Literatura

Rodrigo Rey Rosa

Para Bolaño, Rey Rosa era el escritor más riguroso, más transparente, más luminoso y el que mejor tejí­a sus historias de toda su generación

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23-02-2009
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También solí­a decir Bolaño que era el mejor cuentista de la lengua española, aunque ello no ha dejado de sonar aquí­ como un eco en el vací­o. ¿Quién es Rodrigo Rey Rosa? ¿Qué ha escrito? ¿Dónde están sus libros? En un paí­s como España, que edita más de 70.000 tí­tulos al año, encontrar una obra de Rey Rosa en las librerí­as es casi "misión imposible". Uno de los mejores escritores de la lengua española de nuestros dí­as "no existe" para el mercado. Así­ es nuestra realidad cultural. También solí­a decir Bolaño que era el mejor cuentista de la lengua española, aunque ello no ha dejado de sonar aquí­ como un eco en el vací­o. ¿Quién es Rodrigo Rey Rosa? ¿Qué ha escrito? ¿Dónde están sus libros? En un paí­s como España, que edita más de 70.000 tí­tulos al año, encontrar una obra de Rey Rosa en las librerí­as es casi "misión imposible". Uno de los mejores escritores de la lengua española de nuestros dí­as "no existe" para el mercado. Así­ es nuestra realidad cultural.
Rodrigo Rey Roda es guatemalteco. Después de Miguel Ángel Asturias y de Augusto Monterroso es el tercer gran escritor que da a la lengua española ese pequeño país centroamericano en lo últimos cien años. Nacido en la ciudad de Guatemala en 1958, cursó estudios en su país, pero asqueado por el clima de violencia y corrupción lo abandonó para embarcarse en un periplo de más de doce años por Colombia, Estados Unidos y Marruecos. En Nueva York (donde ha residido en distintas épocas) se matriculó en una escuela de cine, pero no acabó los estudios. Hacia 1980 llegó a Tánger atraído por el aura mítica de la ciudad norteafricana. Allí conoció a Paul Bowles, en cuyo taller literario se inscribió. En sus siete años en Tánger tejió una intensa relación con Bowles: éste tradujo las primeras obras de Rey Rosa al inglés y Rey Rosa hizo lo propio con algunas obras de Bowles al español.

Hacia 1993, Rey Rosa regresó a Guatemala, donde vive un poco a salto de mata, y sin renunciar a sus “escapadas”, de modo que una vez está en Mali. otras en Nueva York, otras en la India y otras... dios sabe dónde.

Rey Rosa sólo reconoce dos maestros. Uno es Borges, a quien leyó muy joven, “un autor –dice– que te hace amigo de sus libros y luego te acerca a los de los demás, y te dice lo que tienes que leer”. Rey Rosa admite haber escrito sus primeros relatos en “esa clave onírica tan suya: trataba de contar todo lo que vivía dormido”. Ese clima de ensoñación, fantasía onírica y alegoría fantástica puebla, en efecto, sus primeros relatos, que aquí, en España, editó Seix Barral en dos tomitos: “El cuchillo del mendigo; El agua quieta” y “Cárcel de árboles; El salvador de buques”, en los que aflora, además, una clara intención de denuncia ecológica. El rigor, la precisión, la economía de medios aparecen ya también como los rasgos definitorios de un estilo, que Rey Rosa irá puliendo libro a libro.

Su segundo maestro fue Paul Bowles a quien –ya se ha dicho– conoció en Tanger en 1980. “Él fue mi inspiración literaria y vital, mi faro”, ha dicho Rey Rosa. “Fui con un grupo de escritores a verlo. Y lo primero que nos dijo es que, si esperábamos vivir de la literatura, no tenía nada que decirnos, nos podíamos ir”. Rey Rosa se quedó. Con Bowles, Rey Rosa ahondó las experiencias de sus lecturas borgianas, ganando cada vez más concisión (sin perder luminosidad), austeridad (sin perder rigor) y prescindiendo de cualquier tipo de ejemplaridad moral explícita, sin por ello renunciar a denunciar. En definitiva, revelar sin sobreexponer, mostrar sin demostrar. “La prosa de Rey Rosa –resume Bolaño– es metódica y sabia. No desdeña en algunos momentos el látigo –o mejor dicho, el chasquido de un látigo que jamás vemos”.

Tras su vuelta a Guatemala en 1993, comienza un cierto viraje temático en la obra de Rey Rosa. Junto a una progresiva depuración en lo formal se manifiesta ahora una creciente preocupación social. Rey Rosa se ve inevitablemente impelido a abordar la situación de violencia y corrupción de Guatemala, una ciudad, un país, asolados por la brutalidad, la miseria y la desesperanza, en la que “la vida vale bien poco”. Cuando aún no se han apagado los estremecedores alaridos del genocidio indio y campesino de los años 70 y 80 y cuando, todos, sin embargo, afirman que se ha alcanzado la “normalidad”, Rey Rosa descubre que “ahora hay más violencia, más secuestros que nunca. Los linchamientos están muy en boga y, por primera vez en la historia, gracias a la incapacidad de los políticos, los niños mueren de hambre. Hoy la exportación de niños debe ser una de las principales fuentes de riqueza del país”. Esta Guatemala desalmada y trufada de violencia entra como un tifón en la obra de Rey Rosa.

En “Que me maten si...” (1997), una pequeña gran obra maestra, el foco narrativo se dirige a iluminar y desnudar la descarada impunidad de la violencia en un país en que la brutalidad y el crimen han devenido en una enfermedad crónica e incontrolable. Y esa cruda visión se agrava aún más en “Piedras encantadas” (2001), su primera novela urbana, un relato breve, preciso, que recurre al andamiaje de la novela negra para adentrarse mejor en la despiadada realidad de la ciudad de Guatemala, “la mastodóntica urbe que incita al canibalismo para asegurar la supervivencia”. Guatemala queda descrita como “una república de muertos, donde un chirrido de neumáticos y un bocinazo anuncian una muerte infantil, una llamada telefónica evita la cárcel a un asesino y una abultada cuenta corriente permite jugar a discreción con la vida de cualquier ser humano”. La indignación nace en el lector simplemente con sumergirse en la prosa acerada y contundente de Rey Rosa, cuyo estilete abre la realidad como un bisturí.

Por difícil que sea dar con sus obras, el esfuerzo merece la pena y la recompensa es sorprendente. Pocos escritores hoy escriben en nuestra lengua como Rey Rosa. Sus cuentos neoyorquinos de “Ningún lugar sagrado” (1998) son uno de los tres o cuatro mejores libros de narrativa breve de los últimos tiempos. “Leer a Rey Rosa –dice Bolaño– es aprender a escribir y también una invitación al puro placer de dejarse arrastrar por historias siniestras o fantásticas”.
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