Arquitectura

Loft: La privacidad comunal (I)

¿Será capaz un paí­s con tanta influencia árabe como el nuestro de adaptarse al loft?

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15-02-2009
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¿Qué relación puede guardar la comuna rusa, Andy Warhol y Rita Barberá? El espacio común que les une es el loft. Parte de la URSS para ir al Soho neoyorquino y acabar en el nuevo Barrio Ros Casares de Valencia. Donde la alcaldesa valenciana, en el dí­a de su inauguración, presumí­a de promover el primer barrio de esta tipologí­a que existe en España. Pero, el largo recorrido de este tipo de vivienda durante el siglo XX ha conseguido adaptarse a las diferentes necesidades de cada sociedad manteniendo su espí­ritu transgresor en la reinterpretación de la privacidad. ¿Qué relación puede guardar la comuna rusa, Andy Warhol y Rita Barberá? El espacio común que les une es el loft. Parte de la URSS para ir al Soho neoyorquino y acabar en el nuevo Barrio Ros Casares de Valencia. Donde la alcaldesa valenciana, en el dí­a de su inauguración, presumí­a de promover el primer barrio de esta tipologí­a que existe en España. Pero, el largo recorrido de este tipo de vivienda durante el siglo XX ha conseguido adaptarse a las diferentes necesidades de cada sociedad manteniendo su espí­ritu transgresor en la reinterpretación de la privacidad.
La destrucción de la denominada “privacidad burguesa” había llegado en la comuna rusa. Un espacio común, reunía a un colectivo heterogéneo sin relación familiar. Buscando una nueva organización social engendraron una nueva forma de habitar.

Frente a la comprensión de la vivienda árabe como un fortín. Donde existe una secuencia clara de los diferentes grados de intimidad. Pasando de las estancias más públicas a las de mayor privacidad. Una larga transición que delimita la relación con el visitante: la calle, las primeras estancias, las estancias interiores y, finalmente, el dormitorio.

La década de los sesenta con la aparición de la “Factory”, loft neoyorquino de Andy Warhol, acabó con la concepción musulmana. Los artistas abandonaron las buhardillas francesas y se trasladaron a los baratos barrios de edificios industriales del Soho.

Grandes locales sin divisiones internas e intensamente iluminados, mostraban todo el espacio unitariamente. No existía lugar para la individualidad más allá del baño. Tampoco existían diferentes niveles de relación, era una casa de puertas abiertas habitada por una gran tribu de noche y de día.

Poco a poco, la vivienda de artistas, que combinaba el trabajo y la residencia en la misma estancia, pasó a ser el hogar representativo de los sectores más pudientes. El más frio minimalismo lo envolvió todo. De ser un destartalado y vivo taller de creación pasó a ser un sobrio museo.  Aun así, siguió mutando adaptándose a las nuevas familias contemporáneas, compuestas por un único miembro o una pareja.

Muy lejos queda ya la comuna soviética, pero el espacio unitario sigue manteniéndose. Y con él, la carencia de filtros de privacidad y las múltiples interrelaciones visuales que implica. Una gran incógnita se abre ante el nuevo barrio en la periferia valenciana. ¿Será capaz un país con tanta influencia árabe como el nuestro de adaptarse al loft?
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