Israel en ví­spera electoral con el Likud como favorito

Cuenta atrás para la mecha

Las negociaciones con Hamás saltarán por los aires si se confirma la victoria de un hombre que ansí­a reocupar violentamente Gaza

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09-02-2009
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A un dí­a de la celebración de los comicios en Israel, el mundo se prepara para el previsible regreso al gobierno de Tel Aviv de uno de los personajes más tenebrosos y agresivos de la polí­tica israelí­: el ex-primer ministro Benjamí­n Netanyahu. Su lí­nea de intransigencia y hostilidad extrema hacia los palestinos podrí­a incrustar un hierro al rojo permanente en el corazón de Oriente Medio, generando un giro de 180º al rumbo que estaba tomando la región tras la llegada a la Casa Blanca de Obama y sus esfuerzos por apagar el incendio de Gaza .
 Netanyahu aventaja a Livni a un dí­a de los comicios. EFE
Netanyahu aventaja a Livni a un dí­a de los comicios. EFE
A un dí­a de la celebración de los comicios en Israel, el mundo se prepara para el previsible regreso al gobierno de Tel Aviv de uno de los personajes más tenebrosos y agresivos de la polí­tica israelí­: el ex-primer ministro Benjamí­n Netanyahu. Su lí­nea de intransigencia y hostilidad extrema hacia los palestinos podrí­a incrustar un hierro al rojo permanente en el corazón de Oriente Medio, generando un giro de 180º al rumbo que estaba tomando la región tras la llegada a la Casa Blanca de Obama y sus esfuerzos por apagar el incendio de Gaza .
Aunque la ventaja del Likud de Netanyahu sobre el Kadima de Tzipi Livni se ha acortado a sólo uno o dos diputados, el ascenso del partido ultraortodoxo Israel Beitenu de Avigdor Lieberman como tercera fuerza en votos daría las llaves del gobierno a los partidos más reaccionarios, agresivos e incendiarios del sionismo israelí.
 
Netanyahu ya socavó el proceso de paz durante su mandato entre 1996 y 1999, labor que culminó explosivamente Sharón con la visita a la explanada de las mezquitas en septiembre de 2000. Pero no sólo sus antecedentes hablan de sus intenciones, sino sus propias palabras. La campaña electoral del Likud ha estado centrada en inocular el miedo entre sus votantes a que Cisjordania siga los pasos de Gaza, y el movimiento islamista Hamás –y con él la influencia de Irán- se haga con el gobierno de la ANP. Netanyahu nunca ha ocultado que considera que los palestinos no podrán establecer un estado que no represente una “amenaza existencial” para Israel, y siempre ha insistido en que los palestinos no tienen derecho a compartir la tierra, porque la "robaron al pueblo judío en el año 636 d. de C”.
 
El líder del Likud es un firme defensor de que la política de “paz por territorios” es una traición y una pérdida de tiempo. Eso es lo que estuvo en el origen de la fractura del Likud que dio origen a Kadima: Sharón –con un planteamiento más pragmático dictado por Washington- decidió la retirada de las tropas del Tsahal de la franja de Gaza, algo a lo que su ministro y al mismo tiempo rival Netanyahu se opuso ferozmente. Sharón, acompañado de Olmert y Livni, abandonaron el Likud y fundaron el Kadima, quedando los halcones del sionismo divididos en dos formaciones.
 
Pero esos planteamientos no forman parte del pasado. Netanyahu ya ha declarado que su prioridad será mantener bajo control israelí la totalidad de Jerusalén y los Altos del Golán –territorio sirio bajo control israelí desde la Guerra de los Seis Días (1967)-. Los palestinos reclaman la primera como capital de su futuro Estado, mientras que Damasco exige la devolución completa del Golán a cambio de la paz con el Estado Judío. El líder del Likud no sólo ha dejado claro que en ninguna circunstancia se dará este canje bajo su mandato, sino que promoverá el “crecimiento natural” de los asentamientos judíos en Cisjordania.
                     
Las eventuales negociaciones con Hamás –que estos días parecen avanzar inusitadamente ligeras- podrían saltar por los aires al instante si se confirma la victoria de un hombre que llama a reocupar violentamente Gaza para "liquidar" al movimiento islamista, y que ha reprochado públicamente al genocida gobierno Olmert por “no haber ido más lejos” en la masacre de Gaza, por no haber terminado el trabajo. 1400 muertos y 5000 heridos no son suficientes, Netanyahu ansía más sangre.
 
Pero la victoria del Likud no sólo supondría una inminente amenaza de fuego y destrucción para el pueblo palestino. La viuda de Isaac Rabin siempre señaló con el dedo a este hombre como el instigador del clima de odio que llevó al asesinato de su marido. Netanyahu se fundía en abrazos y saludos a las multitudes que gritaban "Rabin es nazi" y "a sangre y fuego, desaparecerá Rabin." Y no dudó en calificar al antiguo primer ministro de "traidor", poco antes de que un judío ultranacionalista lo asesinara alegando eso mismo. En la actual campaña, Netanyahu y su aliado Lieberman se han mostrado partidarios de que los partidos políticos arabe-israelíes –que representan a buena parte de este sector, el 20% de la población de Israel- sean ilegalizados, y tratados "como Hamás”.
 
La victoria de Netanyahu supondría incrustar una carga de profundidad de varios megatones en una de las fallas geopolíticas más sensibles del mundo. Cabe preguntarse ¿que piensa el actual inquilino de la Casa Blanca y su Secretaria de Estado de todo esto?.
 
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