La Casa Blanca recorta el presupuesto militar

La tijera en el Pentágono

No sólo en el Pentágono habrán arrugado el gesto ante los recortes de Obama. Para el complejo militar-industrial estos recortes son miles de millones de dólares menos en sus cuentas de beneficios.

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27-02-2009
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La crisis ha metido una severo recorte en los libros contables del Pentágono. La superpotencia se debate con sus entrañas económicas sangrando millones de dólares, y su brazo militar tendrá inevitablemente que perder peso. Aunque el monto total del presupuesto de Defensa se mantiene prácticamente prácticamente -"sólo" aumenta 20.000 millones de dólares, un pequeño porcentaje (1,4%), de las astronómica cifra de los 514.000 millones de dólares de 2009-, el recorte sí­ afecta significativamente a las partidas de Irak y Afganistán y a los programas de alta tecnologí­a. La crisis ha metido una severo recorte en los libros contables del Pentágono. La superpotencia se debate con sus entrañas económicas sangrando millones de dólares, y su brazo militar tendrá inevitablemente que perder peso. Aunque el monto total del presupuesto de Defensa se mantiene prácticamente prácticamente -"sólo" aumenta 20.000 millones de dólares, un pequeño porcentaje (1,4%), de las astronómica cifra de los 514.000 millones de dólares de 2009-, el recorte sí­ afecta significativamente a las partidas de Irak y Afganistán y a los programas de alta tecnologí­a.

El presidente ha recortado un 8% del presupuesto total de los 130.000 millones de dólares que actualmente dedica cada año el Pentágono al pantano iraquí y al avispero afgano. Los recortes no se quedarán aquí, sino que Obama ha declarado su intención de ir reduciendo la cifra actual hasta dejarla en 50.000 millones al año. Claro que esto son sólo previsiones. Si la retirada de Irak y el refuerzo de Afganistán se complican, el presidente habrá de desdecirse. Un escenario tan imprevisible puede frustrar los planes de ahorro de la Casa Blanca.
 
Sin embargo, la política de Obama es clara y ajustada a las circunstancias: reducción del gasto y contención del presupuesto. No ha sido fácil, el presidente ha tenido que templar gaitas con los jefes militares, que habían presentado unas necesidades militares mucho más elevadas. Pero la tijera no sólo afecta a las guerras en curso, sino a gran cantidad de los costosísimos programas de armamento del Pentágono. Un portavoz de la Casa Blanca ya ha declarado que se eliminarán los programas "más grandes, más costosos y técnicamente más difíciles, que conllevan un alto riesgo de fracaso, de incremento de costes y retraso en los planes de ejecución".
 
Los mandos del Pentágono estudian de mala gana qué programas deberán dejarse para mejores tiempos. El malestar ha sido tan patente que ha obligado a intervenir al Secretario de Defensa, Robert Gates, que ha solicitado a los miembros del Estado Mayor a que firmen un compromiso de que no harán filtraciones a la prensa sobre los programas desechados.
 
Pero no sólo en el Pentágono habrán arrugado el gesto ante los recortes de Obama. La poderosísima industria armamento de EEUU, así como las industrias de alta tecnología de doble uso, militar y civil –lo que se conoce como complejo militar-industrial- tienen en los presupuestos federales de Defensa su fuente principal –y astronómica- de ingresos. Para este sector de la clase dominante norteamericana, que estuvo detrás de la administración Bush y su línea de "dictadura terrorista mundial", estos recortes no son sólo varios miles de millones de dólares menos en sus cuentas de beneficios. Son también una declaración de guerra.

 

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