Selección de prensa nacional

Una Europa fraccionada

Tanto en la eurozona como en Europa central y del Este la situación actual es insostenible. En esta crisis todo está sometido a tensiones extremas. Incluso la propia Europa

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01-03-2009
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A la espera de los resultados electorales de hoy, distintas cuestiones relacionadas con la crisis centran la atención de los principales medios de comunicación. Joaquí­n Estefaní­a, en El Paí­s pone el foco en algunas de las empresas estratégicas del paí­s que hasta hace unos años eran monopolios estatales, las "joyas de la corona" como él las llama.
 Una Europa fraccionada
A la espera de los resultados electorales de hoy, distintas cuestiones relacionadas con la crisis centran la atención de los principales medios de comunicación. Joaquí­n Estefaní­a, en El Paí­s pone el foco en algunas de las empresas estratégicas del paí­s que hasta hace unos años eran monopolios estatales, las "joyas de la corona" como él las llama.
Iniciada por los gobiernos de Felipe González su privatización parcial, que fue completada por los gobiernos de Aznar, con los gobiernos de Zapatero entran en una tercera fase, u “oleada” como lo llama Estefanía, que es su caída en manos del capital extranjero. Endesa, ya vendidas, Repsol, en proceso de venta al mejor postor, e Iberia en negociaciones con British Airways que pueden acabar con la compañía de bandera española con su sede en Londres. Y al autor se le olvidan otras cuantas más como Seat, los restos de la antigua Ensidesa, Pegaso o Motor Ibérica vendidas a precio de saldo durante la reconversión de tejido industrial español como consecuencia de las negociaciones para la entrada en el mercado común, obra también de los gobiernos de Felipe González.
 
Pero la preocupación principal por la crisis estos días se desplaza hacia Europa del Este. Tanto el escritor británico Timothy Garton-Ash como Josep Borrell hablan de ellos desde dos perspectivas distintas. Mientras el primero pone el acento en los riesgos centrífugos que la crisis tiene sobre la Unión ante la ausencia de instituciones y mecanismos de coordinación capaces de articular una respuesta común. Acentuando así la tendencia de cada burguesía monopolista a buscar la salida a la crisis más conveniente para sus intereses, sin atender a las consecuencias que esto puede tener sobre sus vecinos.
 
Una tendencia que se agudiza ante la enormidad de la crisis que se abate sobre los países del este, caracterizados por una profunda y veloz penetración de los capitales europeos en 15 años que en ese tiempo han pasado a ocupar y dominar todos los resortes de su vida económica y que ahora retornan a su países de origen. Y que no parece que el plan de rescate de poco más de 24.000 millones de euros aprobado por la UE vaya a resolver sustancialmente. El riesgo de que uno o varios de estos países entren en default, quebrando sus Estados y entrando en suspensión de pagos puede resultar para algunos países de la UE (en primer lugar Austria, por su condición de frontera entre ambos espacios geopolíticos, pero también Alemania, Francia o Italia) un auténtico quebradero de cabeza que unir a la ya laberíntica resolución de la crisis de sus sistemas financieros.
 
 
Opinión. El País
LA TERCERA OLEADA
Joaquín Estefanía
 
Abrumados por la intensidad de la crisis financiera, se corre el riesgo de no fijar suficientemente la atención en otras tendencias que se manifiestan en los sectores industriales y de servicios. Por ejemplo, en algunas de las antiguas empresas públicas que fueron privatizadas y que ahora, una década después, han caído en manos del capital extranjero (público o privado) o pueden estar a punto de hacerlo.
 
Las empresas que a mitad de los años ochenta formaron Repsol (...), Iberia o Endesa fueron un día las joyas de la Corona, la herencia de la abuela, parte de lo que más valor tenía del antiguo sector público empresarial español. Hasta ahora ha habido dos oleadas privatizadoras: la primera, parcial e instrumental, puesta en marcha por los Gobiernos de Felipe González (...) La segunda, iniciada a partir de 1996, la protagonizaron los Gabinetes de Aznar, fue una privatización casi absoluta (...)
 
La era Zapatero puede ser testigo de la tercera oleada: aquella en la que las antiguas empresas públicas pasan, en parte o en su totalidad, a manos del capital exterior. Hace unos meses se informó, en fases sucesivas, del interés de dos empresas rusas -Gazprom y Lukoil- por quedarse con el porcentaje que Sacyr tiene en Repsol, con lo que, de haberse concretado la operación, el capital ruso se habría quedado con el porcentaje de referencia de esta última, en un sector estratégico como el de la energía. En el mismo territorio, la eléctrica pública italiana (Enel) acaba de tomar casi la totalidad de Endesa. ¡Tanta guerra de OPA y contra-OPA para tan sorprendente resultado! Y en el ámbito del transporte aéreo, con abundantes picos de sierra en la negociación, desde el pasado mes de julio se trata otra vez de la fusión de Iberia y British Airways, después de que en el pasado la británica considerase la adquisición de la antigua compañía de bandera española.
 
Conocido el argumento de quienes se resignan al cambio de modelo de propiedad, basado en que se trata de empresas privadas -lo importante no es de quién es una empresa, sino que dé buenos servicios a sus clientes-, ojalá no llegue el momento en el que por mor de cualquier incidencia (por ejemplo, una crisis energética que demuestre la fragilidad y dependencia de europeos y españoles de las fuentes de abastecimiento externas), recordemos con nostalgia lo que un día tuvimos y de lo que nos desprendimos. Como, por ejemplo, ha ocurrido ahora, cuando al no funcionar el circuito del crédito y el descuento de los bancos a las empresas y particulares, hemos mirado a la Caja Postal de Ahorros y al resto de la banca pública, que también se privatizó
EL PAÍS. 1-3-2009
 
 
 
 
 
Editorial. El Correo
ANUNCIO DE RESCATE
 
Las insistentes noticias sobre una inminente intervención de las instituciones españolas que han de velar por la estabilidad del sistema financiero -Gobierno y Banco de España-, bien mediante un rescate conjunto de dicho sistema o bien para salvar las dificultades que atraviesen determinadas entidades, constituyen, en sí mismas, un factor de primer orden que incide en el comportamiento tanto de las firmas financieras como de los demás agentes económicos. Es lógico pensar que las frases a medias con las que Solbes y Fernández Ordóñez han venido apuntando tal posibilidad responden a la necesidad de ir abonando un terreno que se ve afectado por la morosidad, el encarecimiento del dinero en los mercados mayoristas y las consecuencias que el retraimiento de la economía real está teniendo en la banca y en las cajas de ahorros. Pero el reiterado anuncio de que probablemente tenga que disponerse con carácter general del Fondo de Garantía de Depósitos, y la advertencia de que algunas entidades deberán ser objeto de operaciones de rescate singulares en un plazo breve, sin que ni unas medidas ni otras se apliquen, podrían contribuir a que su eficacia se viese finalmente amortiguada, o el problema que se pretende atajar agravado, por efecto del preaviso.
 
No sería aventurado concluir que la prolongación en el tiempo de un clima previo al rescate financiero, contemplando además el agotamiento de las provisiones para 2010, podría postergar tanto decisiones que deban darse por parte de las entidades de crédito como aquellas operaciones que corresponda acometer a empresas y particulares. Sería conveniente que las autoridades se pronunciasen con mayor precisión, de manera que los protagonistas activos de la economía sepan a qué atenerse, y puedan también evaluarse con un mínimo rigor las consecuencias que vaya teniendo la publicación razonada de los propósitos del Gobierno y del Banco de España.
EL CORREO. 1-3-2009
 
 
 
Opinión. El País
UNA EUROPA FRACCIONADA
Timothy Garton-Ash
 
Tanto en la eurozona como en Europa central y del Este y en los países que aún no pertenecen a la Unión, la situación actual es insostenible.
 
En esta crisis todo está sometido a tensiones extremas. Incluso la propia Europa. Están saliendo a la luz los peores aspectos de la manera que ha tenido la Unión Europea de agruparse política y económicamente en los 20 años transcurridos desde que el mundo cambió en 1989. Como vimos con los bancos de inversiones el pasado otoño, si estalla un mamparo, es probable que estallen otros detrás.
 
Empecemos por la eurozona. Para los países que tienen el euro, la divisa ha sido una fuente de estabilidad y fortaleza en esta tormenta (...) Sin embargo, al mismo tiempo, las tensiones entre los distintos miembros de la eurozona están agudizándose. Unas tensiones que se remontan a su diseño original.
 
(...) La eurozona posee una autoridad monetaria, pero 16 autoridades fiscales nacionales. En la práctica, sólo las une vagamente un pacto de crecimiento y estabilidad, mientras que sufren intensas presiones políticas en sus respectivos países, porque la política democrática en Europa sigue teniendo un alcance casi exclusivamente nacional. Y eso tiene consecuencias. Por ejemplo, como los Gobiernos de la eurozona han tenido distintos comportamientos a lo largo de los años, sus bonos se han valorado de manera distinta en los mercados. Y en tiempos de crisis, esas tensiones aumentan. La seguridad ante todo, dice el inversor. De modo que, aunque el Gobierno griego, por ejemplo, me ofrezca mejores rendimientos por los préstamos que le haga, tal vez prefiero prestar al Gobierno alemán. Y cuantos más inversores piensan eso, más aumentan las diferencias. Al final, algo tiene que saltar.
 
Una posible salida, propugnada en los últimos tiempos por George Soros y otros, es crear unos bonos del Gobierno únicos para toda la eurozona. Como esa zona incluiría a Gobiernos más débiles y arriesgados, Alemania tendría que pagar un poco más para obtener el dinero prestado que necesita a través de esos bonos. Imagínense lo que pensarían los votantes alemanes. ¿Cómo? ¿Que ahora que Alemania se hunde en la recesión, nosotros, los contribuyentes alemanes, debemos pagar para rescatar a los griegos y a los italianos de las consecuencias de su irresponsabilidad fiscal? Unerhört! Unmöglich! ["Inaudito, imposible"] (...)
 
Todavía más grave es la situación de los países de Europa central y del Este que han entrado en la Unión en los últimos 10 años, pero todavía no están (con la excepción de Eslovaquia y Eslovenia) en la eurozona. En las últimas semanas, la tempestad les ha golpeado con dureza. En vez de hallar la seguridad en la nave de la UE, su estrecha relación financiera con Europa occidental se ha convertido en parte de su problema.
 
Hace 20 años, tras las revoluciones de terciopelo que acabaron con el comunismo en 1989, esos países se propusieron entrar en el capitalismo sin tener capital. De modo que se abrieron de par en par a las inversiones occidentales. Hoy en día, sus bancos más importantes, en general, tienen propietarios o accionistas mayoritarios occidentales. Esos dueños occidentales, golpeados por una crisis financiera cuyo origen no estaba en Europa central, sacaron las garras. Sus empresas originales y sus respectivos mercados nacionales les importaban más, y Europa central y del Este cayó víctima de una advertencia general contra los mercados emergentes de riesgo. Los préstamos occidentales se interrumpieron. Y cuando esos países empezaron a ver cómo caían sus divisas, se encontraron con que tenían que esforzarse para pagar los intereses de los préstamos en divisas occidentales. Y no sólo los Gobiernos y las empresas. Bastantes familias polacas de clase media, por ejemplo, disponen de préstamos hipotecarios en francos suizos. Cuando el valor del zloty polaco cayó, los intereses que tenían que pagar se duplicaron prácticamente de la noche a la mañana.
 
Como es natural, cada país se las ha arreglado mejor o peor. Hungría y Letonia ya han ido a pedir ayuda al FMI. La empresa de análisis financieros Standard and Poor's acaba de reducir la valoración crediticia de Letonia a un nivel basura en el que ya se encuentra Rumania. Ambos países tienen en común el sentimiento de desesperación e injusticia. En una mesa redonda celebrada en Viena el pasado fin de semana oí al líder del principal partido de la oposición en Hungría, Viktor Orban, quejarse del proteccionismo financiero de Occidente. Es un lenguaje suave, comparado con la retórica populista, antioccidental y antiliberal que va a empezar a correr si la situación se prolonga.
 
Peor aún es la situación de los países que todavía no pertenecen a la UE: el tercer círculo, por así decir, del infierno actual que atraviesa Europa. Ya antes de la crisis financiera, la fuerza magnética de la UE estaba disminuyendo a ojos vista en lugares como Turquía, Ucrania y Bosnia. Ahora, todavía más. Ucrania es un desastre, y se oyen alarmantes informaciones de que Bosnia está en pleno retroceso y el líder serbobosnio está agitando los viejos demonios de la separación étnica (...) Las fuerzas de la integración y la desintegración, de la solidaridad europea y del egoísmo nacional, centrípetas y centrífugas, se encuentran en un fino equilibrio. Existen algunos indicios de que Europa está empezando a ver las cosas más claras, como la cumbre de Berlín de la semana pasada y el anuncio, esta semana, de las propuestas para crear un marco supervisor financiero de ámbito europeo (...)
 
Lo que es evidente es que no podemos seguir como estamos. Si no avanzamos, retrocederemos (...) Que lo logremos o no dependerá de tres cosas. Unas fuerzas mundiales que escapan a nuestro control, la calidad de los dirigentes europeos, y el margen y la confianza que les otorguen sus electorados nacionales (...)
 
A Monnet le gustaba citar un dicho según el cual existen dos clases de personas: las que quieren ser alguien y las que quieren hacer algo. Sin embargo, aunque los líderes europeos actuales demuestren que pertenecen a la segunda clase, en las democracias sólo pueden hacer lo que nosotros, sus ciudadanos y votantes nacionales, les dejemos. Me parece que, hoy, ni en el Reino Unido, ni en Polonia, ni en Francia, ni en Alemania, ni en Letonia, ni en Austria vamos a dejarles hacer lo suficiente
EL PAÍS. 1-3-2009
 
 
 
Opinión. Estrella Digital
VIENTOS FRÍOS DEL ESTE
Josep Borrell
 
(...) Este fin de semana el viento del Este soplaba frío en Berlín. Y los principales dirigentes europeos han tenido que ocuparse de la amenaza de hundimiento económico de sus nuevos socios. Algo más urgente y concreto que la "reforma del capitalismo" que se proponían consensuar para proponerla al G-20.
 
Desde Viena, la tormenta se percibía mejor y el viento del Este soplaba más cerca y más frío. Austria ha desempeñado el papel de puente con su entorno geográfico e histórico y sus bancos han invertido 220.000 millones de euros en la Europa del Este, el equivalente del 70% del PIB austriaco. Alemania e Italia han invertido unas cifras algo menores, pero en términos de sus PIB respectivos el riesgo asumido por la economía austriaca es excepcionalmente más elevado. Y las primas de riesgo sobre las obligaciones de los bancos y del propio Estado no paran de subir.
 
Si los bancos austriacos perdiesen el 10% de sus inversiones en el Este, lo que puede ocurrir, sería como si Austria perdiese el 7% de su PIB. Y una recesión larga y severa produciría pérdidas aún mayores. El Estado no tendría más remedio que intervenir, ya lo está haciendo, pero probablemente necesitaría la ayuda de Alemania.
 
Llegado al caso la tendría, no sólo por la solidaridad pangermánica, sino porque la solidaridad sería más barata que afrontar la insolvencia de un país del euro. Un riesgo que ayer se localizaba en el Mediterráneo sur y que ahora parece mucho más grave en el Este (...) Hasta el Banco Mundial exhorta a la UE a que intervenga para evitar una nueva división de Europa.
 
Es posible que, en estas circunstancias, el futuro de la UE se juegue en la respuesta que sea capaz de dar a ese viento de Este (...)
 
Todos los nuevos Estados miembros habían vivido su milagro económico, con elevado crecimiento financiado por capitales extranjeros atraídos por su dinamismo y la garantía que daba su incorporación a Europa y su cercanía a la zona euro. Pero con la crisis, el capital extranjero se retira, provocando una restricción del crédito y una devaluación de las monedas. Lo mismo nos ha pasado en España, donde la banca ha financiado deuda hipotecaria a largo plazo con bonos a corto colocados en los mercados de capital alemanes. Buena parte de la asfixia del crédito viene de la imposibilidad de refinanciar esa deuda. Y los aportes de capital público van a sustituir esa financiación exterior, no a aumentar la capacidad de crédito disponible.
 
Pero afortunadamente para nosotros, no tenemos que devolver esa financiación en una peseta devaluada sino en el mismo euro que compartimos con los que nos la prestaron. A diferencia de los de Este, que han visto sus monedas caer en picado. Por ejemplo, en pocos meses el zloty polaco ha perdido la mitad de su valor con respecto al euro. Las empresas y las familias, fuertemente endeudas en divisas, pero también los gobiernos, tienen muy difícil devolver sus deudas, con lo que algunos tienen ya que recurrir a la ayuda del FMI y a la solidaridad europea.
 
Como suele ocurrir, la crisis se desencadenó la pasada semana por el informe de una agencia de notación que se inquietaba por la exposición al riesgo de los bancos de la Europa del Oeste a través de sus filiales en el Este. Nada más conocerse el informe se aceleró la caída de las monedas del Este y en buena medida esa caída arrastró al euro con respecto al dólar.
 
(...) sería un error no demostrar la máxima solidaridad económica posible con los países del Este en tan delicada situación.
 
Y no sólo por un compromiso histórico, sino por el propio interés de los países del euro en la estabilidad de nuestra moneda (...)
ESTRELLA DIGITAL. 25-2-2009
 
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