Arte

La Alemania de Weimar

El Berlí­n del periodo de entreguerras fue un hervidero de vanguardias creativas en todas las disciplinas, en ocasiones tristemente olvidadas.

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28-02-2009
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Consideramos en nuestros tiempos a Nueva York como el paradigma contemporáneo de gran metrópolis, pero en otras circunstancias podrí­a haberlo sido el Berlí­n previo al ascenso de Hitler. Una ciudad que desarrolló el concepto de modernidad urbana hasta el lí­mite, y de donde surgieron cineastas visionarios como Fritz Lang, F.W. Murnau o Walter Ruttmann, pintores revolucionaros como Otto Zutz o George Grosz, y que fue la cantera de futuras estrellas de Hollywood como Ernst Lubitsch, Billy Wilder o Marlene Dietrich.
 La Alemania de Weimar
Consideramos en nuestros tiempos a Nueva York como el paradigma contemporáneo de gran metrópolis, pero en otras circunstancias podrí­a haberlo sido el Berlí­n previo al ascenso de Hitler. Una ciudad que desarrolló el concepto de modernidad urbana hasta el lí­mite, y de donde surgieron cineastas visionarios como Fritz Lang, F.W. Murnau o Walter Ruttmann, pintores revolucionaros como Otto Zutz o George Grosz, y que fue la cantera de futuras estrellas de Hollywood como Ernst Lubitsch, Billy Wilder o Marlene Dietrich.
El Museo Thyssen organiza en Madrid una exposición sobre la sombra en el arte y algunas de las sombras más sobrecogedoras que pueden verse en ella se proyectaron en los cuadros, en las pantallas de cine, en las calles de aquella Alemania que rugía con los sonidos de la modernidad, y que tan bien retrató Ruttmann en su filme “Berlín, Sinfonía de una gran ciudad”, precursor del documental urbano tal y como hoy lo conocemos. Pero ninguna de estas sombras fue tan maléfica como las que empezaron a desfilar a la luz de las antorchas la noche del 30 de enero de 1933, que fue la última de aquella pobre República asediada y convulsa, que se vio silenciada por el fascismo.
 
Antes de eso, la República de Weimar resurgía de las cenizas a las que habías sido reducida después de la Primera Guerra Mundial, y como suele ser habitual, esa ave fénix tomaba forma en las inquietas mentes de los creadores más rompedores y comprometidos. A la conocida explosión cinematográfica alemana, verdadera meca del celuloide previa a Hollywood, le acompañó un movimiento de vanguardia artística denominado la Nueva Objetividad, enterrado insistentemente por los nazis, y que todavía hoy parece clamar desde debajo de las piedras.
 
De entre estos artistas, cuya corriente también fue denominada “expresionismo figurativo”, destaca sin duda George Grosz. Heredero de Goya en muchas de sus visiones de la guerra y precursor del género caricaturístico. Durante la década de los años veinte su estilo artístico expresa su disgusto con la Alemania de la posguerra. La moderna metrópoli se convirtió en el tema recurrente de su obra y, como un Bosco contemporáneo de incisivo tono crítico y agudo sentido de la observación, plasmó su entorno en sus obras con una intención moralizante. Fue quizá el artista que mejor supo hacer una crónica fidedigna del Berlín de los años veinte. Hoy en día, una de las principales imágenes que tenemos de la Alemania de la República de Weimar es la que nos ha dejado Grosz con sus mordaces caricaturas y su captación magistral de la vida de las calles berlinesas.
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