Selección de prensa nacional

Los mamporreros del régimen

Una vez disipado el clientelismo y la convicción de que sin poner cara de nacionalista no se llega a nada, ya veremos si hay tanto nacionalismo popular en Euskadi como nos cuentan los mamporreros del régimen

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06-03-2009
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Nadie, tan siquiera la prensa económica, quiere levantar la liebre sobre el abismo de crisis que se cierne sobre el paí­s. Ni la espectacular caí­da ayer (un 4,5%) de la bolsa española, que retrocede ya un 25% desde que se inició el año (y sólo han pasado dos meses), consigue hacerse un hueco entre las portadas ni en la editoriales de los grandes medios. Ellos sabrán, pero desde luego la táctica del avestruz -esconder la cabeza bajo tierra cuando aparece el peligro- nunca se ha caracterizado por dar demasiados buenos resultados.
 Los mamporreros del régimen
Nadie, tan siquiera la prensa económica, quiere levantar la liebre sobre el abismo de crisis que se cierne sobre el paí­s. Ni la espectacular caí­da ayer (un 4,5%) de la bolsa española, que retrocede ya un 25% desde que se inició el año (y sólo han pasado dos meses), consigue hacerse un hueco entre las portadas ni en la editoriales de los grandes medios. Ellos sabrán, pero desde luego la táctica del avestruz -esconder la cabeza bajo tierra cuando aparece el peligro- nunca se ha caracterizado por dar demasiados buenos resultados.

Fernando Savater escribe hoy un artículo en El País donde se despacha a gusto (y se le nota la satisfacción, que compartimos) con todos aquellos que desde 2001 venían descalificando la apuesta de unidad de los partidos constitucionalistas en Euskadi y que el simbolizó con la histórica foto del apretón de manos entre Nicolás Redondo Terreros (entonces secretario general del PSE) y Jaime Mayor Oreja candidato a lendakari por el PP) en un acto de Bata Ya en el Kursaal de San Sebastián. Como bien dice Savater, lo ocurrido en estas elecciones, no es más que la culminación, por el momento, del camino iniciado entonces. Y se complace en recordar cómo en las elecciones de 2001, la suma de los votos del PSE-PP fue sensiblemente mayor que la del 1-M.
 
Y termina con una concluyente afirmación: ha llegado para Euskadi la hora del cambio de verdad, aquel en que, una vez “disipado el clientelismo y la convicción de que sin poner cara de nacionalista no se llega a nada”, será el momento de ver si realmente existe en Euskadi tanto “nacionalismo popular como nos cuentan los mamporreros del régimen”.
 
Cinco Días, por su parte, recuerda ahora, con la producción industrial cayendo a un ritmo vertiginoso del 20% interanual, la necesidad de abordar de una vez por todas un plan industrial que contribuya a desarrollar industrias manufactureras competitivas. Podría decírseles aquello de que a buenas horas mangas verdes. Pero, en fin, con la que está cayendo –y, sobre todo, con la que está todavía por caer– mejor será aplicarles el más vale tarde que nunca. Lástima que no alzaran con tanta claridad su voz cuando se estaba desmantelando una parte sustancial del tejido productivo industrial nacional o cuando se hizo girar a toda la economía nacional en torno al negocio del ladrillo que tan suculentas ganancias estuvo proporcionando durante 10 años, y no sólo a los constructores.
 
Valiente, por último, el artículo de Carlos Sánchez en El Confidencial, defendiendo el sistema público de pensiones frente a todos los ataques que recibe y que no son más que intentos del gran capital financiero por apoderarse de un gigantesco tesoro de liquidez al que todavía no han conseguido meterle mano, al menos en España. Recuerda el autor, y está bien traído, qué habría pasado con las pensiones de millones de españoles si dominantemente se hubiera hecho caso a los cantos de sirenas de los fondos privados de pensiones que en sólo 12 meses han perdido en EEUU un 21% en el valor medio de sus carteras.
 
 
 
 
 
Opinión. El País
LA RAZÓN DE LA VIOLENCIA
Fernando Savater
 
(...) A mi juicio, lo primero que resulta evidente otra vez es la razón de fondo para que siga habiendo violencia terrorista: muy sencillo, porque sin el terrorismo y el mundillo que apoya, jalea o excusa el terrorismo... los planteamientos nacionalistas se quedan en minoría. En cuanto ETA y adláteres son puestos al margen (en la medida muy relativa en que tal cosa puede hacerse) del juego político, las veleidades más declaradamente separatistas se muestran minoritarias y los partidos que pretenden ganar votos tienen que disimularlas todo lo posible para obtener buenos resultados. Y eso sigue igual después de 30 años de gobierno nacionalista, de educación nacionalista, de radio y televisión públicas nacionalistas, etcétera.
 
En la resaca electoral, los nacionalistas y sus madrazos han denunciado que el mapa político obtenido está falseado por la ilegalización de quienes apoyan la ilegalidad, debida a un astuto cálculo del Gobierno socialista. Silencian el otro cálculo electoral que se ha frustrado, el de los que cuentan siempre con quienes no quieren renunciar ni a las armas ni a los votos, ni al refrendo en las urnas ni a la coacción antes de llegar a ellas, el del útil extremismo de quienes favorecen que las opciones similares pero no sanguinarias se convierta en resignado refugio de pecadores asustados, el de quienes se las han arreglado para silenciar o forzar al exilio a los vascos que no querían serlo more nacionalista. El momento más pintoresco del rígido y soporífero debate que mantuvieron en Euskaltelebista todos los candidatos a lehendakari fue cuando Patxi López le pidió a Ibarretxe que especificara una sola idea política que estuviera ilegalizada en Euskadi. Ibarretxe no supo más que mencionar las transferencias supuesta o realmente pendientes del vigente Estatuto, que no parecen precisamente el meollo de la ideología reivindicativa de Batasuna. Una salida de pata de banco, claro, pero ¿qué quieren ustedes que dijera el hombre? No iba a declarar que lo único ilegalizado era la ventaja que ellos obtenían de una violencia tan repudiable como... rentable.
 
Bien, dejando fuera a quienes aún no se deciden entre la lucha armada y el Parlamento, la mayoría de los ciudadanos de Euskadi es electoralmente constitucionalista. Ahora parece posible conseguir que eso se refleje en la lehendakaritza y el gobierno, tras tres décadas de hegemonía nacionalista... que algunos han llegado a considerar derecho natural y voluntad divina. Y para conseguirlo no queda otro camino que juntar en la sesión de investidura los votos de socialistas, populares y quizá UPyD. No se trata de ningún "frentismo" sino de pura matemática parlamentaria... exactamente igual que lo fue un intento semejante en las elecciones de 2001. Produce cierto melancólico regocijo las contorsiones intelectuales que vemos hacer a tantos chocantes desmemoriados para demostrar que, contra toda evidencia, lo de ahora no tiene nada que ver con aquello. Incluso se nos pretende convencer de que aquel intento de unir a socialistas y populares para conseguir un lehendakari no nacionalista fue una estrategia equivocada, contraproducente y con malos resultados electorales.
 
Nada más lejos de la verdad. En 2001 la suma de votos constitucionalistas fue la más alta de la historia democrática, cien mil y pico votos por encima de la obtenida en los pasados comicios por las mismas fuerzas. Los nacionalistas ganaron porque desde Batasuna, presente en la oferta electoral, se transfirieron 70.000 votos al PNV para cerrar el paso al constitucionalismo: algo parecido a lo que ha pasado ahora en menor medida con Aralar y que en cualquier caso tuvo el mérito de conseguir que muchos pro-violentos aceptaran por primera vez votar a un partido que condenaba el terrorismo. Y después PNV-EA gobernó gracias al apoyo de Esker Batua (cuyo descalabro ha sido la mejor noticia de estas elecciones) y a préstamos puntuales y mefistofélicos de los proetarras instalados en el Parlamento. En cuanto a los mensajes lanzados en aquella campaña electoral en la que ambos partidos constitucionales tantos recelos mutuos guardaban, poco difieren de lo que ahora hemos oído: desalojar al nacionalismo del poder que patrimonializa, demostrar que nada trágico ocurre si Euskadi es gobernado por no nacionalistas, etcétera. De modo que tiene poco caso asegurar (como Aizpiolea, "Las cosas van a ser distintas en Euskadi"): "Puede decirse que ayer se enterró la política frentista antinacionalista de Mayor-Redondo y la posterior de María San Gil. UPyD queda ahora como residuo de esa época". Gracias, muy honrados. Pero quedan bastantes más "residuos" de entonces, afortunadamente. Por ejemplo, sin Mayor Oreja, Redondo Terreros, María San Gil y, sobre todo, sin los movimientos cívicos que a comienzos de siglo movilizaron a la ciudadanía a favor del Estatuto, la Constitución y contra el nacionalismo obligatorio, Patxi López tendría hoy las mismas posibilidades de llegar a lehendakari que yo de ser nombrado vicario general castrense. Quizá a eso se refiere López cuando menciona el "abismo" que le separa de UPyD: es el que separa recordar de dónde venimos y fingir haberlo olvidado.
 
No hacer "frentismo" es cosa buena: para eso precisamente sirven la Constitución y el Estatuto apoyado en ella. El socialismo de Patxi López tiene ahora la posibilidad de darle a la España constitucional la oportunidad de la que ha carecido hasta hoy en el País Vasco, gobernado siempre desde el guiño de quienes aprovechaban la legalidad vigente pero no pierde ocasión de proclamar que no se sienten comprometidos con ella. Por supuesto, no se trata de excluir por principio ni a los nacionalistas ni a nadie, salvo a los violentos. Pero sí de erradicar la manipulación partidista de la Ertzaintza o de los medios públicos de comunicación, así como combatir el clientelismo incrustado en la sociedad (más debido a la hegemonía ininterrumpida sin alternancia que a la ideología nacionalista, porque en Andalucía, por ejemplo, existe igual). Una vez disipado el clientelismo y la convicción de que sin poner cara de nacionalista no se llega a nada, ya veremos si hay tanto nacionalismo popular en Euskadi como nos cuentan los mamporreros del régimen. Llega la hora de cambiar de verdad y no de seguir fingiendo que hay que tener cuidado con dónde deja uno el pañuelo...
EL PAÍS. 6-3-2009
 
 
 
Editorial. Cinco Días
NECESITAMOS UN PLAN INDUSTRIAL
 
La producción industrial cayó en enero otro 20% en tasa anual corregida y ya suma nueve descensos seguidos, según el INE. Así, el dato es una muestra clara de que el modelo industrial -y por extensión, el productivo- no sirve para que España se pueda mantener por mucho tiempo como la octava economía mundial. Especialmente cuando de las 25 actividades analizadas por el INE todas pinchan excepto la extracción de antracita, hulla y lignito. Y algunas, como vehículos a motor, se reducen dramáticamente a la mitad, aunque en este caso ha influido el retroceso de las ventas mundiales. Sin embargo, la recesión internacional, por profunda que sea, no justifica que la producción industrial caiga siete puntos más que la media de la UE, máxime cuando no somos una potencia especialmente exportadora como Alemania. España no puede depender de sectores tan cíclicos y poco productivos como la construcción y el turismo -por valiosos que sean-, que han sumado más del 30% del PIB. El Gobierno no puede demorar la aprobación de un plan industrial y, para ello, debe reformar todo aquello que contribuya a desarrollar manufactureras competitivas: mejora del tratamiento impositivo, reducción de costes de producción, mejores condiciones laborales y una infraestructura de transporte rápida y barata.
CINCO DÍAS. 6-3-2009
 
 
 
 
 
Opinión. El Confidencial
¡DIOS SALVE A LAS PENSIONES PÚBLICAS!
Carlos Sánchez
 
Uno de los tópicos que con más frecuencia se repiten en el debate económico tiene que ver con la futura quiebra del sistema público de pensiones. Hay, incluso, quien habla de que estamos ante una formidable estafa que funciona de forma piramidal. Ya saben, una especie de fuga hacia adelante que consiste en tapar los agujeros estructurales que genera el sistema con las aportaciones que hacen los nuevos partícipes. Es decir, que la Seguridad Social funciona como aquella especie de rifa que ideara hace siglo y medio, Doña Baldomera, la célebre hija de Larra. Y por ese motivo, dicen sus detractores, tarde o temprano, reventará. ¿En 2020, 2025…?
 
No se trata de una crítica nueva, ni por supuesto original. Tras el primer choque petrolífero, con sus secuelas de destrucción de empleo y de colapso del Estado de bienestar, muchos analistas se atrevieron a adivinar la ruina inminente del sistema. Pero lo cierto es que han pasado casi cuatro décadas desde la guerra del Yom Kipur y ninguno de los países más prósperos de Europa ha abandonado el sistema de reparto para abrazar un modelo de capitalización individual. Por algo será(...)
 
La razón es bien simple. Ninguno de los países más adelantados ha encontrado un modelo mejor y más barato. Y al mismo tiempo, capaz de asegurar un mínimo nivel de rentas entre sus ciudadanos. El coste económico que supone gestionar millones de pensiones públicas de forma centralizada para el conjunto del país es incomparablemente inferior al que se existiría con  un sistema articulado mediante el desarrollo de fondos privados. Pero además, y aquí está lo relevante, el hecho de que funcione con criterio de caja única –al menos por el momento- garantiza una cierta cohesión social y territorial que ninguna otra fórmula es capaz de garantizar. Sobre todo en un contexto de envejecimiento de la población.
 
¿Quiere decir esto que el sistema de reparto es imbatible y que está asegurado el pago de las pensiones? Evidentemente, no. Tampoco estará de más recordar que, según la Comisión Europea, el gasto en pensiones públicas pasará del 8% al 15,7% del PIB en 2050, lo que significa que España tiene por delante un problema, y gordo. Pero el tener una dolencia (por grave que sea) no significa que haya que matar al enfermo. Lo razonable es intentar curarlo, pero desde luego con las medicinas y los galenos adecuados, no con curanderos.
 
Ahora que se habla mucho de la ruina a medio y largo plazo del sistema público de pensiones, cabe hacerse una pregunta. ¿Cuánto iba a cobrar usted de pensión en caso de tener que jubilarse ahora mismo después del descalabro bursátil? No hace falta imaginarse lo que hubiera sido del sistema de pensiones en manos de Merrill Lynch o Lehman. (...) el año pasado el valor medio de las carteras de los 100 principales planes de pensiones corporativos en Estados Unidos se redujo un 21% mientras que sus compromisos de pago crecieron un 1,2%. Algo impensable en un sistema de pensiones de reparto.
 
Afortunadamente, los países más prósperos han entendido desde hace muchos años que con las cosas de comer no se juega. Y se plantean el sistema de pensiones como un proyecto de largo plazo cuyas piezas hay que poner al día cada cierto tiempo, pero sin tocar el funcionamiento esencial del engranaje. No son ganas de hacer leña del árbol caído, pero una de las lecturas que se pueden hacer de la actual crisis financiera, es que algo tan importante como son las pensiones no puede depender de la evolución exclusiva de los mercados, aunque en determinados periodos de tiempo ofrezcan mayor rentabilidad.
 
Pero para que el sistema funcione, como se ha dicho, es evidente que se necesitan reformas. Algunas ya se han hecho: separación de fuentes de financiación o pagar las pensiones no contributivas con impuestos y no con cotizaciones. Pero faltan otras. En particular, con el reforzamiento de la llamada contributividad del sistema. Es decir, mayor proporcionalidad entre lo cotizado y lo cobrado. Es un auténtico escándalo que trabajadores con 30 o 35 años de cotización y que hoy son despedidos a los 55 años, vean mermar su pensión por el hecho de que los últimos años de su vida laboral estén en el Inem, ya que el periodo de cálculo únicamente tiene en cuenta los últimos 15 años cotizados.
 
Estos ajustes son los que necesita el sistema, pero con la vista puesta en el empleo. Es un disparate que en medio de la mayor crisis económica de los últimos 50 años, la Seguridad Social siga pavoneándose de que tiene más de 57.000 millones de euros de superávit.
 
Ese dinero hay que destinarlo a crear empleo, para lo cual es una condición necesaria –aunque no suficiente- rebajar las cotizaciones sociales que pagan tanto los empresarios como los trabajadores. Parece que alguien en el Gobierno no se ha dado cuenta de que el futuro del sistema público de pensiones depende del empleo, y no de lo grande que sea la hucha de las pensiones, que por cierto se la comerá la crisis en un santiamén como le ha sucedido al cacareado superávit presupuestario de Zapatero. En otras palabras, poner a trabajar los 57.223 millones que atesora la Seguridad Social.
EL CONFIDENCIAL. 6-3-2009
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