Motor

Seguridad Nacional

El acceso desautorizado a los procedimientos de su invención puede ser perjudicial para la seguridad nacional

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08-03-2009
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En 1970 el extremeño Arturo Estévez inventó el generador de hidrógeno. Con un coste de nueve millones de pesetas era capaz de generar una energí­a equivalente a 1.400.000 de litros de gasolina. El general Franco encargó a la Escuela de Ingenieros un estudio de viabilidad que acabó clasificado como "desfavorable", siendo la patente comprada por el Estado y hecha desaparecer, se entiende, por las presiones ejercidas desde las petroleras. En 1970 el extremeño Arturo Estévez inventó el generador de hidrógeno. Con un coste de nueve millones de pesetas era capaz de generar una energí­a equivalente a 1.400.000 de litros de gasolina. El general Franco encargó a la Escuela de Ingenieros un estudio de viabilidad que acabó clasificado como "desfavorable", siendo la patente comprada por el Estado y hecha desaparecer, se entiende, por las presiones ejercidas desde las petroleras.
Según artículos publicados en el Hoy y en El País, The Weizmann Institute of Science de Israel viene investigando la misma reacción sobre la que se basó Estévez y, también, el profesor Victor Acosta del Colegio Base de Madrid. La reacción química provocada por el agua y el boro – anhídrido bórico – libera calor e hidrógeno capaz de producir una explosión que genere movimiento en el mecanismo de un motor convencional. El hidrógeno se recupera y el óxido de boro genera más boro. Como afirmaba el inventor extremeño en sus notas: “El hidrógeno es la solución que tiene el mundo para sobrevivir”
 
Pero nada de esto es posible, o lo será, en la medida en que los grandes monopolios agoten sus expectativas, no ya con el petróleo, sino con las nuevas fuentes energéticas – biocombustibles –que se vienen desarrollando. El criterio no es otro que el interés de la revalorización de sus ingentes capitales en choque y competencia. Si no lo controlan para obtener ganancia monopolista no se desarrollará.
Pero esto no es una historia del pasado.
 
En 1998 Stanley Meyers, investigador de la NASA, murió en extrañas circunstancias tras negarse a vender la patente del motor de agua que había desarrollado con éxito. Hoy en día su hermano Stan continúa sus investigadores en un centro de investigación de la India. Casos parecidos son los del motor magnético de Robert Adams o el de Teruo Kawai.
 
“A la persona citada, sus herederos, y todos sus asociados, abogados y agentes […] se le notifica por este medio, que el acceso desautorizado a los procedimientos de su invención puede ser perjudicial para la seguridad nacional, y se le ordena no hacer público o divulgar la invención o cualquier información material con respecto a ella, […] bajo penas contempladas en la legislación aplicable” Según la Federation of American Scientists, a finales del 2004 existían en EEUU 4.885 patentes sometidas a la llamada Secrecy Order, a la que pertenece el fragmento anterior.
 
Efectivamente, este es el rango que le es otorgado a los intereses monopolistas y a las ganancias de los principales monopolios energéticos del planeta: “seguridad nacional”.
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