Ibarrtxe vuelve a agitar el miedo a un pacto PSE-PP

Ya no cuela

Desde 2001, el hartazgo de la sociedad vasca, también de una gran parte de los nacionalistas democráticos, ante el etnicismo de Ibarretxe ha aumentado. Y el "miedo a Madrid" no surte en mismo efecto

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21-02-2009
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La encuesta electoral del gobierno vasco confirma que el PNV tendrá muy difí­cil la reedición del tripartito, mientras que la suma de PSE-EE y PP alcanza con holgura la mayorí­a necesaria para gobernar. La maquinaria propagandí­stica del PNV se ha puesto en marcha y, como en 2001, intentan movilizar a toda la base de votantes nacionalistas dibujando las apocalí­pticas consecuencias de "un gobierno de Madrid" entre socialistas y populares. Pero desde 2001, el hartazgo de la sociedad vasca, también de una gran parte de los nacionalistas democráticos, ante el etnicismo de Ibarretxe ha aumentado. Y la jugada ya no cuela. La encuesta electoral del gobierno vasco confirma que el PNV tendrá muy difí­cil la reedición del tripartito, mientras que la suma de PSE-EE y PP alcanza con holgura la mayorí­a necesaria para gobernar. La maquinaria propagandí­stica del PNV se ha puesto en marcha y, como en 2001, intentan movilizar a toda la base de votantes nacionalistas dibujando las apocalí­pticas consecuencias de "un gobierno de Madrid" entre socialistas y populares. Pero desde 2001, el hartazgo de la sociedad vasca, también de una gran parte de los nacionalistas democráticos, ante el etnicismo de Ibarretxe ha aumentado. Y la jugada ya no cuela.
La encuesta del gobierno vasco dibuja un empate técnico entre el PNV (27 escaños) y el PSE-EE (26), que puede incluso poner en peligro el papel del PNV como primera fuerza política en Euskadi.
Descartada ya la participación electoral del entorno de ETA -cuya abstención en el parlamento vasco ha sido el colchón que ha permitido gobernar a Ibarretxe durante estos años- el tripartito, aún sumando a Aralar, sólo sumaria 36 escaños, por los 39 que alcanzaría la suma de PSE-EE y PP.
Ante la posibilidad más que real de perder el poder, Ibarretxe intenta agitar viejos fantasmas. Incluso el candidato de EA, Unai Ziarreta, ha denunciado “una estrategia de intentar polarizar el voto”, con la utilización por parte del PNV “del miedo a la alianza del mal entre PSE-EE, PP y UPyD”.
La dirección del PNV ha enviado a todos sus afiliados una “carta-arenga”  donde destacan que “nos encontramos ante un momento crucial para el futuro de Euskadi, porque las fuerzas de obediencia centralista están intentando acceder al único gobierno que no dominan en todo el Estado (…) Estamos ante una reedición de 2001. Una estrategia con el mismo objetivo: sustituir al lehendakari por un delegado del gobierno central (…)”.
Los jelkides peneuvistas no pierden ocasión de magnificar “la amenaza española”.
Ibarretxe advierte de que una mayoría absoluta de PSE-EE y PP tendría “el objetivo de hipotecar Euskadi” y “disolver la identidad vasca como un azucarillo”. Urkullu afirma que “un ejecutivo alternativo al del PNV significaría ejercer el poder por control remoto desde Madrid”.
Pero la realidad vasca ha cambiado mucho desde 2001, y las proclamas excluyentes ya no surten el mismo efecto.
La movilización de la rebelión democrática ha debilitado las huestes del etnicismo, y conquistado nuevos espacios de libertad. Y la radicalización eticista, con los sucesivos planes Ibarretxe o los intentos de convocar un referéndum soberanista bajo el terror de ETA, ha cosechado un rotundo rechazo social, traducido en los sucesivos descalabros electorales del PNV.
Ibarretxe intenta ahora volver a movilizar a las bases nacionalistas con el miedo a “un gobierno de Madrid” que pondría en peligro los privilegios y prebendas otorgados por el régimen. Pero también entre muchos nacionalistas moderados, el hartazgo ante el furibundo etnicismo de Ibarretxe supera ya todos los límites.
Ibarretxe quiere jugar las mismas cartas que le han dado buen resultado en el pasado, sin darse cuenta de que su tiempo ya ha pasado.
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