Arte

Los Yiddish y las vanguardias

Los judí­os europeos contaban a principios de siglo XX con un completo imaginario cultural propio que se manifestó en una estética artí­stica revolucionaria.

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24-02-2009
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Once millones de personas hablaban a principios del siglo XX el yiddish. Desde el oeste de Rusia hasta Bruselas y Estrasburgo, desde Copenhague hasta Odessa o Venecia. La lengua, de raí­z germánica impregnada de términos hebreos y eslavos, era un vehí­culo de comunicación sin fronteras. Un idioma con siete siglos de vida, sin control estatal o de reales academias. El reguero de pólvora ideal en tiempos de vanguardias revolucionarias.
 Viejo cartel en yiddish ofertando clases gratuí­tas de inglés
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Once millones de personas hablaban a principios del siglo XX el yiddish. Desde el oeste de Rusia hasta Bruselas y Estrasburgo, desde Copenhague hasta Odessa o Venecia. La lengua, de raí­z germánica impregnada de términos hebreos y eslavos, era un vehí­culo de comunicación sin fronteras. Un idioma con siete siglos de vida, sin control estatal o de reales academias. El reguero de pólvora ideal en tiempos de vanguardias revolucionarias.
La exposición Futuro Anterior, vanguardias y libro yiddish 1914-1939, recoge durante estos días en París el legado artístico de aquel proletariado laico de origen judío que intento sacudir Europa antes de que la barbarie nazi se cebara con ellos. El yiddish era la lengua que definía a las clases populares judías repartidas por Europa, pero también fue la lengua de artistas como Chagal, Lissitzky o Ryback, que jugaron el papel de puente en la transformación artística de los años veinte y treinta.
 
En la exposición se puede contemplar desde la típica imaginería cultural judía, a la que los artistas recurrían en primera instancia, hasta los manifiestos lanzados por los jóvenes artistas yiddish, cuyo principal referente fue el parisino de origen bielorruso Marc Chagal, con sus obras judeo-futuristas inspiradas en el cubismo. Obras de marcado carácter ideológico y propagandístico, que contribuían a la expansión de los movimientos sociales en el continente con su impactante estética.
 
Actualmente el yiddish es hablado sólo por 200.000 personas en toda Eutopa. El Estado de Israel rechaza abiertamente su uso y estigmatiza a sus parlantes, de la misma manera que los nazis lo hicieron en su día. Las autoridades han hecho todo lo posible por que desaparezca, al considerarlo un rival serio del hebreo.
 
Pero esta rivalidad no es sólo una cuestión lingüística. Esta lengua lleva el sello de su origen pagano, laico, del espíritu campesino y proletario, y carga además con un formidable sentido del humor negro, que aún hoy puede uno compartir en París con familias francesas herederas de los miles de judíos polacos, rusos y bielorrusos comunistas que lucharon con la Resistencia antinazi europea.
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