La Secretaria de Estado llega esta noche a Israel

Clinton prepara los guantes para Tel Aviv

Los intereses norteamericanos pasan ahora por la creación de un Estado Palestino, algo que Netanyahu rechaza radicalmente

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02-03-2009
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La nueva lí­nea internacional de Obama, encabezada por Hillary Clinton, y el de la próxima administración israelí­ encabezada por Netanyahu están en rumbo de colisión, y Tel Aviv, que hace sólo unos meses contaba con el respaldo casi incondicional del gobierno Bush, ha sufrido un aumento de la presión diplomática en el mes que lleva al frente la nueva Casa Blanca. La visita de la Secretaria de Estado a Israel tratará de marcar lí­mites claros al nuevo ejecutivo israelí­.
 Javier Solana y Hillary Clinton en la conferencia de donantes para la reconstrucción de Gaza.(EFE)
Javier Solana y Hillary Clinton en la conferencia de donantes para la reconstrucción de Gaza.(EFE)
La nueva lí­nea internacional de Obama, encabezada por Hillary Clinton, y el de la próxima administración israelí­ encabezada por Netanyahu están en rumbo de colisión, y Tel Aviv, que hace sólo unos meses contaba con el respaldo casi incondicional del gobierno Bush, ha sufrido un aumento de la presión diplomática en el mes que lleva al frente la nueva Casa Blanca. La visita de la Secretaria de Estado a Israel tratará de marcar lí­mites claros al nuevo ejecutivo israelí­.

La administración demócrata sabe perfectamente que Israel es una pieza clave del diseño estratégico del dominio norteamericano sobre Oriente Medio. Por eso Obama, como cualquier otro inquilino de la Casa Blanca, tiene unas líneas rojas que no puede cruzar. Ni siquiera a finales de los 70 un Carter empeñado en una política de promoción de la distensión y los derechos humanos se atrevió a cruzarla con un Israel que era una fuente permanente de tensión: "nadie puede echar a Israel a los perros". Los vínculos entre el Estado Hebreo y la superpotencia son demasiado importantes, intrincados y tupidos, y no son sólo geoestratégicos, sino de clase: en el seno de la clase dominante norteamericana existe un lobbie judío con notable capacidad de influencia.
 
Obama ha declarado numerosas veces que la seguridad de Israel es prioritaria para EEUU, pero eso no significa que el rumbo político de Tel Aviv, donde los sectores más agresivos, belicistas e intransigentes del sionismo se disponen a formar gobierno no sea una bomba de relojería para la línea internacional que la superpotencia intenta imponer para contener su declive.
 
Por eso han sido ya varios los emisarios de Washington que habrán agriado el gesto del todavía primer ministro Olmert y del próximo premier Netanyahu. No son pocos los asuntos donde hay severas fricciones. El Enviado especialde la Casa Blanca, George Mitchell ha censurado varias veces cualquier ampliación de los asentamientos judíos en Cisjordania, uno de los compromisos electorales estrella del Likud, y que para los ultranacionalistas y sobretodo para los ultraortodoxos es la piedra angular de su programa. Actualmente prosigue la israelización de Jerusalén, mediante el desalojo o derribo forzoso de viviendas palestinas, y distintas organizaciones pacifistas de Israel han denunciado los planes de anexión de 170 hectáreas al sur de Belén para el asentamiento de Efrat.
 
Otra bofetada más reciente ha sido la visita sorpresa a Gaza del líder demócrata John Kerry, que disputó la Casa Blanca a Bush en 2005, que dejó con cara de estupor al portavoz de Olmert. "No sabemos nada de la visita", dijo entonces. Lo que sí supieron después es que el norteamericano había recibido una carta de Hamás a través de un miembro de la misión de la ONU (UNRWA) en la franja, y que el senador había presionado personalmente para que el Tsahal dejara pasar a la franja mercancías tan peligrosas para la seguridad de Israel como la pasta, los libros de texto o las agujas de coser.
 
Tampoco ha gustado en Tel Aviv la visita ayer del enviado especial del Cuarteto para Oriente Próximo (EEUU, Rusia, UE y ONU), Tony Blair, a la Franja de Gaza, o de Javier Solana, alto representante de la UE. Ambos dirigentes, cuyos vínculos con Washington no son un secreto para nadie, se han declarado partidarios de hablar con Hamás, y han criticado el error de dejar al gobierno islamista de Gaza fuera de las negociaciones, lo cual pone a Israel los pelos de punta.
 
No es ningún secreto que detrás del avance zigzagueante de las negociaciones de reconcialiación interpalestina Fatah-Hamás está la búsqueda de entendimiento entre Washington y Teherán, lo cual preocupa enormemente a los dirigentes de Tel Aviv, por las necesarias concesiones que EEUU habrá de hacer al régimen de los ayatolás, encendido enemigo de Israel.
 
En este marco aterriza esta noche la Secretaria de Estado en la capital israelí. Hillary Clinton es una firme defensora de la resolución original de ONU de 1948, que dio origen al Estado de Israel, pero que también contemplaba la creación de un Estado Palestino en lo que hoy son sólo territorios autónomos gestionados por la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania y por Hamás en Gaza. Netanyahu, con quien habrá de entrevistarse Clinton, es un opositor acérrimo del Estado Palestino y de cualquier teoría de "paz por territorios". Eso Hillary Clinton lo sabe de sobra: ya tuvo que contemplar como los espectaculares avances del proceso de paz entre Rabin y Arafat conseguidos bajo el mandato de su marido se venían abajo con el ascenso de los halcones del Likud al poder. Seguro que esta vez no la cogen desprevenida.
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