Acerca de la í‰tica en la Sedación en la agoní­a

Declaración de la Asamblea General de Colegios Oficiales de Médicos sobre la sedación.

El pasado 21 de febrero, la Asamblea General del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos aprobó una declaración sobre los principales aspectos éticos relacionados con la sedación en la agoní­a

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28-02-2009
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En estos tiempos en los que el debate sobre la eutanasia ha sido impuesto a través de un sector de los medios de comunicación, la Comisión Deontológica de la Asamblea del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, de la Organización Médica Colegial (OMC) ha publicado una declaración para poner un poco de orden en este debate en el que, con frecuencia, se confunde eutanasia con sedación, con suicidio asistido y otras prácticas que es necesario definir, diferenciar y recordar, tanto a profesionales, facultativos, periodistas y público en general. En estos tiempos en los que el debate sobre la eutanasia ha sido impuesto a través de un sector de los medios de comunicación, la Comisión Deontológica de la Asamblea del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, de la Organización Médica Colegial (OMC) ha publicado una declaración para poner un poco de orden en este debate en el que, con frecuencia, se confunde eutanasia con sedación, con suicidio asistido y otras prácticas que es necesario definir, diferenciar y recordar, tanto a profesionales, facultativos, periodistas y público en general.
En este sentido, los responsables de su redacción aclaran que “la Comisión Central de Deontología estima oportuno ofrecer criterios sobre los aspectos éticos de la sedación en la agonía, a fin de mostrar que si está bien indicada, bien realizada y autorizada por el enfermo o en su defecto por la familia, constituye una buena práctica médica en el adecuado contexto asistencial”.

            En el documento se empieza por definir que “en Medicina se entiende por sedación la administración de fármacos para disminuir la ansiedad, la angustia y, eventualmente, la conciencia del enfermo” y concreta que ·“en Medicina Paliativa se entiende por sedación la administración de fármacos apropiados para disminuir el nivel de conciencia del enfermo ante la presencia de un síntoma refractario a los tratamientos disponibles”.

            A continuación, se señala que “la frontera entre lo que es una sedación en la agonía y la eutanasia activa se encuentra en los fines primarios de una y otra. En la sedación se busca conseguir, con la dosis mínima necesaria de fármacos, un nivel de conciencia en el que el paciente no sufra, ni física, ni emocionalmente, aunque de forma indirecta pudiera acortar la vida. En la eutanasia se busca deliberadamente la muerte inmediata” y puntualiza que “la diferencia es clara si se observa desde la Ética y la Deontología Médica”.

            Sobre la sedación en la agonía, se defiende que hay que considerarla “como un tratamiento adecuado para aquellos enfermos que, en los pocos días u horas que preceden a su muerte, son presa de sufrimientos intolerables que no han respondido a los tratamientos adecuados” y previene sobre el hecho de que “la necesidad de disminuir la conciencia de un enfermo en las horas anteriores de su muerte ha sido y es objeto de controversia, en sus aspectos clínicos, éticos, legales y religiosos. Además, quienes no conocen las indicaciones y la técnica de la sedación o carecen de experiencia en medicina paliativa, pueden confundirla con una forma encubierta de eutanasia”.

            Sobre el respeto del médico a la vida del enfermo en fase terminal, en la declaración se puntualiza que “la Ética y la Deontología Médica establecen como deberes fundamentales respetar la vida y la dignidad de todos los enfermos, así como poseer los conocimientos y la competencia debidos para prestarles una asistencia de calidad profesional y humana” y añade que “estos deberes cobran una particular relevancia en la atención a los enfermos en fase terminal, a quienes se les debe ofrecer el tratamiento paliativo que mejor contribuya a aliviar el sufrimiento, manteniendo su dignidad, lo que incluye la renuncia a tratamientos inútiles o desproporcionados de los que sólo puede esperarse un alargamiento penoso de sus vidas”.

Al mismo tiempo, se recuerda que “respetar la vida y la dignidad de los enfermos implica atender su voluntad, expresada verbalmente o por escrito, que deberá constar siempre en la historia clínica, mitigar su dolor y otros síntomas con la prudencia y energía necesarias, sabiendo que se está actuando sobre un organismo particularmente vulnerable cuando su curación ya no es posible”. Y finaliza señalando que “en la situación de enfermedad terminal, la ética médica impone también la obligación de acompañar y consolar, que no son tareas delegables o de menor importancia, sino actos médicos de gran relevancia para la calidad asistencial” destacando que “no tiene cabida hoy, en una medicina verdaderamente humana, la incompetencia terapéutica ante el sufrimiento terminal, ya tome la forma de tratamientos inadecuados por dosis insuficientes o excesivas, ya la del abandono”.

En el epígrafe dedicado al “valor ético y humano de la sedación en la fase de agonía” se señala que “la sedación en la agonía representa el último recurso aplicable al enfermo para hacer frente a síntomas biológicos, emocionales o existenciales cuando otros recursos terapéuticos hayan demostrado su ineficacia”.

Y sobre su aplicación se considera que “la sedación, en sí misma, es un recurso terapéutico más y por tanto éticamente neutro; lo que puede hacer a la sedación éticamente aceptable o reprobable es el fin que busca y las circunstancias en que se aplica” y subraya que. “no se podrá convertir en un recurso que, en vez de servir a los mejores intereses del enfermo, sirva para reducir el esfuerzo del médico. La sedación en la fase de agonía es un recurso final: será aceptable éticamente, cuando exista una indicación médica correcta y se hayan agotado los demás recursos terapéuticos”.

Finalmente, en el apartado dedicado a las indicaciones de la sedación en la fase de la agonía, el documento da indicaciones precisas sobre la aplicación de la misma, las formas mas correctas de la toma de decisiones, llegado el momento en que otras líneas de tratamiento han dejado de cumplir su cometido y como debe ser una decisión tomada con plena conciencia y con el acuerdo del enfermo, si es el caso, o de sus familiares.

La declaración, con fecha del 23 de febrero, está firmada por el Presidente de la OMC, Isacio Siguero Zurdo y su vicesecretario, Francisco Toquero y el texto íntegro puede leerse en www.omc.es .

Llama la atención que en un debate en el que, por paradójico que puede resultar, habitualmente no se contempla la opinión de los médicos, la OMC haya decidido realizar esta declaración tan oportuna que, esperamos, ponga un poco de cordura y de equilibrio en tanto despropósito como se publica últimamente en tantos medios de comunicación.
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