La reforma de la Ley concursal

Nuevo regalo de ZP a la banca. Y van...

La única razón de la reforma de la Ley Concursal es asegurar que la banca cobra sus deudas

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13-02-2009
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Zapatero va a presentar de forma inminente una reforma de la Ley Concursal, el procedimiento judicial para saldar las deudas de una empresa cuando se declara insolvente. ¿Va Zapatero a respaldar a las pymes, para las que la apertura de un procedimiento concursal es el preludio casi seguro a la quiebra? ¿Se plantea resolver los acuciantes problemas de los trabajadores de las empresas en quiebra, sin salario durante meses y en el peor de los casos arrojados al paro? Nada de eso. La única razón de la reforma, por la ví­a rápida, de la Ley Concursal, es asegurar que la banca cobra todos los préstamos concedidos. Un nuevo regalo de Zapatero a la banca. Y van...
 (EFE)
(EFE)
Zapatero va a presentar de forma inminente una reforma de la Ley Concursal, el procedimiento judicial para saldar las deudas de una empresa cuando se declara insolvente. ¿Va Zapatero a respaldar a las pymes, para las que la apertura de un procedimiento concursal es el preludio casi seguro a la quiebra? ¿Se plantea resolver los acuciantes problemas de los trabajadores de las empresas en quiebra, sin salario durante meses y en el peor de los casos arrojados al paro? Nada de eso. La única razón de la reforma, por la ví­a rápida, de la Ley Concursal, es asegurar que la banca cobra todos los préstamos concedidos. Un nuevo regalo de Zapatero a la banca. Y van...
En un escenario de crisis, donde las quiebras de empresas se han triplicado durante el último año, la banca ha exigido al gobierno la reforma de la ley concursal con un único objetivo: asegurar que la banca cobre las deudas, aunque eso suponga la desaparición de la empresa o que los proveedores, en su mayoría pymes, dejen de cobrar, y se vean con eso abocados a la quiebra.
La actual ley concursal, en vigor desde 2003, permite al juez anular cualquier acuerdo de refinanciación de la deuda que sea perjudicial para la masa de acreedores en los dos años anteriores al procedimiento concursal.
En caso de que esto ocurra, la deuda que las entidades han refinanciado con la banca se subordina, con lo que se sitúa a los bancos en el último puesto de cobro, con el riesgo de no cobrar o incluso de ser obligados a pagar daños y perjuicios.
El caso más claro fue la quiebra de Martinsa Fadesa –la mayor suspensión de pagos de la historia de España-, donde un juzgado prohibió a la banca apropiarse cautelarmente de los inmuebles aportados por la empresa en garantía de la refinanciación de su deuda.
Si sumamos todas las constructoras e inmobiliarias que han financiado y refinanciado su deuda con los bancos, muchas de ellas abocadas a la quiebra por el estallido de la crisis, comprenderemos el temor de la banca. Es mucho dinero el que está en juego –el 65% de los créditos bancarios han estado destinados durante años a la construcción-. Y la banca quiere asegurarse el cobro de estas deudas.
Por eso, los bancos y la patronal bancaria han exigido al gobierno el cambio de la ley Concursal, apremiándole incluso a que lo realizara mediante decreto ley, el procedimiento más rápido y expeditivo, que excluye el trámite del debate parlamentario.
Y Zapatero, una vez más, ha dado satisfacción a las demandas de la banca. Con una inusitada aceleración, la Ley Concursal está lista para ser reformada, únicamente en el sentido que le interesa a la banca.
Mientras, nueve de cada diez empresas que se declaran en suspensión de pagos, desaparecen, agobiadas no sólo por la deuda sino también por las exigencias e ineficacia del actual procedimiento concursal.
Y los trabajadores de esas empresas en quiebra, subsisten en algunos casos durante meses sin cobrar su salario, o son directamente arrojados al paro bajo el eufemismo de “ajuste de plantilla”.
Pero todo esto no es urgente para Zapatero. En cambio, las demandas de la banca son satisfechas casi al instante.
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