Kosovo, el ejemplo para el independentismo vasco

Gora Gibraltar… digo Kosovo

Antes que seguir en España prefieren ser un portaaviones de la US Navy

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19-02-2009
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Kosovo es el espejo deforme donde se mira hoy el nacionalismo vasco. "Kosovo, año uno" o "Kosovo varado en tierra de nadie" titula un diario independentista. Mesas redondas, coloquios y tertulias congregan a lí­deres peneuvistas, abertzales -y a la comparsa de EB- para analizar el caso kosovar, cómo a través de un referéndum un pequeño paí­s puede ser independiente en el corazón de Europa. Pero el soberanismo vasco se queja amargamente del "torpedeo diplomático, del enroque de la minorí­a serbia y de la indecisión de la UE" que mantienen varado el proceso hacia su independencia. Kosovo es el espejo deforme donde se mira hoy el nacionalismo vasco. "Kosovo, año uno" o "Kosovo varado en tierra de nadie" titula un diario independentista. Mesas redondas, coloquios y tertulias congregan a lí­deres peneuvistas, abertzales -y a la comparsa de EB- para analizar el caso kosovar, cómo a través de un referéndum un pequeño paí­s puede ser independiente en el corazón de Europa. Pero el soberanismo vasco se queja amargamente del "torpedeo diplomático, del enroque de la minorí­a serbia y de la indecisión de la UE" que mantienen varado el proceso hacia su independencia.
 
Nunca le ha importado al nacionalismo vasco tener que buscar el apadrinamiento de una potencia imperialista para lograr la secesión. Con esta malformación genética lo engendró Sabino Arana y así la ha heredado su prole.
 
Pero lo que es nuevo es que antes que seguir en España prefieran ser un portaaviones de la US Navy, o un caladero de submarinos atómicos en las entrañas del peñón. Porque eso es Kosovo hoy, una enorme base norteamericana, un Panamá enclavado en los Balcanes. Posee tanta independencia como un metro cuadrado dentro del perímetro de Rota.
 
Esta es la independencia que defienden, ésta es la soberanía que buscan. De niños crecieron soñando que a Euskalherría la liberaran de sus cadenas las orugas de los tanques soviéticos cruzando los Pirineos. Ahora se embelesan pensando en el día en que el imperio de las barras y estrellas se decida de una vez en adoptarles, pobrecitos.
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