El enfrentamiento entre la primera ministra y el presidente se agudiza

Intriga a la soviética en Ucrania

Los servicios secretos, controlados por el presidente Yúschenko, asaltan las oficinas de la gasí­stica Naftogaz, afí­n a la premier Timoshenko

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06-03-2009
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La aguda lucha de lí­neas por la dirección de Ucrania personalizada en la figura de la primera ministra Yulia Timoshenko -próxima a Moscú- y el presidente Ví­ctor Yúschenko -partidario del acercamiento a occidente- vive ahora otro episodio de máximo enconamiento, con la disputa del gas como trasfondo. El miércoles, agentes de los servicios secretos ucranianos (SBU), controlados por el presidente Yúschenko asaltaban las oficinas de la gasí­stica Naftogaz en un intento de paralizar los acuerdos entre la compañí­a ucraniana y la rusa Gazprom, que dieron por finalizada la "guerra del gas" que dejo congelada a Ucrania y el este de Europa el pasado mes de enero. La aguda lucha de lí­neas por la dirección de Ucrania personalizada en la figura de la primera ministra Yulia Timoshenko -próxima a Moscú- y el presidente Ví­ctor Yúschenko -partidario del acercamiento a occidente- vive ahora otro episodio de máximo enconamiento, con la disputa del gas como trasfondo. El miércoles, agentes de los servicios secretos ucranianos (SBU), controlados por el presidente Yúschenko asaltaban las oficinas de la gasí­stica Naftogaz en un intento de paralizar los acuerdos entre la compañí­a ucraniana y la rusa Gazprom, que dieron por finalizada la "guerra del gas" que dejo congelada a Ucrania y el este de Europa el pasado mes de enero.
El conflicto del gas de enero pasado, que creó una crisis internacional entre Rusia, Ucrania y la UE tenía por objetivo doblegar a la república exsoviética, que durante los años de debilidad rusa ha avanzado en alejarse de Moscú y acercarse a Washington. La reactivación de Rusia como potencia a la ofensiva, reclamando el control de su antiguo “glacis” tiene a Ucrania como joya de la corona. Kiev no sólo tiene reservas de gas, sino la puerta del Mar Negro. Rusia sin Ucrania en su órbita no podría volver a ser una potencia euroasiática, y por eso Moscú no está dispuesto a que Kiev prosiga su deriva hacia occidente.
 
El 19 de enero la “guerra del gas” llegó a su fin con un acuerdo firmado en Moscú entre Vladimir Putin y su colega ucraniana, la profusa Yulia Timoshenko. La ucraniana Naftogaz se comprometía con la rusa Gazprom a abonar en total 14.400 millones de dólares, y a pagar el gas entregado no más tarde del día 7 del mes siguiente al de los suministros. El convenio firmado prevee el derecho de Gazprom a reducir o cortar por completo unilateralmente los suministros a partir del primer impago.
 
"Este acuerdo estratégico nos garantiza el precio más bajo posible para el gas", replicó la jefa del Gobierno al ser interrogada por las críticas al acuerdo del presidente ucraniano, su rival político, el presidente Víctor Yushenko. Pero ante la inminencia del pago a Moscú de la partida de febrero, el presidente ha tomado una sorpredente iniciativa. Los agentes de los servicios secretos (SBU) registraban las oficinas de la filial de Naftogaz que se ocupa específicamente del tránsito del combustible, con una orden judicial en la mano y con la acusación de  “apropiación por cargos de Naftogaz de 6.300 millones de metros cúbicos de gas".
 
Los partidarios de la primera ministra Timoshenko han denunciado que los agentes buscaban los contratos de suministro y tránsito de carburante que Naftogaz firmó por diez años con la rusa Gazprom.
"Sin estos documentos, Naftogaz no podrá formalizar en las aduanas la entrada de gas para su consumo interno ni su tránsito por territorio de Ucrania (a Europa), no podrá cumplir sus obligaciones contractuales", explicó también un portavoz de Naftogaz. De haber hecho desaparecer los papeles, el acuerdo entre Kiev y Moscú habría quedado roto.
 
Pero la primera ministra acusa al presidente de tener intereses personales en la operación. El conflicto gira también en torno a una partida de 11.000 millones de metros cúbicos de gas perteneciente a RosUkrEnergo, oscura compañía suiza propiedad a medias de Gazprom y de dos empresarios ucranianos que, según los últimos acuerdos entre Kiev y Moscú, perdió su estatus de intermediaria en las ventas de gas ruso a Ucrania. Distintas informaciones apuntan al presidente Yúschenko detrás de esta compañía.
 
Según el acuerdo con Moscú, Naftogaz compró a Gazprom los derechos del gas en propiedad de RosUkrEnergo, pagando los respectivos aranceles aduaneros y una compensación a la compañía suiza. Sin embargo RosUkrEnergo negó tener ningún acuerdo al respecto con Naftogaz y que el carburante sigue siendo de su propiedad en calidad de gas destinado para el tránsito, mientras el SBU investiga las operaciones "ilícitas" con ese combustible. Timoshenko procuraba desde hace tiempo eliminar a RosUkrEnergo como "instrumento de corrupción", objetivo que era visto además como un ataque al presidente, al que acusaba de estar detrás de la compañía intermediaria.
 
Ayer la corporación rusa Gazprom anunció que la compañía nacional ucraniana Naftogaz había pagado pagado todo el gas consumido en febrero, por lo que no tendrá que interrumpir el suministro de ese carburante ni a Ucrania ni a Europa. De momento Timoshenko ha evitado una nueva “guerra del gas” con Rusia, pero la guerra por el control de Ucrania –un pivote geoestratégico- continúa de forma feroz.
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