Las Diez Crisis Más Desatendidas II

Entrevista a Alfonso Verdú. Responsable de MSF para Somalia

Barcazas preparadas para 30-40 personas son cargadas con hasta 150; el viaje toma entre 2 y 5 dí­as; los traficantes golpean a los refugiados. Mujeres, ancianos y bebés son lanzados al mar.

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11-02-2009
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Hasta el 18 de febrero puede visitarse en la Estación Puerta de Atocha (Jardí­n Tropical) la exposición multimedia "Somalia: Sobrevivir al Olvido". 74 fotografí­as y varios audiovisuales muestran las duras condiciones en las que intenta sobrevivir el pueblo somalí­. En colaboración con Adif, Mádicos Sin Fronteras pone voz e imagen a las consecuencias de una tragedia oculta por los medios tras la imagen mediática de "los piratas somalí­es". En el serial que De Verdad digital ofrece en colaboración con MSF, hoy contamos con Alfonso Verdú, Responsable de Programas de MSF para Somalia.
         Alfonso Verdú
Alfonso Verdú
Hasta el 18 de febrero puede visitarse en la Estación Puerta de Atocha (Jardí­n Tropical) la exposición multimedia "Somalia: Sobrevivir al Olvido". 74 fotografí­as y varios audiovisuales muestran las duras condiciones en las que intenta sobrevivir el pueblo somalí­. En colaboración con Adif, Mádicos Sin Fronteras pone voz e imagen a las consecuencias de una tragedia oculta por los medios tras la imagen mediática de "los piratas somalí­es". En el serial que De Verdad digital ofrece en colaboración con MSF, hoy contamos con Alfonso Verdú, Responsable de Programas de MSF para Somalia.
En un año casi 45.000 personas han arriesgado la vida – muchos la han perdido – en un trayecto que suele partir de la ciudad somalí de Bossaso y que dura de tres días a bordo de una patera. Todo por huir de la extrema pobreza y la persecución. ¿Qué trabajo hacéis desde MSF y a qué dificultades os enfrentáis?
 
MSF está presente en Yemen desde el año 2007 tratando la problemática de los refugiados somalíes (y etíopes) que huyen de la violencia y la extrema pobreza. El proyecto da respuesta a las necesidades médico humanitarias derivadas de un viaje en el que arriesgan su vida; barcazas preparadas para 30-40 personas son cargadas con hasta 150; el viaje toma entre 2 y 5 días; los traficantes golpean a los refugiados e incluso hemos recogido testimonios que han visto cómo mujeres, ancianos y bebés eran lanzados al mar durante el trayecto...
 
Nuestra atención se produce directamente en la costa, en el momento mismo de la llegada, con equipos móviles que se desplazan para atender las necesidades básicas y, posteriormente, en los campos de refugiados. Todo ello ha sido documentado en el informe “Sin otra opción”, disponible en la página de MSF (www.msf.es). Sin embargo, lo importante es empezar a hablar del éxodo Somalí: Yemen no es el único caso de recepción de refugiados somalíes en condiciones inaceptables; Kenya tiene a día de hoy más de 250.000 refugiados; pero también Etiopía, Djibouti, Uganda o Eritrea han recibido miles de ellos.
 
La respuesta de MSF a esta crisis se da a todos los niveles: programas de cirugía de guerra, nutricionales, de salud materno – infantil, respuesta a brotes epidémicos, programas de tuberculosis, malaria o kala-azar (fiebre negra), asistencia a refugiados y desplazados, programas de agua, higiene y saneamiento, distribución de utensilios no alimenticios (mosquiteras, cobijas, mantas, ropa)... todo esto hace de Somalia la intervención humanitaria por definición.
 
¿Por qué con toda la atención internacional puesta en el cuerno de África no es posible que se enfoque a esta tragedia y solo se habla de los barcos piratas, con honrosas excepciones?
 

Supongo que la respuesta a esta pregunta se basa en que estas problemáticas no interesan en nuestra sociedad al no tener un impacto directo, como la pueda tener el aumento del precio del petróleo derivado de la actividad de los piratas. Los piratas que a una organización como MSF interesan son los que trafican con seres humanos en condiciones infrahumanas, como es el caso de los refugiados que cruzan el Golfo de Adén hacia Yemen. Desde MSF tratamos de visibilizar lo que denominamos “Crisis Olvidadas”; cada año hacemos público un informe que recoge las 10 crisis más olvidadas por los medios de comunicación (podéis descargaros el informe en http://www.msf.es/varios/topten2008/); dentro de éstas, Somalia ha estado presente de forma regular.
 
Uno de los problemas es la acogida de los países vecinos a los refugiados, ¿cuál es la situación?
 

La situación depende de cada uno de los países. Mientras que en Yemen existe un reconocimiento inmediato de los Somalíes en tanto refugiados, el dilema pasa por la capacidad de respuesta que este país, el más pobre de Asia y con una renta per capita inferior a la de muchos países africanos, pueda tener. En otros países, como Kenya, que ha recibido 250.000 refugiados somalíes y tiene uno de los mayores campos de refugiados del mundo (el de Dadaab, con 230.000 personas), organizaciones como HRW y AI han documentado el cierre de fronteras e incluso casos de retorno forzado de somalíes a sus lugares de origen. El derecho que tienen estas personas a que se les garantice el reconocimiento como refugiados debe ser garantizado por las autoridades nacionales respectivas y, en última instancia, es parte del rol de ACNUR. Nuestro papel es garantizar que sus necesidades médico – humanitarias son cubiertas tanto en el interior del país como una vez se ha producido el cruce de la frontera, aunque sea en un campo de refugiados. En este sentido, MSF trabaja, además de en Somalia, en Yemen, Kenya, Djibouti, Etiopía, Uganda y otros países del Cuerno de África receptores del éxodo Somalí.
 
¿Cuál es la actitud de los diferentes agentes en la zona, EEUU, Etiopía o la ONU?
 

La comunidad internacional en general y Etiopía en particular han tenido un papel fundamental en Somalia: el haber apostado por derrocar a las Cortes Islámicas mediante el envío del ejército etíope en un nuevo acto de intervensionismo militar. MSF, en tanto organización médico-humanitaria de emergencia, neutral e imparcial, no tiene un posicionamiento al respecto. Sí nos pronunciamos, sin embargo, sobre las consecuencias que estas decisiones tienen para la población civil; y lo que hemos visto en directo a través de la implementación de nuestros proyectos, es que, muy lejos de mejorar la situación, estas decisiones han empeorado dramáticamente los indicadores básicos de salud. Las intervenciones quirúrgicas a civiles como consecuencia de la violencia han aumentado drásticamente; el número de desplazados internos y de refugiados en 2008, también (870.000 personas desplazadas sólo en ese año); y la situación nutricional se ha deteriorado hasta el punto de que 3.2 millones de somalíes a día de hoy están en riesgo de desnutrición.
 
Somalia es uno de los pocos lugares del mundo en el que necesitáis protección para hacer vuestro trabajo, ¿puedes explicárnoslo y darnos datos sobre vuestra situación allí?
 
El principal obstáculo para nuestra labor en Somalia es la seguridad. Dos compañeras nuestras fueron secuestradas a finales de 2007 y tres compañeros fueron asesinados en enero de 2008. En los más de 80 países en los que MSF trabaja, muchos de ellos conflictos armados, no utilizamos protección armada de ningún tipo. MSF no utiliza convoyes armados de otros actores ni protección de fuerzas de seguridad sean éstas privadas o estatales. En Somalia, y sólo en alguno de los 11 proyectos que tenemos en marcha, nos vemos obligados a utilizar guardias armados como estrategia de disuasión frente a nuevos ataques deliberados (el año pasado, 27 trabajadores humanitarios fueron asesinados en el país).
 
Sin embargo, me gustaría puntualizar que la mayor parte de nuestra gestión de la seguridad en países como Somalia se basa en otras herramientas: siempre hemos pensado que nuestra mejor protección es la acción médica; el establecimiento de un “contrato” con la comunidad con la que trabajamos en la que ellos velan por nuestra seguridad ha funcionado y funciona de hecho en conflictos como el palestino, el de Darfur o el de República Democrática del Congo. Asimismo, mantenemos contactos, en tanto actor independiente y neutral, con todas las partes del conflicto; pero también con los líderes clánicos y religiosos. Los propios guardias armados llevan trabajando con nosotros más de 12 años; hay que mirarlos más allá de las armas que portan: ellos tienen una familia, un clan, una comunidad a la que pertenecen y, obviamente, también transmiten el mensaje sobre lo que somos y lo que hacemos.
 
¿En este caso es especialmente importante el carácter independiente de MSF?
 
Si. La independencia de una organización como la nuestra es fundamental en un conflicto como este. No sólo el hecho de financiarnos 100% con fondos privados, no provenientes de donantes institucionales, algunos de los cuales se perciben como parte del conflicto, sino la independencia para tomar decisiones en cuanto a la distribución de la ayuda humanitaria (para que llegue directamente a las poblaciones) y, sobretodo, de tomar la decisión tal vez más difícil e importante en un país como éste: el estar en él.
 
¿Quieres añadir algo más?
 
Si. Somalia ha sido definida como “la peor crisis humanitaria del mundo”, y es algo en lo que estoy de acuerdo: se estima que entre 300.000 y 500.000 personas han perdido la vida desde el inicio del conflicto; hay más de 1.300.000 desplazados internos y alrededor de 500.000 refugiados somalíes; 3.2 millones de personas están en riesgo de malnutrición; hay brotes epidémicos recurrentes de cólera, malaria, polio, etc.; enfermedades básicas como la malaria, la tuberculosis, las infecciones respiratorias y las diarreas asesinan a miles de personas al día; el acceso a la salud es inexistente (4 médicos por millón de personas frente a los 4580 que tenemos en España); el 70% de la población no tiene acceso a agua potable...
 
Alfonso Verdú es licenciado en Derecho Internacional, y es el Responsable de
Programas de MSF para Palestina, Somalia, Kenya, Uganda y Marruecos.
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