Selección de prensa nacional

El fantasma del hambre

La brecha que se está abriendo es cada vez más profunda, lo que supone un peligro adicional que sumar a la grave situación por la que estamos atravesando y que todaví­a no ha tocado fondo

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19-02-2009
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Muy significativo que en tres medios muy distintos y por parte de tres columnistas también ideológica y polí­ticamente muy distantes coincidan en tratar un mismo tema, desde distintos ángulos y con enfoque diverso. A Raúl del Pozo, la última tragedia de los cayucos le da pie para tratar, en su columna diaria de El Mundo, la perspectiva que anuncia cada vez con mayor insistencia la crisis en nuestro paí­s.
 El fantasma del hambre
Muy significativo que en tres medios muy distintos y por parte de tres columnistas también ideológica y polí­ticamente muy distantes coincidan en tratar un mismo tema, desde distintos ángulos y con enfoque diverso. A Raúl del Pozo, la última tragedia de los cayucos le da pie para tratar, en su columna diaria de El Mundo, la perspectiva que anuncia cada vez con mayor insistencia la crisis en nuestro paí­s.

Una perspectiva sombría para el columnista por tres razones. Primero por la evidencia de que vamos de cabeza hacia los 5 millones de parados (o como él dice, "sobramos cinco millones"), mientras siguen llegando a nuestras costas nuevos parias de la tierra en busca de un inexistente futuro mejor. Segundo porque los dirigentes políticos y las elites mundiales tiemblan ante la posibilidad del estallido de múltiples corralitos simultáneos en diversos lugares del planeta. Lo que apunta a un período de graves turbulencias sociales y políticas en el que “hasta los curas acabarán poniéndose chalecos”.
 
Ignacio Camacho habla en ABC del «síndrome de la cuarta semana», al que califica ya como un hecho sociológico. En otras palabras, la angustia creciente de importantes sectores de la sociedad que ayer creían haber alcanzado para siempre el bienestar, y que hoy la combinación entre el endeudamiento y el aumento del paro les hace vivir la última semana del mes con la zozobra de no tener tan siquiera para cubrir las necesidades básicas.
 
En La Razón, César Lumbreras relata una anécdota personal, el encontronazo en pleno “Madrid bien” del barrio de Salamanca con grupos de personas revolviendo en cubos de basura de los establecimientos en busca de productos alimenticios y «cosas de comer». Algo que el periodista dice haber visto en el Buenos Aires del corralito de principios del milenio, pero nunca en el centro de la capital de España. Más que cada uno de los relatos, resalta su coincidencia en el tiempo. Tres observadores, en tres sitios distintos, desde tres ángulos ideológicos diversos perciben simultáneamente algo cuyas formas difieren, pero cuya sustancia es común: el drástico empeoramiento de las condiciones de vida de sectores relativamente amplios de la población. Y esto no ha hecho más que empezar.
 
 
 
Opinión. El Mundo
MULAS
Raúl del Pozo
 
 
Alondras con tartera, carne de furgón, negros que duermen de pie en los semáforos, soñando que son elefantes los arcos triunfales. Para un columnista las imágenes son más importantes que los pensamientos. La del cayuco rodeado de peces en la costa canaria, que dejó a 21 ahogados, de los que 14 eran niños, refleja mejor el mundo que la caída del Ibex, jodido por los bancos. La sangre del mar llega hasta el rojo del parqué. Pero dónde iban. Acaso no sabían por la televisión que Europa es un apartheid y España ha dejado de ser tierra de promisión. Si se hubieran salvado del naufragio, los habrían encarcelado en un centro de internamiento (...)
 
Cuando los españoles alcanzamos un real somos príncipes, decían las novelas picarescas, pero cuando se acaba la fiebre del oro, España se puebla de 700.000 mendigos. Así ha sido siempre. Sobraban un millón de españoles que se iban al éxodo. Ahora sobramos cinco. Entonces llega la depresión de la depresión, la gente se da a la bebida (...) El ministro de Economía de Japón fue cocido a la rueda de prensa. Dijo que era jet lag y las pastillas para la gripe, pero en realidad es el delírium trémens. Los banqueros y los ministros de economía ven corralitos en vez de cucarachas (...)
 
Es que el epílogo de la crisis será la inseguridad. Lo anuncian los astronautas urbanos, los alucineros de la Milla de Oro, que atracan cada día Tiffany's, Loewe, Cartier, Bulgari en las calles de Serrano y Ortega y Gasset.
 
Y siguen llegando cayucos, mulas y parias. Hasta los curas acabarán poniéndose chalecos antibalas.
EL MUNDO. 19-2-2009
 
 
 
 
 
Opinión. ABC
LA CUARTA SEMANA
Ignacio Camacho
 
La primera semana veía con preocupación el rápido decrecer de su cuenta bancaria cuando pasaban los recibos domiciliados: la hipoteca, la comunidad, la letra del coche, el gas, la luz -menudo subidón-, el agua, el crédito de las últimas vacaciones, el teléfono fijo y el móvil...
 
Cuando despidieron a su mujer había suprimido el seguro médico privado, clausurado la línea de adsl y recortado la asignación de la tarjeta prepago de los hijos, pero los gastos fijos le consumían más de la mitad de la nómina y le dejaban expuesto a cualquier imprevisto. Compraban en un híper de alto descuento buscando marcas blancas para rebañar céntimos, ojeaba los periódicos en la oficina y procuraba ir a trabajar en metro para no echar gasolina más de una vez al mes.
 
La segunda semana se permitían un cine sin cena ni copas y a veces escarbaban en las rebajas alguna ganga con la que equipar a los chavales o poner al día el vestuario.
 
La tercera comenzaba el desasosiego: a menudo miraba en internet su cuenta desde el trabajo y procuraba no dejarse afectar por los rumores de recorte de plantilla. Esquivaba con pretextos las cervezas que le proponían tomar los compañeros y decía que había dejado de usar el coche para rebajar andando su alto colesterol. Los sábados y los domingos paseaba por el parque con la familia o se iban todos a comer a casa de sus padres o de sus suegros; luego veían la tele o se entretenían en tareas domésticas mientras los niños protestaban antes de salir por la reducción de su «paga» (...)
 
La recta final era un calvario. Recurría para las pequeñas compras diarias (...) al breve descubierto que autorizaba el banco, y contaba las fechas que quedaban para el día de pago. En la prensa que traía un compañero leyó algo sobre «el síndrome de la cuarta semana» y supo que su periódica zozobra se había convertido en un hecho sociológico; gente sumida en la congoja de administrar ingresos insuficientes, inadaptada ante la reconversión forzosa de un tren de vida del que había huido la prosperidad dejando una rémora de deudas acumuladas (...) un día dijeron en la oficina que la empresa no iba a poder afrontar la nómina en plazo. Desde el ordenador entró en la cuenta para comprobar sus números ya rojos y la ansiedad le llevó a calcular mentalmente cuántas semanas tendría un mes con el sueldo aplazado.
ABC. 19-2-2009
 
 
 
 
Opinión. La Razón
EL FANTASMA DEL HAMBRE
César Lumbreras
 
La escena tuvo lugar al filo de la medianoche del lunes pasado. Salíamos de cenar de casa de unos amigos y varios del grupo enfilamos la céntrica calle Conde de Peñalver, situada en el barrio de Salamanca de Madrid, en dirección hacia el cruce con Goya.
 
Cuando habíamos andado unos metros, y pasábamos ante la puerta de un supermercado, propiedad de una de las cadenas de distribución más importantes de España, nos encontramos a cinco personas que estaban revolviendo en los cubos de basura del establecimiento. No buscaban, como en otras ocasiones, papel, cartones, envases o trastos viejos. No. Lo que recogían, por lo que ellas comentaban entre sí y por lo que pudimos ver nosotros, eran productos alimenticios y lo que se denomina de forma popular «cosas de comer», que iban metiendo a su vez en bolsas de plástico para llevárselas.
 
Creo que se trata de una de las «fotos» que mejor reflejan la crisis real a pie de calle. La última vez que había contemplado escenas similares fue en algunos de mis viajes a Buenos Aires, donde pude constatar que era una práctica habitual. No dudo que en Madrid y en otras ciudades españolas también se hayan registrado en épocas de bonanza económica actuaciones de este tipo, pero eran casos excepcionales, por lo menos en los barrios más céntricos. Ahora ya comienzan a ser habituales.
 
Mientras sucede esto a pie de calle, nuestra clase política anda enfrascada en sus peleas, en lo de la corrupción, en la polémica de las cacerías y monterías, y se aleja cada vez más de la realidad. Detecto, sobre todo fuera de Madrid, que las preocupaciones de los ciudadanos van por un lado y las de los políticos, reflejadas y agrandadas a su vez por los medios de información, van por otro. La brecha que se está abriendo es cada vez más profunda, lo que supone un peligro adicional que sumar a la grave situación por la que estamos atravesando y que todavía no ha tocado fondo. No quiero ser alarmista, pero el hambre acecha y puede dejar de ser un fantasma para convertirse en una triste realidad.
LA RAZÓN. 19-2-2009
 
 
 
 
 
Económico. El Confidencial
LA ¿INEVITABLE? NACIONALIZACIÓN DE LA BANCA EUROPEA
S. McCoy
 
Leí con notable interés las oscuras predicciones (...) acerca del futuro de las economías de Europa del Este y el impacto de su potencial colapso sobre sus prestamistas occidentales (...)
 
(...) el discurso en los últimos días ha ido evolucionando desde el riesgo sistémico, esto es; para el sistema, derivado de la potencial caída de los distintos colosos financieros nacionales, a la viabilidad en sí en algunos países. No hay que olvidar que, y eso sí es irrefutable, los emergentes europeos se enfrentan en 2009 a vencimientos equivalentes a 400.000 millones de dólares o un tercio de su PIB regional (cifra que algunos autores reducen a la mitad en función del espectro considerado), pagos que se van a ver incapaces de acometer en su totalidad casi con toda seguridad. La pieza del Telegraph advierte del riesgo que de esta situación se deriva para naciones como Austria, con préstamos a la región equivalentes al 70% de su Producto Interior Bruto, o la propia Suiza que, sorpresa, sorpresa, para algunos analistas locales se encontraría al borde de la bancarrota, siendo ésta quizá la principal novedad del discurso.
No son las únicas. Irlanda, en un caso completamente distinto, ha visto cómo sus CDS o cobertura de riesgo país se han disparado a cerca de los 400 puntos básicos, frente a los diez de hace tan sólo un año, proceso que se ha acelerado a lo largo de los últimos diez días. La cuestión irlandesa ha provocado que, por primera vez desde el inicio de la crisis, las autoridades europeas se planteen, como posibilidad cierta, el potencial impago de uno de sus miembros, los mecanismos de auxilio que serían o no de aplicación al amparo de Maastricht y el impacto de un suceso como ése sobre el futuro de la Unión. Prueba de tal preocupación es el hecho de que se esté ya hablando de un rescate concertado, auspiciado por Alemania y Francia, lo que personalmente creo inviable en este momento, o de una intervención inevitable del FMI como único cauce de estabilización del territorio afectado. 
Si la amenaza de Europa del Este es real o no, ya empieza a ser lo de menos. Otro vendrá que bueno te hará. Es un factor más en el extenso sumatorio acumulado que salta de la esfera sectorial a la general (...)
 
Lo relevante, llegados a este punto, dejan de ser las causas para centrarse en las consecuencias de todo lo que está pasando. Y lo cierto es que para la banca continental europea parece que no cabe una solución final muy distinta a la que ya han vivido, casi en su totalidad, las entidades financieras del mundo anglosajón: una completa nacionalización del sistema como única vía de supervivencia colectiva antes que tirar el dinero con parcheados parciales. Algo que se tendrá que hacer de modo inteligente ante la propia vulnerabilidad fiscal de los países que las amparan.
 
Durante los últimos años, han puesto numerosos circos, tanto a nivel sectorial como geográfico, y los enanos ahora, con el Cola Cao del proceso de desapalancamiento, no dejan de crecer. Es la exposición a activos tóxicos, es el inmobiliario, son los emergentes en sus distintos emplazamientos, es su propio apalancamiento o ese propio fondo de comercio de adquisiciones que van a tener que amortizar contra pérdidas en su práctica totalidad (...)
EL CONFIDENCIAL. 19-2-2009
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