución de la deuda que el paí­s árabe mantení­a con ella desde la etapa soviética. En sí­ntesis, Rusia decidí­a cancelar el 73% de la deuda de 13.000 millones de dólares, el resto se devolverí­a bien en dólares, en moneda siria o participando en proyectos económicos conjuntos.

Así­ fue como Rusia pasaba a convertirse en un socio privilegiado en el ámbito energético, especialmente en la explotación y mantenimiento de centrales hidráulicas y térmicas así­ como en la extracción de gas y petróleo en yacimientos o en el oleoducto Kirkuk-Baniyas. Ni qué decir tiene que este acuerdo fue duramente criticado por los EEUU, que si bien no logró que los rusos diesen marcha atrás sí­ logró que no se extendiese a la venta de armas, especialmente a los misiles Iskander-E, que pueden alcanzar cualquier parte del territorio israelí­.

Rusia daba una de cal y otra de arena, pero las bases ya estaban bien asentadas y le serví­a a Putin para expandir su polí­tica próximo-oriental a otros paí­ses en los que Siria juega un papel: Lí­bano, Palestina, Irán e incluso Irak.

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