Cine

Una española en el Olimpo

El Oscar concedido a Penélope Cruz confirma el buen momento de nuestro cine en el extranjero, pero también la influencia de lo hispano en Estados Unidos.

0
0 votos
24-02-2009
Publicidad
Vamos a tener que acostumbrarnos a quedarnos en vela una madrugada al año durante el mes de Febrero. A la ya importante colección de estatuillas que los directores españoles habí­an conseguido acumular, se suman ahora nuestros actores, que reciben una acogida sin precedentes al otro lado del charco. En este caso Penélope Cruz ha sido la única representante entre todo el plantel de "Vicky, Cristina, Barcelona", cuyo retrato de la Ciudad Condal ha fascinado a los americanos.
 Una española en el Olimpo
Vamos a tener que acostumbrarnos a quedarnos en vela una madrugada al año durante el mes de Febrero. A la ya importante colección de estatuillas que los directores españoles habí­an conseguido acumular, se suman ahora nuestros actores, que reciben una acogida sin precedentes al otro lado del charco. En este caso Penélope Cruz ha sido la única representante entre todo el plantel de "Vicky, Cristina, Barcelona", cuyo retrato de la Ciudad Condal ha fascinado a los americanos.
Antes de esta última década habíamos asistido casi con asombro al momento en el que Jose Luis Garci recogía la estatuilla dorada por “Volver a Empezar, y posteriormente Fernando Trueba hacía lo propio con “Belle Epoque”, homenaje a Billy Wilder incluido. Pero Almodóvar marcó un antes y un después en el cine español en América, y el avance ya es imparable.
 
Hasta ese momento lo único a lo que los españoles podían aspirar era a la categoría de Mejor Película Extranjera. Con el Oscar al Mejor Guión Original, recibido por el manchego con “Hable con ella” se abrió la veda. A partir de ahí llegaron Amenábar, Bardem y Penélope, todos con ya dos nominaciones en su haber, que combinan en sus incursiones en el mercado americano producciones españolas y estadounidenses casi a partes iguales.
 
Es por eso que también van a tener que habituarse los asistentes a este tipo de galas a los discursos en español, a localizaciones como Alcobendas o Castilla La Mancha, a repertorios de santos, y a que los reconocimientos individuales vayan siempre dedicados a todo un país, algo que a la mayoría de autocomplacientes estrellas les parecerá una estupidez.
 
La jovencita que llegó a Estados Unidos después de haber trabajado con los mejores directores españoles se encontró de repente con la frívola etiqueta de latina sexy. Algo a lo que contribuyeron sus flirteos con la prensa rosa americana y las mediocres películas que protagonizó en los comienzos de su aventura americana.
 
Sin embargo, su persistencia y su profesionalidad, que ya era de sobra conocida en España, han terminado por colocarla donde se merece. Donde merece una gran actriz, capaz de dominar con solvencia todos los registros, y pasar del drama a la comedia con la misma agilidad con la que cambia de idioma en la película de Woody Allen.
 
Lo mejor de todo es que esto no ha hecho más que empezar.
 
¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad