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William Ospina: memoria y mestizaje

En "Ursúa" y "El paí­s de la canela", el escritor colombiano aborda la historia desde una perspectiva nueva: la del mestizaje

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17-02-2009
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Poeta, crí­tico, traductor y ensayista colombiano, William Ospina se ha embarcado en los últimos años en una nueva aventura apasionante: novelar la historia desde una perspectiva distinta, una perspectiva que integra las tres raí­ces culturales de Colombia: la indí­gena, la española y la africana, reivindicando el valor del mestizaje. "Ursúa", la primera de sus novelas, fue saludada con entusiasmo por Garcí­a Márquez, que la calificó, en 2005, como "el libro más importante del año". En 2008, Ospina publicó la segunda, "El paí­s de la canela". Poeta, crí­tico, traductor y ensayista colombiano, William Ospina se ha embarcado en los últimos años en una nueva aventura apasionante: novelar la historia desde una perspectiva distinta, una perspectiva que integra las tres raí­ces culturales de Colombia: la indí­gena, la española y la africana, reivindicando el valor del mestizaje. "Ursúa", la primera de sus novelas, fue saludada con entusiasmo por Garcí­a Márquez, que la calificó, en 2005, como "el libro más importante del año". En 2008, Ospina publicó la segunda, "El paí­s de la canela".
“Ursúa” es un relato “distinto” de la conquista, menos épico, sin hagiografía, más realista y humano. Con todo hay que subrayar que Ospina no busca en “Ursúa” un ajuste de cuentas con la historia, ni un juego de revanchas desde la otra orilla. Pero sí un “ajuste de cuentos” (es decir, de los relatos asumidos y consagrados) y de los “lenguajes” (de la confrontación entre el lenguaje “casi urbano” de los conquistadores mesetarios, frente al lenguaje exhuberante del nuevo mundo).

 
Pedro de Ursúa no es uno de los conquistadores de mayor renombre. Navarro de origen, sin cumplir todavía 17 años se embarcó hacia el Nuevo Mundo soñando con oro y aventuras. El oro nunca lo halló. Y las aventuras vividas también estuvieron bastante lejos de las que había soñado. Fue gobernador de Santa Fé de Bogotá y fundó Pamplona (en honor a su ciudad natal) en un territorio virgen que todavía no se llamaba Colombia. Hizo la guerra a los panches, los muzos, los chitareros, los tayronas y a los esclavos negros de Panamá. Murió asesinado por sus hombres cuando dirigía una expedición por el río Marañón en busca de El Dorado. Le sustituyó el legendario Lope de Aguirre.

Ospina utiliza a Ursúa como eje vertebral de un relato en el que combina el rigor histórico del ensayo (empleó 6 años en documentar la historia) con el encanto de la poesía, logrando tejer un texto que no es una “novela histórica” al uso, uno de esos pastiches que se hacen ahora, sino una creación literaria de auténtica envergadura.
En la novela Ospina se vale de un narrador –un mestizo– que va contando, de forma fragmentaria, los retazos de recuerdos e historias que Ursúa le ha contado, a la vez que va introduciendo, poco a poco, su propio punto de vista: admira a Ursúa, pero detesta la crueldad de sus guerras.

 
Tres años después de “Ursúa” (editada en España por la editorial La Otra Orilla), en 2008 apareció en la editorial colombiana Norma “El país de la canela” (segundo volumen de lo que parece será una trilogía, que completará “La serpiente sin ojos”). Aunque publicada después, “El país de la canela” se refiere a un período anterior a “Ursúa” y narra la travesía del Amazonas llevada a cabo en 1542 por Francisco de Orellana, desde sus afluentes más remotos hasta su desembocadura en el Atlántico, en busca de los “bosques de canela”, un delirio similar al de la búsqueda de El Dorado (y de no menos consecuencias devastadoras para los indios). El narrador –un veterano de la travesía– es un soldado que cumple las órdenes de Orellana pese a ser consciente de que aquello es una quimera absoluta.

Según Fernando Vallejo: “No sé de nadie que esté escribiendo hoy en día en español una prosa tan rica, tan inspirada y tan espléndida como la de William Ospina. Se ha convertido en uno de los mejores escritores de Colombia y del idioma”.
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