Deportes

Entre pillos anda el juego

Hace falta un modelo basado en el deporte no en el negocio, cuyos beneficios reviertan en el deporte, los deportistas y aficionados

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01-03-2009
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Aunque se viene diciendo que será en la temporada de fichajes cuando verdaderamente estalle la "burbuja futbolí­stica" hay equipos como el Valencia que ya han tocado fondo; especialmente el Valencia. Aunque se viene diciendo que será en la temporada de fichajes cuando verdaderamente estalle la "burbuja futbolí­stica" hay equipos como el Valencia que ya han tocado fondo; especialmente el Valencia.
Si la crisis sistémica que recorre el mundo entero está haciendo cuestionarse los modelos de gestión y quien los gestiona, esto se ha convertido ya en un clamor en el mundo del futbol. Pero al igual que ocurre en el ámbito político y económico lo primero es despejar las mentiras:

“El Valencia ha vivido por encima de sus posibilidades en los últimos años y ahora lo está pagando”. No es aplicable al equipo ché, ni a los blancos, ni a los culés.

Estos dos últimos suman una deuda de 1.000 millones de euros, el 80 y el 98% de sus pasivos totales respectivamente. Otra cosa es la fortaleza económica para aguantar “el tirón” de cada uno y, sobre todo, su posición “política”, es decir, la cantidad de influencia y resortes sobre los que son capaces de influir para mantener un status de privilegio y dominancia sobre el resto. En el caso del Real Madrid y el Barcelona esto es evidente.

Pero la quiebra no viene principalmente del derroche.

El papel del actual modelo de gestión de los grandes del futbol puede resumirse en dos aspectos: negocio deportivo y plataforma para todo tipo de acuerdos comerciales. Manda la segunda sobre la primera, teniendo en cuenta que el Real Madrid y el Barcelona – y en ese orden - son las dos “marcas” españolas más conocidas y respetadas internacionalmente. Si el negocio se hunde, los equipos se hunden. No puede aceptarse ningún otro tipo de explicación justificado “porque hay crisis”, “la mala gestión” o “gastos desmesurados”.

Hay que cambiar el modelo y quien lo gestiona. Hace falta un modelo basado en el deporte no en el negocio, cuyos beneficios – que no tienen entonces por qué no ser cuantiosos - reviertan en el deporte, los deportistas y aficionados. En el que, por supuesto, sean eliminados el despilfarro y el oscurantismo.

El pasado 1 de febrero la plantilla del Valencia debería haber cobrado 15 millones en concepto de la mitad de sus fichas y la directiva de Vicente Soriano no ha hecho sino empeorar la debacle articulada por los Soler. La deuda de la construcción del nuevo estadio ya asciende a 14 millones y ni el misterioso crédito prometido por Soriano, ni la venta de 30.000 metros cuadrados de solar que había de salvar al equipo, llegan. El desfase ya es de 70 millones del presupuesto y la única solución que se augura es la venta de jugadores como Villa que este mismo verano rechazó una oferta millonaria del Real Madrid.

Es un disparate que Bancaja, calificada como una de las entidades menos fiables en el rankin europeo, haya rechazado conceder un crédito de 240 millones al club porque excede los límites de riesgo con un cliente que marca el Banco de España; “entre pillos anda el juego”.

Las grandezas de un club como el Valencia – y tantos otros – son vilipendiadas sin vergüenza ninguna. Accionistas, jugadores y aficionados deben exigir un cambio en el modelo de gestión ya.
 
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