Libros

Los culpables

El mexicano Juan Villoro demuestra en este libro de cuentos que es un verdadero maestro de la narrativa breve y de la conversión de la cultura popular en literatura

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08-03-2009
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Juan Villoro (Ciudad de México, 1954) es un escritor que domina con absoluta maestrí­a casi todos los registros narrativos: desde la literatura infantil (con su genial profesor Zí­per) al ensayo más sesudo, y desde la novela más compleja (como "El testigo") hasta la reflexión sobre el mundo del fútbol ("Dios es redondo"). Y también, y de forma excepcional, el relato corto: el difí­cil arte del cuento. Juan Villoro (Ciudad de México, 1954) es un escritor que domina con absoluta maestrí­a casi todos los registros narrativos: desde la literatura infantil (con su genial profesor Zí­per) al ensayo más sesudo, y desde la novela más compleja (como "El testigo") hasta la reflexión sobre el mundo del fútbol ("Dios es redondo"). Y también, y de forma excepcional, el relato corto: el difí­cil arte del cuento.
En "Los culpables" (Anagrama, 2008) Villoro reúne seis cuentos y un relato largo (una "nouvelle") enhebrados por varios factores comunes: todos ellos están escritos en primera persona, en todos ellos se pone en evidencia el enorme potencial literario de la "voz hablada" y a través de todos ellos los narradores devienen "culpables", no por lo que han hecho, sino por lo que dicen, por la forma de contarse.

 
Un mariachi harto de su éxito folclórico, un futbolista al borde de su retirada, un guionista que edita con tijeras para rebanar pollos, un limpiador de ventanas suspendido en un andamio, un vendedor de iguanas en una carretera perdida de México y un anfitrión convencido de que los mexicanos "sólo" matan a sus amigos, cuentan uno tras otro lo que no quieren contar.

Si la confesión religiosa busca descargar la culpa a través de revelaciones, Villoro utiliza el procedimiento opuesto: sus "narradores" se incriminan por lo que dicen para disculparse, se ponen en tela de juicio al hablar.

 
Con un humor delicioso, enorme precisión verbal y una bien dosificada tensión dramática, Juan Villoro alcanza a registrar "la excepcional elocuencia de quienes, para librarse de la verdad que les asedia, se vuelven culpables de literatura".


 
Y al tiempo, Villoro hace una magnífica demostración práctica del enorme potencial literario que encierra la cultura popular, cualquier manifestación genuina de esa cultura. Una verdadera delicia. 
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