Arte

Un siglo de Futurismo

Se cumplen 100 años del manifiesto de Marinetti que inició el movimiento de las vanguardias

0
0 votos
18-02-2009
Publicidad
El 20 de Febrero de 1909, Filippo Tomasso Marinetti, escritor y poeta, publicaba en Le Figaro el Primer manifiesto del futurismo. El texto era toda una declaración de intenciones que marcó el inicio de una época brillante en la historia del arte. Más allá del amor a la velocidad y el culto a la virilidad, el movimiento Futurista da el pistoletazo de salida para la vanguardia como va a entenderse y a organizarse a partir de entonces: una actitud renovadora en el terreno artí­stico y, sobre todo, existencial, que definirá la primera mitad el siglo XX. El 20 de Febrero de 1909, Filippo Tomasso Marinetti, escritor y poeta, publicaba en Le Figaro el Primer manifiesto del futurismo. El texto era toda una declaración de intenciones que marcó el inicio de una época brillante en la historia del arte. Más allá del amor a la velocidad y el culto a la virilidad, el movimiento Futurista da el pistoletazo de salida para la vanguardia como va a entenderse y a organizarse a partir de entonces: una actitud renovadora en el terreno artí­stico y, sobre todo, existencial, que definirá la primera mitad el siglo XX.
El movimiento Futurista, visiblemente liderado durante toda su existencia por Marinetti, se verá en todo momento marcado por las constantes contradicciones, propias de los exploradores que se adentran a ciegas en el territorio desconocido. Son internacionales y son nacionalistas, revolucionarios sin intereses sociales; quieren cantar al peligro, exigen poetas ardorosos y rebeldes, glorifican la guerra como higiene del mundo; son antifeministas y aspiran a quemar los museos, las bibliotecas y las academias de todo tipo.
 
Marinetti logra promocionar el movimiento dentro y fuera de Italia hasta convertirse en referente de lo moderno en círculos tan variopintos, políticamente hablando, como Revista de Occidente y los círculos ramonianos de Madrid; la revista Actual de los estridentistas mexicanos, comprometida con la revolución rusa; o Martín Fierro de Borges en Buenos Aires, donde se parafrasea a Marinetti al escribir que “un Hispano-Suiza es una obra de arte más bella que una silla Luis XV”.
 
Este eclecticismo ideológico es a menudo olvidado al hablar de los últimos años del futurismo, que acabó alineándose completamente con el creciente fascismo impulsado por Mussolinni, sustentado en el nacimiento de la joven nación unificada de Italia. Los conceptos como la “celebración” del dinamismo y el poder, así como de la virilidad, la misoginia, la agresividad, la patria y la guerra acabaron por integrar a algunos de sus miembros directamente en el movimiento de las Camisas Negras.
 
Aún así, estudiando el movimiento con la distancia que otorga el tiempo parece claro que las relaciones con el fascismo italiano no fueron tan armoniosas como se ha tratado de enfatizar. La constante revisión de posiciones del grupo, que les hizo también ser feministas y antifeministas a un tiempo, hace que resulte complejo establecer las auténticas y perdurables filiaciones ideológicas de los futuristas.
 
En cualquier caso, la primera piedra estaba puesta, y con la disolución del movimiento en 1917 empezaban a proliferar los manifiestos más luminosos, el cubista, el surrealista o el Dada.
 
¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad