La economí­a china afectada por el descenso del consumo en EE UU y Europa

China sufre los efectos de la crisis

Su sistema financiero, básicamente controlado por el Estado, está poco conectado con el internacional, lo cual le permite resistir mejor los efectos de la crisis financiera.

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26-02-2009
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El sector exportador representa en torno al 30% de la producción industrial, lo que explica la preocupación de las autoridades.
 el presidente chino, Hu Hintao y La secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton
el presidente chino, Hu Hintao y La secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton
El sector exportador representa en torno al 30% de la producción industrial, lo que explica la preocupación de las autoridades.
China se ha convertido ya en la tercera economí­a del mundo. Desde finales del 2008, su tasa de crecimiento se ha debilitado y las autoridades anunciaron un plan masivo de estí­mulo fiscal (600 mil millones de dólares, cerca de 14% del PIB).

Todo apunta que la desaceleración china es rápida. La demanda de acero, el consumo eléctrico, las ventas de coches y la producción industrial, todos los indicadores están orientados a la baja. Sin embargo, también las medidas tomadas corroboran la determinación de las autoridades de mantener el crecimiento por encima del umbral del 7-8%, considerado por muchos analistas como clave para inhibir disrupciones sociales y desempleo descontrolado.

Su sistema financiero, básicamente controlado por el Estado, está poco conectado con el internacional, lo cual le permite resistir mejor los efectos de la crisis financiera.

Pero la reducción de la demanda exterior ha afectado sensiblemente a un modelo de crecimiento basado, en gran medida, en el fomento de las exportaciones.

Miles de empresas han cerrado ya en las boyantes zonas costeras, llevando al desempleo a millones de trabajadores. La apreciación de la moneda china, el renminbi, de un 20% entre julio de 2005 y julio de 2008, ha influido sobre la competitividad general de las exportaciones en los sectores con fuerte intensidad de mano de obra, como el textil.

El sector exportador representa en torno al 30% de la producción industrial, lo que explica la preocupación de las autoridades.

Durante los años noventa, las exportaciones chinas crecieron una media anual del 12,9 por ciento, desde 2000 a 2006 ese crecimiento casi se dobló, alcanzando un 21,1 por ciento cada año. Ahora las exportaciones chinas han caí­do en todos sus mercados, un 6,1 por ciento en EEUU, un 2,4 por ciento en los paí­ses de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sureste Asiático). Toda esta situación tendrá un impacto serio tanto en la economí­a china como en la economí­a mundial, las exportaciones contribuyeron a más de una cuarta parte del crecimiento económico mundial.

China es una enorme fuente de demanda de mercancí­as y ahora su desaceleración es una razón clave que está detrás del colapso del precio de las mercancí­as China es el mayor comprador mundial de metales y el segundo consumidor de petróleo.

El otro motor de la economí­a china ha sido la elevada tasa de inversión. Ha sido así­ en el caso de la construcción de fábricas, infraestructura y vivienda para la rápidamente creciente población urbana. La construcción es uno de los motores más grandes de la expansión de China, contribuye a una cuarta parte de la inversión en bienes fijos y emplea a 77 millones de personas.

La contracción del sector de la construcción ha afectado a la producción de acero, cemento y toda una serie de industrias relacionadas. Los precios del acero en China han caí­do ya bruscamente.

Las turbulencias mundiales podrí­an derivar en China en un aterrizaje brutal ante el fin de ciclo de alto crecimiento experimentado en los últimos años, como consecuencia del excesivo dinamismo del sector industrial e inmobiliario que el propio gobierno intentó moderar ya a finales de 2007 con una polí­tica monetaria restrictiva, elevando los tipos de interés y reduciendo los préstamos bancarios para frenar la inflación y la especulación.

Para evitar ese escenario, el plan de relanzamiento anunciado por el gobierno chino el 9 de noviembre contempla inversiones por valor de 4 billones de yuanes (425,6 mil millones de euros) en 2009-2010, lo que equivale a un 8% del PIB.
Los chinos tienen una de las tasas de ahorro más grandes del mundo, por eso piensan que si consiguen que gasten más dinero entonces la economí­a se recuperará gracias a su mercado interno.

Son los sí­ntomas de una futura crisis de sobreproducción. Esto es inevitable, debido al frenesí­ de las inversiones que inundan al paí­s, que increí­blemente constituyen el 45% del PIB, un porcentaje que no tiene precedentes en la historia, ni siquiera en Japón durante el boom posbélico. Mientras las exportaciones aumenten y los paí­ses occidentales se endeuden, China puede avanzar, pero a este ritmo de crecimiento de las inversiones es como si China duplicase su capacidad productiva cada 4 o 5 años, un ritmo que llevará inevitablemente a una crisis de sobreproducción.

Pensando en el futuro inmediato, a China le urge reestructurar el modelo de crecimiento de su economí­a, ya que las exportaciones no podrán aumentar con tanta rapidez en un futuro cercano, y este parece el momento adecuado para estimular la demanda interna y el consumo interior que no representa más del 40% del crecimiento en el PIB de 2007.

Un crecimiento inferior al 8% en un paí­s donde cada año nacen 13 millones de personas a las que se debe alimentar, educar, proporcionar empleo, etc., complica seriamente la capacidad de gestión del gobierno. La tendencia oficial a minimizar la tasa de desempleo, que no serí­a en realidad del 4% en las zonas urbanas, sino en torno al 12%, y podrí­a subir al 14% en 2009.

EEUU y Europa son los principales compradores de productos chinos, y el gigante asiático, a su vez, es el principal importador de petróleo y materias primas de los "paí­ses emergentes", con lo que se puede deducir que si el Imperio estadounidense (en proceso recesivo) reduce sus compras, el impacto se va a proyectar inevitablemente en una crisis de China proyectada a los "paí­ses emergentes".

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