El Observatorio

El Cuarto Poder

En los momentos álgidos de la lucha polí­tica, la prensa y los medios acreditan su verdadera naturaleza de instrumentos de poder

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27-02-2009
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Que todos los medios de comunicación tienen su color y preferencia polí­tica es una obviedad que apenas si merece recordarse. Lo que, en cambio, sí­ cabe subrayar es cómo en los momentos más álgidos de la lucha polí­tica, los medios se quitan abiertamente la careta, pierden todo halo de mí­nima objetividad y se convierten en despiadados y salvajes instrumentos dedicados, ante todo y sobre todo, a "cazar" al adversario polí­tico, freí­rlo de escándalos, denigrar a sus dirigentes y mostrar sus miserias y corruptelas. Es una cacerí­a inmisericorde bajo el principio de que el fin justifica los medios. Tanta es la inquina, que no queda espacio ni tiempo para elogiar las propuestas polí­ticas de aquellos a los que apoyan (si es que las hay). Que todos los medios de comunicación tienen su color y preferencia polí­tica es una obviedad que apenas si merece recordarse. Lo que, en cambio, sí­ cabe subrayar es cómo en los momentos más álgidos de la lucha polí­tica, los medios se quitan abiertamente la careta, pierden todo halo de mí­nima objetividad y se convierten en despiadados y salvajes instrumentos dedicados, ante todo y sobre todo, a "cazar" al adversario polí­tico, freí­rlo de escándalos, denigrar a sus dirigentes y mostrar sus miserias y corruptelas. Es una cacerí­a inmisericorde bajo el principio de que el fin justifica los medios. Tanta es la inquina, que no queda espacio ni tiempo para elogiar las propuestas polí­ticas de aquellos a los que apoyan (si es que las hay).
Desde hace veinte días las portadas de todos los medios de prensa de nuestra país chorrean escándalos, corruptelas, ataques y descalificaciones. ¿La razón? Pasado mañana hay elecciones en el País Vasco y Galicia y en ellas está en juego no sólo el poder en esas dos regiones, sino la solidez de los dos grandes partidos, el PSOE y el PP, en medio de unas crisis económica devastadora, que amenaza las condiciones de vida de millones de personas.
De la importancia de lo que está en juego es testimonio directo la artillería que se está utilizando en la batalla: piezas de grueso calibre y munición real, que amenaza con dejar el campo de batalla plagado de cadáveres: ya han caído un ministro, varios consejeros autonómicos, algún alcalde, diversas especies de "chorizos", y en la enfermería han entrado desde presidentes de comunidades autónomas a jueces de la Audiencia Nacional. Si se trata de un simple ejercio de "simulación", desde luego es bastante realista.

 
Pero lo que ahora quería destacar no es la virulencia especial de la lucha política española, sino el papel absolutamente destacado que juegan en ella los medios de comunicación, los grandes medios. Un papel que no se limita simplemente a apoyar y respaldar a una determinada opción política, sino que manifiesta una implicación aún mayor. En efecto, los principales medios aquí no están simplemente "al servicio" del PP o del PSOE, sino que actúan de acuerdo con "estrategias de poder" conforme a las cuales intentan crear una determinada correlación de fuerzas en nuestro país, intentan decidir la estrategia y el comportamiento de los propios partidos, su línea de actuación, qué cuadros deben dirigirlos, y qué políticas deben aplicar en cada caso. "El País", "El mundo" o el "ABC" no sólo quieren que, en cada caso, gane el PSOE o el PP, sino, por un lado, ser el instrumento clave de su victoria (por su capacidad de erosionar al adversario, más que la de convencer a nadie de las bondades de lo propio) y, con esa baza en la mano, tratar de intervenir en las decisiones, las estrategias y las políticas.

Enfangados en esa lucha titánica por alcanzar el poder (y cada rincón del país, cada órgano de poder, es importante para ellos) los medios se comportan verdaderamente como ciegos instrumentos de combate a los que sólo interesa dañar al contrario. Ponen el grito en el cielo con la corrupción del enemigo, pero no se paran ni un momento a comentar la que afecta a los "suyos". Les escandaliza todo lo que hacen y dicen sus rivales, pero no hay ni un hueco en el diario o el noticiero para similares barbaridades por parte de los propios. Todo lo que no interesa se oculta, o disfraza o minusvalora. Todo lo que puede perjudicar se censura. Y, por el contrario, el medio rival se recrea en ello, saca portadas con titulares del cuerpo 40 y fotografías a toda plana y detalles tan crudos y menesterosos que producen vergüenza ajena.

 
Está en marcha el "cuarto poder" en su versión más pura, descarnada y sin hojas de parra que cubran sus vergüenzas. Asidos a la certeza de que "información es poder", hacen un ejercicio absolutamente cínico de su capacidad de "fabricar" esa información y con ella "influir" en la población, mientras mantienen a resguardo los verdaderos intereses para los que trabajan: los centros de poder internacionales a los que están vinculados, los sectores de la burguesía monopolista española a los que sirven, la estrategia de poder que están llevando a cabo.

La honradez, la ética, la objetividad, son cosas que nada tienen que ver con ellos. ¡Es el poder, estúpido! 
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