Un año de la segunda legislatura de Zapatero

Annus horribilis

Y mientras, España y los trabajadores debemos sufrir las consecuencias de un gobierno que prometí­a colocarnos en la champions league de la economí­a mundial

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10-03-2009
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Hace un año, el triunfo electoral de Zapatero en las generales, unido a la indefinición y permanentes enfrentamientos internos en el PP, parecí­an augurar un largo ciclo polí­tico marcado por la figura del actual presidente. Doce meses después, Zapatero enfrenta un desconocido nivel de rechazo social, en los mentideros polí­ticos se comenta que "su ciclo polí­tico empieza a decaer", y cosecha en Galicia su primera derrota electoral. Por el camino, el estallido de la crisis, evidenciando sus devastadores efectos para España, y el avance del viento popular en defensa de la unidad, han golpeado con dureza los pilares que sustentaban el proyecto polí­tico de Zapatero. Y mientras, España, y en particular los trabajadores, debemos sufrir las consecuencias de un gobierno que prometí­a colocar a España "en la champions league" de la economí­a mundial.
 Cuando ha llegado el momento de tomar una posición explí­cita sobre lo que realmente importa, Zapatero no ha dudado: rescatar a los bancos y dejar en la cuneta a los trabajadores
Cuando ha llegado el momento de tomar una posición explí­cita sobre lo que realmente importa, Zapatero no ha dudado: rescatar a los bancos y dejar en la cuneta a los trabajadores
Hace un año, el triunfo electoral de Zapatero en las generales, unido a la indefinición y permanentes enfrentamientos internos en el PP, parecí­an augurar un largo ciclo polí­tico marcado por la figura del actual presidente. Doce meses después, Zapatero enfrenta un desconocido nivel de rechazo social, en los mentideros polí­ticos se comenta que "su ciclo polí­tico empieza a decaer", y cosecha en Galicia su primera derrota electoral. Por el camino, el estallido de la crisis, evidenciando sus devastadores efectos para España, y el avance del viento popular en defensa de la unidad, han golpeado con dureza los pilares que sustentaban el proyecto polí­tico de Zapatero. Y mientras, España, y en particular los trabajadores, debemos sufrir las consecuencias de un gobierno que prometí­a colocar a España "en la champions league" de la economí­a mundial.
Meses después de que Zapatero accediera a la presidencia, desde las páginas del De Verdad impreso bautizábamos su gabinete como "el gobierno de Botín", señalando la sospechosa cercanía entre el primer banquero del país y un presidente que se autodenommiba socialista.
Hoy, esa figura es ya habitual en artículos de opinión, chistes y comentarios a pie de calle. La crisis ha destruido la fachada "progresista" que Zapatero había levantado trabajosamente durante la primera legislatura, presentándose como el gobierno que por fin se enfrentaba a la iglesia.
Pero, cuando ha llegado el momento de tomar una posición explícita sobre lo que realmente importa, Zapatero no ha dudado: rescatar a los bancos y dejar en la cuneta a los trabajadores.
Primero negó reiteradamente la existencia de la crisis, y más tarde minimizó sus efectos sobre España. No era un mero engaño de embaucador de feria, ni una artera maniobra para esconder la crisis hasta que pasaran las generales. Zapatero intentaba mantener el modelo económico -basado en el endeudamiento exterior y el hipertrofiado desarrollo de la construcción- que había disparado los beneficios de grandes bancos y monopolios, debilitando al mismo tiempo la posición de la economía española.
Este empecinamiento de Zapatero -especialmente rentable para Botín y compañía- es el que hoy hace que España encabece las listas de paro de la UE, y sea el país desarrollado donde la crisis será más prolongada y devastadora.
Zapatero sólo adoptó una posición activa cuando la crisis comenzó a golpear a los grandes bancos. La decisión de los principales gobiernos europeos de seguir a Washington e impulsar multimillonarios planes de rescate públicos para la banca, colocaba a la banca española en desventaja.
Y entonces, Zapatero dejó de negar la crisis, para obligarnos a todos los españoles a cotizar con 15.000 euros a un plan de rescate bancario público que asciende ya a 250.000 millones de euros, el 25% del PIB -el porcentaje más alto de toda la UE-.
Zapatero acordó el plan de rescate con Emilio Botín, con quien despachó diariamente durante una hora en las semanas que sucedieron a la caída de Lehman Brothers. Y permitió que el director financiero del Santander y el BBVA participaran de la elaboración del decreto que hacía efectivo el plan de rescate.
Todo el marketing del "gobierno de izquierdas" se vino abajo al contacto con la realidad, y "el gobierno de Botín" ha aparecido con rotundidad a los ojos de todos.
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