Euskadi

Una visita bien pensada

Cinco diputados belgas realizan una visita por los pueblos de Euskadi para conocer la realidad de los concejales amenazados

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15-02-2009
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"Me encuentro triste por el Paí­s Vasco porque no hay razón para la violencia". Esta es la conclusión de Georges Dallemagne, uno de los seis polí­ticos Belgas que ha visitado recientemente Euskadi para conocer de cerca la vida de los concejales amenazados. "Me encuentro triste por el Paí­s Vasco porque no hay razón para la violencia". Esta es la conclusión de Georges Dallemagne, uno de los seis polí­ticos Belgas que ha visitado recientemente Euskadi para conocer de cerca la vida de los concejales amenazados.
“En Bélgica se habla de ETA cuando hay un atentado, pero no se habla del miedo cotidiano que sufren muchos cargos públicos”, afirma la periodista que ha impulsado la visita de la delegación. Se llama Marie-Paule Jeunehomme y trabaja para la radiotelevisión pública belga que cubrió el asesinato de Isaías Carrasco y varios atentados más como el del cuartel de Legutiano. Un miedo cotidiano del que se habla también esporádicamente en el propio País Vasco y que tenido que ser llevado a las pantallas por directores como Iñaki Arteta o Fermín Cabal, firmemente comprometidos con la Rebelión Democrática. No es el gobierno de Euskadi que promueve el fin de esta situación. La periodista programó una agenda amplia de visitas a representantes del PSE y del PP, asociaciones como Gesto por la Paz o Gernika Gogaratuz, profesores y empresarios. Bélgica, un país atormentado también por el nacionalismo excluyente irradiado desde el vecino teutón, es uno de los candidatos, todavía no resuelto, a servir de ejemplo de la fragmentación dulce, democrática.
 
Está muy bien pensada la visita desde el punto de vista de que se conozca en Europa la realidad que se vive en los pueblos y ciudades de España. Realidad que nada tiene que ver con la propaganda del nacionalismo, radical o no, de que es un país oprimido con una lengua y costumbres aplastadas, tal como reflejaba la última resolución de la Comisión Europea acusando a España de no cuidar suficientemente las lenguas minoritarias.
 
Está muy bien pensada desde que se fortalezca a nivel europeo las posiciones de rechazo a la fragmentación, sea con terrorismo o por la vía de la muerte “dulce”, pseudodemocrática, puesta en marcha en países como Checoslovaquia y que, de momento, ha sufrido serios reveses tanto en España como en Bélgica. Países en los que existen bases materiales para el desarrollo de la Europa de los Pueblos, por la existencia de diferencias lingüísticas, culturales, económicas entre diferentes regiones. En España ha sido rechazada popularmente  tanto en su versión etno-fascista (plan Ibarretxe) como en su versión “catalana”, donde tan sólo el 30% de la población acudió a las urnas a votar el Estatut. En Bélgica no han conseguido la escisión de la parte flamenca, pro-germana, de la balona, de donde son los representantes socialistas, verdes, liberales y centristas democristianos que se patearon pueblos de nuestra geografía como Hernani, Pasaia, Elorrio, Soraluze, Mondragón… auténticos feudos de los camisas pardas. En el caso de Mondragón les llamó la atención que son los ahora ilegalizados los que gobiernan, gestionando un presupuesto de 45 millones de euros, con varios concejales a sueldo, en dedicación exclusiva. Un nivel de autogobierno considerable para un país oprimido.
 
Y muy bien pensada desde el punto de vista de las próximas elecciones. Cuentan que en la reunión con Patxi López, a la pregunta de quién prefería, entre PP y PNV, para gobernar en Euskadi, contestó que gobernaría en solitario. Ya lo dijo Pilar Pazaurtundua después del asesinato de su hijo Joseba en una carta al líder socialista: “harás y dirás cosas que me helarán la sangre”.
 
 
 
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