Libros

El lector

Llevaba al cine, en una de las pelí­culas que compite por los oscars de este año, la novela indaga el peso de la culpa en las generaciones alemanas posteriores al nazismo

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14-02-2009
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Desde su publicación en 1995, "Der Vorleser" ("El lector", en castellano), la novela de un juez (y escritor) alemán llamado Bernhard Schlink, nacido en Bielefeld en 1944 (es decir, cuando el nazismo y la guerra están a punto de expirar), ha seguido un camino de éxito en éxito, recibiendo numerosos premios no sólo en Alemania, sino también en Francia e Italia, logrando notables ediciones en la mayorí­a de los paí­ses europeos y un importante reconocimiento de la crí­tica, que no es unánime, porque el tema de la novela es tan espinoso y delicado que inevitablemente la obra nace más que para liquidar, para avivar el fuego de una polémica y un debate de máximo interés. Y como era previsible, y la propia estructura de la novela lo favorece, el libro ha acabado en las pantallas de los cines. En España se puede ver desde fin de semana. Desde su publicación en 1995, "Der Vorleser" ("El lector", en castellano), la novela de un juez (y escritor) alemán llamado Bernhard Schlink, nacido en Bielefeld en 1944 (es decir, cuando el nazismo y la guerra están a punto de expirar), ha seguido un camino de éxito en éxito, recibiendo numerosos premios no sólo en Alemania, sino también en Francia e Italia, logrando notables ediciones en la mayorí­a de los paí­ses europeos y un importante reconocimiento de la crí­tica, que no es unánime, porque el tema de la novela es tan espinoso y delicado que inevitablemente la obra nace más que para liquidar, para avivar el fuego de una polémica y un debate de máximo interés. Y como era previsible, y la propia estructura de la novela lo favorece, el libro ha acabado en las pantallas de los cines. En España se puede ver desde fin de semana.
    Michael Berg tiene quince años, asiste al instituto de su ciudad (una ciudad de Alemania cuyo nombre el autor no nos da) y lleva una vida apacible con sus padres y su familia. Un día cae enfermo, se siente mal por la calle, vomita, y una mujer desconocida le ayuda a reponerse y volver a casa. Tiene hepatitis y pasa varios meses en cama. Cuando se repone, por iniciativa de su madre, acude a la casa de la mujer que le ayudó con un ramo de flores para darle las gracias. La mujer se llama Hanna, vive sola y tiene treinta y seis años.

    Éste será el principio de una relación erótica gradual, que empezará por el simple acto del acoplamiento físico, pero que irá ganando no sólo aspectos emotivos y sentimentales sino también "rituales": cada día antes de bañarse y hacer el amor, Michael tiene que leerle a Hanna algún fragmento de  un poema o de una novela. El ritual se repite durante varios meses, en los que "el lector" recita a la mujer obras de Schiller, de Goethe, de Tolstoi o de Dickenns, hasta que un día Hanna desaparece sin dejar el mejor rastro.

    Siete años después, Michael, convertido ya en estudiante de Derecho, asiste a unas prácticas de sus estudios que consisten en acudir a un juicio en el que cinco mujeres son acusadas de crímenes de guerra nazis y, en concreto, de haber trabajado voluntariamente como guardianas en un campo de concentración y ser responsables asimismo de la muerte de varias decenas de mujeres judías, que tenían bajo su custodia. El caso ha sido reavivado por una denuncia de las dos únicas supervivientes de aquel episodio del horror nazi. Una de las cinco mujeres acusadas en Hanna.
El "reencuentro" produce una verdadera conmoción en Michael, en cuyo interior se desata una lucha feroz entre los gratos recuerdos de aquella pasión amorosa a la que nunca encontró después un sustituto comparable y la necesidad racional de que una justicia implacable caiga sobre quienes fueron responsables de hechos de una atrocidad inconcebible. Michael trata de discernir y comprender qué pudo llevar a Hanna a cometer aquellos actos, y en definitiva llegar a descubrir quién es en realidad la mujer a la que amó... y a la que, en su fuero interno, siente que traicinó y abandonó, la mujer que va a marcar su vida dejándolo definitivamente estéril sentimentalmente. Y a la vez se ve sacudido por la fuerza de un interrogante inesperado: ¿qué responsabilidad tienen las generaciones de alemanes cuyos padres colaboraron y consintieron el nazismo? ¿Les alcanza la culpa y la vergüenza?

   Escrita en un estilo sobrio y carente de verdaderos atractivos puramente narrativos, "El lector" es un testimonio casi notarial de hasta dónde pueden llegar las heridas que abre la historia y el retrato de una generación de alemanes perseguida por un pasado que no vivieron, pero cuyas sombras se ciernen sobre ellos sin que lo puedan evitar.  
  
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