El Observatorio

La (extraña) vida y muerte de Stieg Larsson

El creador de la saga "Millenium", que arrasa en el mercado español, está en las antí­podas del tí­pico escritor de best sellers.

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19-02-2009
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Aunque estaba plenamente convencido de que la obra literaria que llevaba años secretamente escribiendo acabarí­a por triunfar, probablemente ni el mejor de sus sueños se aproximarí­a a lo que ha ocurrido en la realidad tras la publicación de sus libros, que él no llegó a ver: murió semanas escasas antes de que su trilogí­a "Millenium" saliera a la calle y alcanzara el mayor éxito editorial de la historia de la literatura sueca; más de tres millones de ejemplares vendidos en un paí­s que sólo tiene nueve millones de habitantes. Aunque estaba plenamente convencido de que la obra literaria que llevaba años secretamente escribiendo acabarí­a por triunfar, probablemente ni el mejor de sus sueños se aproximarí­a a lo que ha ocurrido en la realidad tras la publicación de sus libros, que él no llegó a ver: murió semanas escasas antes de que su trilogí­a "Millenium" saliera a la calle y alcanzara el mayor éxito editorial de la historia de la literatura sueca; más de tres millones de ejemplares vendidos en un paí­s que sólo tiene nueve millones de habitantes.
Nacido en 1954, Stieg Larsson siempre fue un rebelde. No un socialdemócrata del sistema, sino un radical que militó muchos años en una organización revolucionaria comunista, participó en la movilización contra la guerra de Vietnam a principios de los 70 (donde conoció a su compañera), mantuvo siempre activo su compromiso político y llegó a ser un verdadero experto en los movimientos de extrema derecha (suecos, europeos y de todo el mundo) y de las relaciones de la extrema derecha con determinados grupos financieros e industriales, por lo que llegó a ser requerido para sesiones informativas por Scotland Yard, la OSCE y hasta las policías alemana y brasileña, para que les asesorara en investigaciones concretas. Por esta dedicación, Stieg Larsson estaba amenazado de muerte.

 
En las dos últimas décadas, Larsson trabajaba como periodista independiente en Expo, una revista cuatrimestral fundada por él, en la que una serie de periodistas colaboraban gratis para poder contar todo aquello que los grandes medios olvidan, censuran o callan. Expo fue la vía de Larsson para mantenerse en la brecha y mantener vivo su compromiso.

Pero a la vez, Larsson mantenía agazapado en su interior –desde los veinte años– un propósito, un anhelo secreto: quería ser escritor, y escritor de novela negra. Durante casi treinta años fue un lector empedernido, sistemático y voraz de la serie negra. Hasta que a los 47 años tomó la decisión de ponerse a escribir: ya se sentía preparado. Y en menos de tres años escribió, sin parar, las tres primeras novelas de su saga “Millenium” (más de 1500 páginas), una saga que pensaba tendría al menos diez entregas. Cuando acabó la tercera, decidió publicarlas, convencido de que serían un gran éxito comercial.

 
Su súbita muerte, el 9 de noviembre de 2004, con tan sólo 50 años, le impediría no obstante llegar a saber que sus obras iban a convertirse, de forma explosiva, en auténticos y millonarios best-sellers: tres millones de ejemplares vendidos en Suecia, uno en Francia, otro en Alemania...

Pero la figura de Stieg Larsson –su biografía– no nos remiten en absoluto al perfil del clásico autor de best-sellers: un sujeto acomodado, multimillonario, que vive en una fabulosa mansión de las afueras de Londres (o de Los Angeles, ...) y que construye sus historias con materiales lo más alejados posible de la realidad, los conflictos y las gangrenas de nuestro tiempo.
Por el contrario, Stieg Larsson fue un escritor casi “suicida”, que vivía amenazado en un piso de 56 metros cuadrados sin ascensor de un discreto barrio de Estocolmo, que escribía por las noches después de dedicar casi todo el día a su trabajo como periodista y a la revista Expo, y al que alimentaba la rabia y su indoblegable rebelión contra la injusticia.

 
Stieg Larsson murió de un infarto masivo tras subir a pie los siete pisos que conducían a la redacción de Expo un día que el ascensor no funcionaba. Nadie puede imaginar una muerte así para Ken Follet o David Grishan.

Su obras pueden llegar a tener el tirón editorial de un best-seller. Pero Stieg Larsson es, sin duda, diferente.
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