Arquitectura

Loft: El escenario apropiado (II)

Entender la vivienda como un escenario, marco de la vida que se desarrolla dentro, ayuda a comprender qué significa apropiarse del espacio.

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18-02-2009
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Una obra de teatro se iba a desarrollar en Nueva York a mediados de los sesenta: una sala vací­a, de color plateada, serí­a el escenario, un pintor y un par de sus amigos artistas como personajes de la obra. Un sofá encontrado en la calle el adrezzo y una fiesta como acción principal de la escena. Andy Warhol era el actor. Y la obra era su vida. ¡La función va a empezar! Una obra de teatro se iba a desarrollar en Nueva York a mediados de los sesenta: una sala vací­a, de color plateada, serí­a el escenario, un pintor y un par de sus amigos artistas como personajes de la obra. Un sofá encontrado en la calle el adrezzo y una fiesta como acción principal de la escena. Andy Warhol era el actor. Y la obra era su vida. ¡La función va a empezar!
Entender la vivienda como un escenario, marco de la vida que se desarrolla dentro, ayuda a comprender qué significa apropiarse del espacio. Qué significa ser el decorador de la gran obra que es la vida. Y sobre todo, comprender el papel activo que toma el habitante en la vivienda, haciéndola suya. Dejando de ser un lugar anónimo y similar al del vecino, para representar al morador y la actividad que allí se desarrolla. La obra.
La diafanidad y mutabilidad del local fue el medio perfecto para el rey del arte pop. Aparentemente el loft era solo una vieja nave de una industria o almacén en desuso, formada por cuatro paredes, techo y suelo. Pero contenía una gran cualidad, la neutralidad espacial. No tenía ningún rasgo que le diera carácter, ni la construcción, ni los materiales, ni las vistas. Era perfecto para conquistar creativamente el vacío.
 El pintor americano pionero al “ocupar” el Soho, barrio industrial neoyorquino deprimido económicamente, generó una nueva tipología que más tarde acabaría popularizándose. Dando lugar al movimiento del sector más vanguardista a la zona, consiguiendo cambiar radicalmente su identidad. No solo el interior de las edificaciones mutó, también se adueñaron del espacio público, que se convirtió en uno de los focos de mayor vitalidad de la ciudad, llegando hasta la nuestros días.
Llevaron su apropiación hasta el mobiliario. Extrayéndolo de su contexto habitual le aportaban nuevas connotaciones. El mecanismo artístico era el object-trouvé. Enfrentándose al lujo burgués, reutilizaban desechos del consumo que descontextualizaban dándoles un nuevo significado estético. Eran objetos triviales como las latas campbell o el sofá que encontraron en la basura y acabó siendo el decorado del film “the coach” en el local de Warhol, que argumentaba: “siempre me ha gustado trabajar con las sobras, convertir las sobras en cosas. Siempre creí que las cosas desechadas y que todos saben que no valen para nada, pueden llegar a ser divertidas”.
Radicalmente opuesta a la concepción funcionalista del metro cuadrado, donde cada espacio tiene su uso determinado de ante mano por el arquitecto. Nos encontramos el metro cúbico del loft warholiano, donde todo está abierto a ser modificado por el ocupante, y la arquitectura se convierte simplemente, en la puesta en escena.
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