Bancos y cajas cobran ocho veces el precio del dinero en los créditos al consumo de las familias

Estrangulando al paí­s

Las consecuencias no son sólo el saqueo generalizado a las familias, sino también el estrangulamiento del consumo, principal motor económico

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09-03-2009
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En un sangrante ejemplo de usura globalizada, bancos y cajas imponen, en los créditos al consumo demandados por las familias, intereses que multiplican por ocho el precio oficial del dinero. Mientras el Banco Central Europeo rebaja los tipos de interés, los banqueros elevan el que nos exigen a los trabajadores hasta lí­mites prohibitivos.
 Según el Boletí­n Económico del Banco de España, la banca española ha impuesto el mayor endurecimiento en los créditos a los hogares de toda la UE
Según el Boletí­n Económico del Banco de España, la banca española ha impuesto el mayor endurecimiento en los créditos a los hogares de toda la UE
En un sangrante ejemplo de usura globalizada, bancos y cajas imponen, en los créditos al consumo demandados por las familias, intereses que multiplican por ocho el precio oficial del dinero. Mientras el Banco Central Europeo rebaja los tipos de interés, los banqueros elevan el que nos exigen a los trabajadores hasta lí­mites prohibitivos.
Las consecuencias no son sólo el saqueo generalizado a las familias, sino también el estrangulamiento del consumo, principal motor económico y cuyo drástico descenso estrangula cualquier salida a la crisis.
 
El gobierno de Zapatero ha concedido, a través del plan de rescate, 250.000 millones de euros a los bancos y cajas, alegando que ese dinero -salido del bolsillo de todos- contribuiría a facilitar la concesión de crédito a familias y pymes.
 
La realidad confirma que nos han engañado y estafado. La banca ha utilizado el dinero público para pagar sus cuantiosas deudas, contraídas con el capital financiero extranjero... mientras deniegan o imponen draconianas condiciones cuando una familia demanda un crédito.
 
El BCE ha reducido los tipos de interés al mínimo histórico del 1,5%, y el euribor se ha situado apenas en el 1,9%. Pero, según los últimos datos del Banco de España, las entidades financieras exigen un interés del 11,55% -7,7 veces el precio oficial del dinero- en los nuevos créditos al consumo, aquellos que las familias demandan para cubrir gastos.
 
En el caso de las cajas de ahorros, ese interés usurero se eleva hasta el 13,18% -8,7 veces el tipo de interés del BCE, y dos puntos por encima de los exigidos hace un año-.
 
El resto de préstamos no escapa al atraco. Las hipotecas se conceden al 4,97% -2,5 veces por encima del euribor-, y el resto de créditos -préstamos rápidos, etc- exigen el pago de intereses del 6,45%.
 
De hecho, según el Boletín Económico del Banco de España, la banca española ha impuesto el mayor endurecimiento en los créditos a los hogares de toda la UE.
 
Durante los años de bonanza nos han impuesto onerosas hipotecas, cuyo pago consumía la mitad del salario familiar, obligándonos a depender de nuevos créditos si queríamos incrementar nuestro consumo. Y ahora, estallada la crisis, utilizan todo el capital para pagar sus deudas y sanear sus cuentas, cerrando el grifo a familias y pymes.
 
Y esto no es sólo una vuelta de tuerca en el saqueo bancario. Es también un serio problema para el desarrollo económico.
 
Privada de un sector exterior potente y competitivo, la economía española depende en exceso del consumo interno. Según el Banco de España, el descenso del nivel de consumo en las familias -producto del incremento del paro, de la restricción del crédito...- es uno de los factores que más incide en la recesión.
 
Calquier salida a la crisis, debe pasar por incrementar el consumo (elevando los salarios, disminuyendo los impuestos a las familias...). Estrangulando el consumo, la banca está también estrangulando las posibilidades de salir de la crisis.
 
Y resulta bochornoso que las cajas de ahorros -teóricamente entidades semi públicas y sin ánimo de lucro, cuyos recursos deberían estar a disposición de un plan de choque contra la crisis- sean las que, agobiadas por su excesiva exposición al crack inmobiliario, estén imponiendo las condiciones más draconianas a las familias.
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