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Galicia y Paí­s Vasco: dos bocanadas de aire fresco

En ambas comunidades autónomas el voto ciudadano ha asestado un duro golpe a aquellos que persiguen la división y el debilitamiento de nuestro paí­s

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10-03-2009
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En Galicia ha sido derrotada la oportunista "fórmula mágica" de la lí­nea Zapatero: los encajes de gobierno entre socialistas y nacionalistas procurando el aislamiento del PP. Y en el Paí­s Vasco por fin es posible plantear una alternativa de gobierno sin la hegemoní­a o el concurso del PNV. Ambas son muy buenas noticias no sólo para gallegos y vascos, sino para el conjunto de la ciudadaní­a española, hambrienta de polí­ticas que primen la unidad, la igualdad y la libertad de pueblos y gentes.
 Galicia y Paí­s Vasco: dos bocanadas de aire fresco
En Galicia ha sido derrotada la oportunista "fórmula mágica" de la lí­nea Zapatero: los encajes de gobierno entre socialistas y nacionalistas procurando el aislamiento del PP. Y en el Paí­s Vasco por fin es posible plantear una alternativa de gobierno sin la hegemoní­a o el concurso del PNV. Ambas son muy buenas noticias no sólo para gallegos y vascos, sino para el conjunto de la ciudadaní­a española, hambrienta de polí­ticas que primen la unidad, la igualdad y la libertad de pueblos y gentes.
El aspecto principal de los resultados electorales en Galicia y el País Vasco es de una claridad meridiana: en ambas comunidades autónomas el voto ciudadano ha asestado un duro golpe a aquellos que persiguen la división y el debilitamiento de nuestro país. Aunque bien es cierto que de distinta forma, dadas las singularidades de uno y otro lugar.
 
El golpe en Galicia pasaba por romper, tras sólo cuatro años de recorrido, el infame matrimonio de conveniencia entre Touriño y Quintana. Y puestos manos a la obra, los gallegos reventaron los índices de participación en este tipo de comicios (un 70%, siete puntos más que en 2005) con un juicio inapelable: mayoría absoluta para el PP, único partido que podía desbancar a los anteriores, y una irrupción meritoria de UPyD en el panorama político gallego, al situarse como cuarta fuerza política a nivel autonómico con sus 23.000 votos.
 
Por su parte, el golpe en el País Vasco implicaba la imperiosa necesidad de arrojar al PNV a la oposición, rompiendo así el asfixiante velo jesuítico y etnicista impuesto desde la transición por esta suerte de partido-estado. Y el resultado: aumento de 8 puntos respecto a 2005 del PSE, la opción más viable para permitir el desalojo del PNV. Y de nuevo, exitosa irrupción de UPyD con 22.000 votos y un muy merecido diputado autonómico.
 
Un mismo golpe dirigido a un mismo objetivo: el desalojo de gobiernos vergonzantes. Un mismo golpe con dos agentes instrumentales: el PP gallego y el Partido Socialista de Euskadi. Un mismo golpe con un denominador común: el premio del electorado más crítico e independiente a la fuerza política que con más decisión y acierto ha denunciado las políticas de gobierno en ambas comunidades autónomas: UPyD. Y un mismo golpe que obliga al bipartidismo imperfecto que padecemos a rectificar y reajustar sus posiciones.
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