visita de la presidenta de Argentina a España

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Crónica de la rueda de prensa de Cristina Fernández y José Luis Rodrí­guez Zapatero

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10-02-2009
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Más allá de los titulares sobre el conflicto del estado argentino con la empresa española Marsans sobre la expropiación de Aerolí­neas Argentinas, la visita de la presidenta de la República Argentina ha venido marcada por la voluntad de, junto a España, conseguir cambios en la próxima reunión del G-20 en Londres a principios de Abril. Deverdaddigital estuvo en la rueda de prensa que dieron José Luis Zapatero y Cristina Fernández de Kischner en el Palacio de la Moncloa.
 (efe)
(efe)
Más allá de los titulares sobre el conflicto del estado argentino con la empresa española Marsans sobre la expropiación de Aerolí­neas Argentinas, la visita de la presidenta de la República Argentina ha venido marcada por la voluntad de, junto a España, conseguir cambios en la próxima reunión del G-20 en Londres a principios de Abril. Deverdaddigital estuvo en la rueda de prensa que dieron José Luis Zapatero y Cristina Fernández de Kischner en el Palacio de la Moncloa.
       Argentina es hoy un país emergente y su presidenta enmarcó los objetivos y compromisos a conseguir en la próxima cumbre del G-20 en la contundente realidad de que su país ha contribuido en los últimos cinco años, tras superar el dramático episodio de la crisis “del corralito”, a crear riqueza a un ritmo de “tasas chinas” (¿por qué no llamarlas “tasas argentinas”, bromeó) El resultado es que en 2008, apenas 5 años después de que Argentina padeciera unos índices de paro del 25% en una crisis económica, social y política sin precedentes,  los dividendos que repartieron las empresas que cotizan en bolsa, encabezadas por la española Repsol-YPF, fueron los más importantes de los 18 años previos, 4000 millones de dólares. Es lógico que los cambios que Argentina precisa a nivel del sistema financiero mundial, deben a atender a que los países emergentes no han causado, sino todo lo contrario, han sufrido, las consecuencias de la crisis mundial. Lo que puede, y debe, ser entendido como un claro rechazo a pagar la factura de los desperfectos que han creado “otros”. Y, en ese sentido, llamó a Zapatero a discutir previamente las posturas y propuestas a presentar conjuntamente para evitar un discurso “reunionista” al que, afirmó, son adeptos todos los políticos. Interminables reuniones con interminables discursos que acaban sin resoluciones que impacten en la vida de los ciudadanos.
 
      Frente a cualquier intento de reducir las relaciones con España al conflicto con Marsans, Cristina Fernández hizo un llamamiento a no valorar la película por sólo una escena, sino verla en toda su extensión. El desafio que lanzó al gobierno español es intensificar y profundizar una relación que se encuentra en su punto óptimo y que se concreta, además de los acuerdos bilaterales firmados (que los argentinos puedan votar en España y viceversa, y un acuerdo sobre investigación en genómica), en objetivos comunes  en cuanto a “conseguir un modelo de globalización diferente al que ofrece el neoliberalismo”. O sea, frente a una globalización homogénea, unipolar y unicultural, que ha estallado, una basada en la multipolaridad y multiculturalidad. Si no, afirmó, “más que globalización parece subordinación.”
 
 
 
       En definitiva, frente a declaraciones de intenciones bienintencionadas pero generales sobre las buenas relaciones fraternales con Hispanoamérica y los cambios en el sistema financiero, las palabras de Cristina Fernández no dejaba lugar a dudas sobre cuál es el principal obstáculo: EEUU. Detalle importante, frente a bajar la guardia por la reciente victoria de Obama. Mientras Zapatero apuntaba en general a conseguir mayor equidad en el Banco Mundial y el FMI, o a la supresión de los paraísos fiscales como base para recuperar la credibilidad del sistema financiero, la presidenta de Argentina recordó que su país viene reclamando desde 2003, antes de esta crisis, la reforma de las organismos multilaterales de crédito internacionales porque “Argentina vivió en carne propia ser una base de experimentos del Fondo Monetario Internacional”, lo que culminó en la crisis de 2001.
 
 
     Y esto no es un problema económico sino de correlación de fuerzas política, de poder. Eso es lo que pretende Argentina que cambie. Según la presidenta argentina las políticas para enfrentar la crisis tienen que cuestionar la política del Fondo Monetario Internacional, la receta permanente de “superávit fiscal y ajuste permanente…. excepto para EEUU,  al que nadie le recomienda el superávit y, de hecho, tiene el déficit fiscal más fenomenal de su historia y es financiado por el resto del mundo por el hecho de ser el dólar la moneda reserva desde 1941… una cosa que vamos a tener que discutir si el dólar si sigue siendo la moneda reserva porque si es la moneda de quien produce los productos tóxicos, quien tiene el mayor déficit fiscal  y se sigue financiando con las reservas del resto de países, entonces no tenemos solución.”
 
 
    La economía es, según Cristina Fernández, sólo “el iceberg en el problema que tenemos con el multilateralismo en el mundo”. La desigualdad en la representación de los organismos multilaterales que se propone cambiar, es tan sólo la expresión de la desiguladad en el terreno de la toma de decisiones políticas que se da, por ejemplo, en la ONU, donde las grandes potencias “pueden violar sus decisiones y otros son castigados por no acatarlas… como nos pasa por ejemplo a nosotros en el tema de Malvinas, donde no logramos que Reino Unido cumpla una resoluciones de la ONU. Sin embargo, si un país pequeño no cumple una resolución puede ser invadida o castigada. ¿Qué es lo que digo? Un mundo sin reglas es imposible que subsista. Pero un mundo donde las reglas sólo deben ser cumplidas por los más débiles y violadas sistemáticamente por los más poderosos,  también es un mundo absolutamente invivible.
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