Teatro - Recomendamos LA CENA de Els Joglars

Un gran menú

Quienes no conozcan a Albert Boadella más que por las descalificaciones que han jalonado su carrera, se extrañarán al saber que es, ante todo, un demócrata convencido y radical.

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17-02-2009
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Cuando en 1.962 fundó la Compañí­a Els Joglars este comediante anónimo se puso como meta primordial convertirse, junto con su equipo, en bufón colectivo de esta corte hispana tan plural y a la vez tan singular. Y en consecuencia se propuso hacer reí­r a nobles y villanos. De tal modo lo consiguió que los villanos le regalaron su aplauso mientras los nobles, de obligada nobleza, no pudieron sino rendirle una irónica sonrisa, dando a entender así­ los unos que gustan de sus chanzas y los otros que no se molestan con sus puyas. Así­, todos hermanados, se divierten y solazan. La diferencia es que, mientas la plebe rí­e sincera, la distinguida parte de la sociedad que se siente diana de tan bien lanzados dardos, practica la hipocresí­a de admitir, sin admirar, la broma. Y sin embargo, nosotros, que no heredaremos la tierra a no ser que la conquistemos, sólo diremos con Hamlet "que si al Rey la comedia no le gusta, será, supongo yo, que le disgusta".
 Un gran menú
Cuando en 1.962 fundó la Compañí­a Els Joglars este comediante anónimo se puso como meta primordial convertirse, junto con su equipo, en bufón colectivo de esta corte hispana tan plural y a la vez tan singular. Y en consecuencia se propuso hacer reí­r a nobles y villanos. De tal modo lo consiguió que los villanos le regalaron su aplauso mientras los nobles, de obligada nobleza, no pudieron sino rendirle una irónica sonrisa, dando a entender así­ los unos que gustan de sus chanzas y los otros que no se molestan con sus puyas. Así­, todos hermanados, se divierten y solazan. La diferencia es que, mientas la plebe rí­e sincera, la distinguida parte de la sociedad que se siente diana de tan bien lanzados dardos, practica la hipocresí­a de admitir, sin admirar, la broma. Y sin embargo, nosotros, que no heredaremos la tierra a no ser que la conquistemos, sólo diremos con Hamlet "que si al Rey la comedia no le gusta, será, supongo yo, que le disgusta".

             No les ha importado nunca a Boadella y su troupe la difamación ni el escándalo que, desde distintos ámbitos, han sufrido en propias carnes sólo por representar sus obras. Levantar pasiones siempre es labor titánica para quien es aficionado al peligro. Como olvidar, por ejemplo, La torna (1977), espectáculo que en plena transición democrática, ajustaba cuentas desenmascarando la cara “amable” y “blanda” con que se pretendían exhibir los últimos años de la dictadura. Esta obra, por sí sola, supuso un revulsivo sin precedentes en las artes escénicas españolas al traspasar los límites de la ficción generando un movimiento popular a favor de la libertad de expresión y en defensa de los propios actores, acusados y llevados ante un tribunal militar en consejo de guerra. Su Teledeum, por otra parte, estrenada a principios de los 80, desató lar iras de más de un arzobispo con su particular manera de hacer terapia humorística a través de la caricatura de una de las instituciones más antiguas que se conocen, la Santa Madre Iglesia. Tampoco el poder político se ha podido librar de la sátira.
            Su Ubú President es una obra maestra de mimetismo y denuncia. El mimetismo de reflejar en escena con asombrosa fidelidad los rasgos físicos y políticos de un personaje, el honorable Jordi Pujol, que ya era de por sí una caricatura de sí mismo; y la denuncia de los mecanismos de perpetuación del poder que en el caso que nos ocupa (el honorable) tantas similitudes guarda con la curiosa obra de Alfred Jarry (la saga Ubú).

 
            Como seguidores de la patafísica (disciplina que trata "las leyes que gobiernan las excepciones y explicarán el universo adicional a éste" según el Ubú de Jarry) Boadella y Cía. se atreven en esta ocasión a realizar un estudio exhaustivo de las leyes que rigen algo tan excepcional como el cambio climático y el universo paralelo que supone la actitud oficial de los que tienen alguna responsabilidad en evitarlo. A partir de una cena de lujo preparada por un cocinero de alta cocina se mezclan los ingredientes de una sátira eco-político-gastronómica de altura. La frivolidad y el disparate se hacen lenguaje común en boca de responsables y altos cargos, y el medio ambiente se convierte así en un gran negocio en lugar de un grave problema a solucionar.
 
            Si la función del artista es, al decir de Albert Boadella, transformar lo complejo en sencillo y comprensible, su único discurso es, por tanto, la obra. No queda, pues, más que recomendar que acudan a disfrutar de uno de los mejores y más innovadores grupos teatrales de Europa que estos días se presenta en Madrid, en los Teatros del Canal, Sala A, del 26 de febrero hasta el 12 de abril.
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