PP: tras la guerra de los espí­as, las tramas de corrupción (I)

Diez negritos (y no quedó ninguno)

Con esta nueva carga de profundidad, el liderazgo de Rajoy, seriamente tocado, puede quedar hundido

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09-02-2009
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Lo primero que aprende cualquier aficionado a los relatos de intriga es a preguntarse por el móvil del crimen para descubrir al asesino. Pero, ¿qué ocurre cuando todos son sospechosos, todos tienen móvil y, además, cada uno de los posibles asesinos se va convirtiendo, dí­a tras dí­a, en la siguiente ví­ctima? Algo parecido a lo que está sucediendo en el seno del PP.
 Después de la guerra de espí­as, aparece una trama de corrupción directamente ligada a sectores de la alta dirección del partido. (Efe)
Después de la guerra de espí­as, aparece una trama de corrupción directamente ligada a sectores de la alta dirección del partido. (Efe)
Lo primero que aprende cualquier aficionado a los relatos de intriga es a preguntarse por el móvil del crimen para descubrir al asesino. Pero, ¿qué ocurre cuando todos son sospechosos, todos tienen móvil y, además, cada uno de los posibles asesinos se va convirtiendo, dí­a tras dí­a, en la siguiente ví­ctima? Algo parecido a lo que está sucediendo en el seno del PP.

 
 Hace unas semanas fue la guerra de espías que desgarró internamente, en una pelea a navajazos, al PP de Madrid, su organización más poderosa. Ahora, una trama de corrupción directamente ligada a sectores de la alta dirección del partido y ramificada por tres de los más importantes bastiones electorales populares –Valencia, Madrid y Galicia– amenaza con desatar una nueva tormenta de consecuencias también imprevisibles.
 
En el centro aparente de la trama, una serie de personajes de la sociedad bien de la capital –a alguno de los cuales bastaría con retocarle el vestuario para creer que nos encontramos en el Madrid del Marqués de Salamanca, de las comisiones francesas para la construcción del ferrocarril y la desenfrenada especulación bursátil e inmobiliaria–, que se movieron desde mediados de los años 90 en torno a la dirección nacional y regional del PP. Conocidos por sus estrechas relaciones con la anterior ejecutiva, ello les permitió abrir muchas puertas en el PP para sus negocios particulares, pese a no disponer de cargo orgánico alguno en el partido.
 
¿Por qué aparece ahora la trama de corrupción? En el PP se han apresurado a responsabilizar al PSOE de perseguirles con saña. Con el doble objetivo de desviar la atención de la dimensión de la crisis y de impedir que el PP pueda rentabilizar electoralmente el desgaste del gobierno. Seguro que algo de esto hay. Pero no lo suficiente para explicarlo todo. Y en primer lugar, que la denuncia sobre la trama de corrupción ante la fiscalía partiera de un grupo de cargos públicos y dirigentes regionales del PP de Madrid.
 
Con esta nueva carga de profundidad, el liderazgo de Rajoy, ya seriamente tocado, puede quedar definitivamente hundido. A pesar de que fue justamente él quien cortó en seco la relación de este grupo con la dirección del PP al acceder al cargo. En apenas 20 días, posiblemente los resultados de las elecciones de Galicia y Euskadi, a poco que sean desfavorables al PP –y con la que está cayendo lleva todos los boletos para que así sea– pueden certificar definitivamente su hundimiento y la aceleración de su ya parece que irreversible recambio.
 
Diez negritos se fueron a cenar.
Uno de ellos se asfixió y quedaron
Nueve.
 
 
Pero no es sólo Rajoy el que se deja pelos en la gatera en este asunto. Las revelaciones periodísticas de El País –que como en el caso de El Mundo y los GAL hay que preguntarse de dónde están saliendo– dejan seriamente tocado a Aznar. Cuyo nombre había sido agitado recientemente por sectores de la prensa conservadora madrileña como posible fórmula de transición de emergencia en el PP hasta que las aguas bajaran menos revueltas. Operación que queda en entredicho tras saberse que los cerebros de la trama de corrupción fueron elevados por él y estaban localizados en su entorno familiar más íntimo. Y que fue durante su época al frente del PP cuando conocieron su período de mayor prosperidad y enriquecimiento.
 
Nueve negritos trasnocharon mucho.
Uno de ellos no se pudo despertar y quedaron
Ocho.
 
Rodrigo Rato es el tercer hombre de esta historia. Un personaje del que nadie habla, pero cuyo fantasma está siempre presente –desde su inesperado regreso de la dirección del FMI– como posible cabeza de una operación de altos vuelos para cambiar de rumbo (sin que  se sepa exactamente hacia dónde) al PP. Aunque indirectamente, también él resulta afectado por sus históricos vínculos políticos y personales con Romero de Tejada, personaje en la sombra del tamayazo, ex-secretario regional del PP madrileño y muñidor desde este cargo del golpe de mano que colocó en la alcaldía de Boadilla a quienes hoy aparecen directamente vinculados con la trama corrupta.
 
Ocho negritos viajaron por el Devon.
Uno de ellos se escapó y quedaron
Siete
 
 
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