Afganistán ¿tregua con los Talibanes?

Lo que no arreglan las balas

Afganistán será el foco de la polí­tica militar norteamericana, afirmó el secretario de Defensa, Robert Gates. Es el "mayor reto", dijo.

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09-02-2009
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Estados Unidos tiene pensado desplegar en el próximo año 30 mil más de sus soldados que se sumarán a los 34 mil presentes en la zona. Pero hay problemas en Afganistán que las balas no pueden arreglar. El "mayor reto" toca a la puerta de Obama con un grado de complejidad inusitado.
 El ministro de Defensa alemá, Franz Josef Jung, el presidente afgano, Hamid Karzai, y el consejero de Seguridad Nacional estadounidense, James Jones, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, Alemania. EFE
El ministro de Defensa alemá, Franz Josef Jung, el presidente afgano, Hamid Karzai, y el consejero de Seguridad Nacional estadounidense, James Jones, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, Alemania. EFE
Estados Unidos tiene pensado desplegar en el próximo año 30 mil más de sus soldados que se sumarán a los 34 mil presentes en la zona. Pero hay problemas en Afganistán que las balas no pueden arreglar. El "mayor reto" toca a la puerta de Obama con un grado de complejidad inusitado.
Muestra de la situación descontrolada que vive Afganistán, son las significativas peticiones del gobierno del presidente Hamid Kazai por una “tregua” con los talibanes.
 
Una propuesta sin precedentes desde que las tropas de EEUU invadieron el país encumbrados en su “lucha contra el terrorismo”.
 
El presidente Karzai, ante todos los representantes europeos en la conferencia de Munich, propuso una nueva estrategia que incluye la “reconciliación con los talibanes que renuncien a la violencia”.
 
No es una nueva “vía pacifista”, sino una nueva estrategia que manifiesta el grado al que están desbordados, tanto el desacreditado gobierno afgano y como las odiadas tropas de la OTAN.
 
Afganistán vive una situación incendiaria.
 
Tres elementos se combinan en este cóctel explosivo que revienta en varias zonas del país, cuando no en su mismo centro.
 
Uno, el aumento de las milicias talibán. Un hecho aceptado hasta por Washington. Si hace un año la inteligencia norteamericana reconocía que los Talibanes controlaban el 10% del país (y la OTAN sólo el 30%) ¿Cuánto territorio controlan un año después cuando, oficialmente, se da por hecho que hay diez provincias bajo el mando talibán?
 
Dos, el corte de suministros (alimentos y municiones) para las tropas de la OTAN por la frontera de Pakistán. Perpetrando hasta 100 ataques diarios a los camiones de suministros, los talibanes han hecho prácticamente inviable el tránsito por esta frontera.
Y si las tropas no comen ¿qué puede llegar a pasar?
 
Las vías alternativas de suministro que Obama negocia con algunas ex repúblicas soviéticas (Bielorrusia, Ucrania, Turkmenistán, Uzbekistán o Tayikistán) resuelven parte del problema, pero abren inevitablemente nuevas contradicciones políticas y diplomáticas entre Washington y Moscú.
 
El tercer elemento explosivo es la acumulada desestabilización del país. Tras siete años de invasión, el rechazo de la población a las tropas de ocupación es creciente y virulento. Los constantes “daños colaterales” que provocan los soldados de la OTAN han sembrado la inquina, cuando no el odio, entre la población afgana.
 
Sólo en el 2008 en el país murieron 3.000 personas víctimas de la violencia, de las cuales más de 1.400 son civiles.
En este caldo de cultivo los talibanes han ido ganando fuerza entre la población.
 
“Jamás en mi vida he visto un lío semejante”, reconoció Richard Holbrooke nuevo enviado especial de la Casa Blanca a Afganistán. Dicho por quien a mediados de los noventa fue negociador decisivo en el conflicto de los Balcanes, es elocuente sobre las dificultades que abre el “mayor reto” de EEUU: Afganistán.   
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