Selección de prensa nacional

Estado de corrupción

La crisis no sólo ha aterrizado en Euskadi para quedarse, sino que ha comenzado a afectar de forma grave a la 'joya de la corona': el sector industrial

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08-02-2009
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En su habitual artí­culo dominical, el director de El Confidencial, Jesús Cacho, vuelve nuevamente a una de sus demandas más insistentes, la necesidad de la regeneración democrática, raí­z de las detenciones ordenadas por el juez Garzón sobre una trama de corrupción ligada al aparato central del PP y a los de sus dos organizaciones más poderosas (Madrid y Valencia).
 Estado de corrupción
En su habitual artí­culo dominical, el director de El Confidencial, Jesús Cacho, vuelve nuevamente a una de sus demandas más insistentes, la necesidad de la regeneración democrática, raí­z de las detenciones ordenadas por el juez Garzón sobre una trama de corrupción ligada al aparato central del PP y a los de sus dos organizaciones más poderosas (Madrid y Valencia).

 
Cacho denuncia como en la España del crecimiento imparable de los últimos años, mientras la mayoría de la sociedad se ha tenido que conformar con las migajas, a su alrededor “proliferaban los coches de lujo, los yates, las grandes mansiones que lucía una exigua minoría arracimada en torno a la gigantesca corrupción (...) del Sistema, con el consentimiento cómplice de los dos grandes partidos usufructuarios de la tarta y los nacionalistas periféricos”.

En El Periódico de Catalunya de hoy, José García Abad, editor de la revista El Siglo y cercano a las corrientes y familias situadas más a la izquierda en el PSOE, arremete, y de forma bastante dura, contra Zapatero y su complacencia ante una banca que, según el autor, en lugar de recibir ayudas y dinero del Estado, debería ser ella la que lo prestara. Lo más significativo, seguramente, la mención que hace al final sobre el rechazo que en una parte del aparato del PSOE está provocando la política de Zapatero hacia la banca.
 
Algo similar, aunque situado en un plano más intelectual, a lo que hace unos días planteaba Ignacio Sotelo, también conocido por su cercanía al PSOE y, en general a la socialdemocracia europea. En su artículo, defiende la idea de que ni los gobiernos con sus planes de rescate y estímulo ni la socialdemocracia están siendo fieles al pensamiento de Keynes. Sin una política de inversiones públicas eficaz para lograr el peno empleo y sin la intervención del Estado para poner fin, o al menos un límite, a la “desigual distribución de la riqueza y los ingresos”, no puede ni hablarse de un regreso al keynesianismo, según Sotelo. 
  
  
Digital. El Confidencial
ESTADO DE CORRUPCIÓN
Jesús Cacho
 
Como a perro flaco todo son pulgas, al Partido Popular le acaba de estallar su enésimo escándalo de corrupción a veinte días de dos elecciones autonómicas (...) No es un escandalete más, de los muchos que jalonan la vida de una democracia maltrecha por la conducta de una minoría –aunque sí muy influyente y poderosa- de españoles entregados a la pasión por el dinero a cualquier precio. Por el número de los implicados, sus conexiones políticas y la extensión geográfica del caso, éste parece apuntar a la columna vertebral de uno de los dos grandes partidos nacionales, amenazando con poner de nuevo en evidencia lo que desde hace bastantes años es un secreto a voces: el Estado de Corrupción en que vivimos y en el que vegeta nuestra democracia (...) Alguien aseguraba ayer que “este escándalo puede llevarse por delante al Partido Popular” (...)
 
Por desgracia, llueve sobre mojado o, por decirlo con lenguaje más adecuado a la meteorología del momento, jarrea sobre territorio anegado por una corrupción galopante (...)
 
En la otrora rutilante España del boom, una inmensa mayoría se ha tenido que conformar con las migajas del crecimiento económico, sacando adelante a su familia con 1.500 euros mensuales, mientras a su alrededor proliferaban los coches de lujo, los yates, las grandes mansiones que lucía una exigua minoría arracimada en torno a la gigantesca corrupción que, en imparable cascada, se precipitaba hacia abajo desde la cúspide misma del Sistema, con el consentimiento cómplice de los dos grandes partidos usufructuarios de la tarta y los nacionalistas periféricos. Puede sonar demagógico, pero es la pura verdad. Ahora, a ese padre de Alcorcón que se ha apañado en los años del boom con 2.000 euros al mes, que ha sacado adelante a su familia gracias a las ofertas del “Carrefú”, le ponen en la calle porque no hay trabajo, la burbuja se pinchó, y el Estado tiene que dedicar los pocos recursos que tiene, vía impuestos de los contribuyentes, a salvar a los bancos de la quiebra (...)
 
Las metástasis de este escándalo llegan muy arriba y se propagan en muchas direcciones. Una oportunidad, quizá la última, para que Mariano Rajoy demuestre su capacidad de liderazgo y la voluntad de cambio al frente del PP. Afloran ahora a la superficie los groseros errores de la segunda legislatura Aznar (...)
 
A estas alturas no valen discursos del tipo de que este episodio favorece al PSOE. La paradoja es cierta: en la crisis económica mas brutal que hemos conocido nunca, los escándalos estallan en la acera del PP, mientras el vecino socialista se troncha de risa viendo el drama tras las celosías, y Zapatero transita cual fantasma por el desierto de paro que es hoy España. No nos engañemos. La corrupción no es problema de un partido. Es un mal sistémico en la España actual (...) tal vez nada se arregle hasta que al señor de Alcorcón no se le inflen las narices y decida actuar en consecuencia.
EL CONFIDENCIAL. 8-2-2009
 
 

 
Barcelona. El Periódico
COMPAÑERO BOTÍN
José García Abad
 
In illo tempore, cuando gobernaba el Banco de España Mariano Rubio, bastaba un gesto suyo casi imperceptible, apenas el movimiento de una ceja, para que los banqueros temblaran. Ahora, el gobernador se esconde en su despacho de Cibeles recreándose en los retratos de Goya mientras Zapatero, que ha asumido el cargo de vicepresidente económico y gobernador del Banco de España en funciones, convoca a las seis grandes entidades financieras a palacio: tres veces en cuatro meses.

El presidente es, sin embargo, consciente de que hoy la banca mancha. Ha calado la idea de que no transmite los 250.000 millones de euros puestos a su disposición a "las familias y a las pymes" (...) En consecuencia, Zapatero, que es imagen en estado puro, cambió el escenario de la última cita (...) Ya no aparece en la foto, que es como entiende la política el presidente, codo con codo con el primer banquero de España y parte del extranjero, un Botín repantigado como en la primera reunión
 
Zapatero, como decía, es consciente de que la banca, que nunca en verdad ha sido querida --Suárez la llamaba la madrastra--, no pasa por su momento de mayor popularidad. El eslogan de la oposición, de los sindicatos, de las patronales y de las cámaras de comercio que reclaman que el dinero inyectado riegue "a las pymes y a las familias" cala hondo, así que ha hecho algunos gestos como el referido diseño del escenario o como sus vehementes palabras en el mitin de Lugo. Un doble lenguaje de severidad pública y cordialidad privada (...) La misma doblez, en lo privado y en lo público, se observa en el PP, donde se reprochaba a los socialistas ser el gobierno de los banqueros en general, mientras ellos mantienen relaciones admirables con los banqueros en particular.
 
Otros gobiernos están manejando soluciones drásticas como la nacionalización con carta de despido de los directivos o la más embarazosa de crear un Banco Nacional de la Basura, que les libere de mugre y que sería como refundarles a costa del contribuyente. Zapatero prefiere predicar homilías encareciéndoles buena conducta.

Desde la segunda reunión, en noviembre del 2008, a la última, ha ocurrido un hecho relevante: los dos grandes bancos y las dos primeras cajas han informado de que en el 2008 han ganado mucho dinero (...) El Santander ganó 9.000 millones de euros; el BBVA obtuvo 5.000; la Caixa consiguió 1.800, y Caja Madrid, 960. Con estos datos, cabe preguntarse si el Estado debe prestarles o son ellos los que debían prestarle al Estado (...)
 
En el mitin de Lugo, Zapatero advirtió de que "no es el momento de grandes beneficios: es el momento de apoyar el crédito y la financiación de las familias y las empresas". Eran frases para la galería (...)
 
El ministro Sebastián, para quien "los bancos son los culpables de la crisis", advierte de que "al Gobierno se le está acabando la paciencia". José Blanco, desde el PSOE, le rectifica asegurando que "el Gobierno tiene toda la paciencia del mundo", mientras que los exministros Sevilla y Gómez Navarro, más unos cuantos diputados socialistas, critican explícitamente a la banca e implícitamente la complacencia del jefe. La izquierda no está por la nacionalización, una oferta propia de la derecha populista. Lo saben los banqueros, para quienes nacionalizar es nombrar la soga en la casa del ahorcado. Saben también que el problema es de opinión pública y prodigan campañas publicitarias.
EL PERIÓDICO. 8-2-2009
 
 
 
 
Opinión. El País
¿VUELVE KEYNES?
Ignacio Sotelo
 
La crisis ha recuperado dos de los elementos esenciales del keynesianismo: el papel central del Estado para que funcione el mercado y el recurso al déficit para salir de la depresión. ¿Vuelve un Keynes triunfante (...)?
 
En los años 50 y 60, en "la edad de oro del Estado de bienestar", pocos se hubieran atrevido a dudar de que la prosperidad que se vivía, en contraste con lo ocurrido en los años de entreguerras, no se debiera a un keynesianismo que, paradójicamente, no hubo necesidad de poner en práctica. Cuando en 1974 estalla la crisis (...) hubo que enfrentarse a la conjunción de tres males -recesión, inflación y desempleo-, sin que las fórmulas keynesianas dieran los resultados esperados (...)
 
En vez de empeñarse en mantener a cualquier coste el pleno empleo, el Gobierno laborista trató de crear las condiciones adecuadas para que el mercado desplegase una mayor eficiencia. Importa poner énfasis en que fue el laborismo el que enterró el keynesianismo, al aceptar la preeminencia del mercado, la contención monetarista y una "tasa natural" de desempleo. Asoció el pleno empleo con el estancamiento y la pobreza que traería consigo una sociedad más igualitaria y solidaria. Había que elegir entre igualdad y pobreza o riqueza y desigualdad. Entre 1945 y 1950 los laboristas montaron el Estado de bienestar basado en el pleno empleo, pero también lo clausuraron cuando se desprendieron del keynesianismo entre 1976 y 1979 (...)
 
(...) en los últimos lustros se ha defendido como política de empleo el ajuste a la baja de los salarios, favoreciendo el despido libre, aunque en la mayor parte de los países de nuestro entorno, pese a las presiones neoliberales, no se haya pasado de meros amagos. Ningún gobierno está dispuesto a provocar una sarta de conflictos sociales apoyando una reducción seria de los salarios nominales. De que desciendan ya se ocupa el paro... y la inflación de que bajen los reales (...)
 
Keynes fue muy consciente de que (...) había que impedir, si fuera preciso incluso con medidas proteccionistas, que la apertura al exterior arrasase la industria básica establecida. "¡Hace mucho tiempo que no soy un librecambista, y no creo que nadie lo sea ya en el viejo sentido de la palabra!" (...) 
 
Keynes no sólo plantea, si fuese preciso, volver al proteccionismo, sino que pone en tela de juicio la prerrogativa exclusiva del empresario de decidir en qué y cuándo invierte su dinero, algo que atañe a la esencia misma del capitalismo (...) Nadie invierte para crear puestos de trabajo, por mucho que una monserga constante insista en que la inversión privada es el factor principal para reducir el paro (...) Se invierte para maximizar unos beneficios (...) que son mayores cuanta menos mano de obra haya que emplear (...)
 
(...) resulta innegable que "los principales inconvenientes de la economía en que vivimos son su incapacidad para procurar la ocupación plena y su arbitraria y desigual distribución de la riqueza y los ingresos". Dos cuestiones centrales que Keynes trató de encauzar, pero con la experiencia del último medio siglo ha quedado bien claro que, lejos de haberse resuelto, se han agravado muchísimo.
 
¿Vuelve Keynes? En la crisis (...) los dueños de los bienes financieros y de producción necesitan dinero público en cantidades ingentes. Amenazan con que, de no recibirlos, podría ocurrir que se derrumbase el sistema. Pero aun en situación tan extrema, de ningún modo están dispuestos a asumir el más elemental de sus principios, a saber, que el que pone el dinero adquiere la propiedad y decide. El Estado, con el dinero de todos, estaría obligado a salvar bancos y empresas, pero la propiedad, y con ella la capacidad de decidir, debe quedar en manos privadas.
 
Pronto se oirá otra vez la cantilena de que el Estado es bueno para subsidiar y, si las cosas se ponen mal, incluso tiene que hacerse cargo de las cuantiosas deudas acumuladas, pero ya se sabe, es un pésimo gestor (...)
 
La relectura que se hace de Keynes para justificar el enorme endeudamiento público que conlleva las ayudas a bancos y grandes empresas contradice por completo las intenciones de Keynes. Lo más grave es que la socialdemocracia de nuestros días haga suya esta interpretación.
EL PAÍS. 5-2-2009
 
 
 
 
El País
TRATAR CON UNA RUSIA AGITADA
Timothy Garton Ash
 
Rusia ha perdido un imperio y todavía no ha encontrado su papel (...) El nuevo papel de Rusia es algo que los rusos deben descubrir por sí mismos. Tardarán en hacerlo. En el Reino Unido, el país para el que se inventó la frase "perdió un imperio y todavía no ha encontrado su papel", el proceso de redefinición nacional posimperial ha durado medio siglo, y todavía no ha terminado (...)
 
El Putin al que vi en el Foro Económico Mundial de Davos, la semana pasada, era un Putin desafiante y, a la vez, defensivo: en público se vanagloriaba del declive de la hegemonía estadounidense y en privado suplicaba más inversiones extranjeras en Rusia. Con una población que se manifiesta en la calle, una Bolsa que ha perdido más del 70% de su valor y unas reservas de divisa extranjera que disminuyen a toda mecha, tiene motivos para estar preocupado. El capitalismo autoritario con aires de gran potencia ya no parece tan estupendo. Pero veremos muchos más giros y sorpresas antes de que Rusia alcance una situación semiestable.
 
Gran parte de la elite de política exterior rusa considera que la Unión Europea es una especie de anacronismo transitorio y posmoderno, un resto de finales del siglo XX, con defectos de principio y débil en la práctica. Los factores importantes tanto en el siglo XIX como en el XXI, dicen, son la fuerza y la determinación de las grandes potencias. Por eso Rusia ha tratado de restaurar el dominio sobre sus vecinos por las buenas o por las malas: enviando tropas (como en agosto, a la ex república soviética de Georgia) o apagando el gas (como en enero, en su disputa con la ex república soviética de Ucrania).
 
(...) no parece probable que Rusia vaya a modificar su conducta exterior mientras el resto de Europa no fije límites claros y cambie la estructura de incentivos. ¿Qué razones tiene Moscú para cambiar de rumbo mientras la Unión Europea siga teniendo una actitud tan débil, dividida e hipócrita respecto a Rusia como la que ha tenido en los últimos 10 años? Si yo estuviera en el Kremlin, también me burlaría de la UE.
 
Y que quede clara una cosa: esto es asunto de Europa. El presidente Obama tiene muchas otras cosas de las que ocuparse. Necesita a Rusia para la diplomacia nuclear en relación con Irán (...) Y, por ahora, la Administración de Obama va a dejar aparcada, con razón, la ampliación de la OTAN a Ucrania y Georgia (...)
 
Ahora bien, la creación de esa política europea depende sobre todo de la potencia central de Europa: Alemania. El ministro alemán de Exteriores, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier, ha mantenido la relación especial y realista con Rusia que se inició bajo el canciller Gerhard Schröder. Su estrategia de "Moscú primero" se ha apoyado en la relación corporativa entre los gigantes energéticos de los dos países, E.ON, Ruhrgas y Gazprom. La canciller cristianodemócrata, Angela Merkel, que habla ruso y creció en Alemania Oriental, es partidaria de un enfoque más escéptico y matizado, que establezca un equilibrio entre los intereses nacionales alemanes y la solidaridad y los valores europeos (...)
 
No es la primera vez que el futuro de Europa en general depende de la dirección que tome la ostpolitik alemana (...) Hace 40 años, cuando Willy Brandt puso en marcha una versión de ostpolitik que contribuyó de manera significativa a la caída del muro de Berlín y el fin del imperio comunista ruso, él y sus colegas suponían que la clave para lograr una evolución positiva a largo plazo en una Berlín dividida residía en un cambio de política por parte de Moscú. Hoy, la clave para una evolución positiva a largo plazo en una Moscú dividida reside en un cambio de política en Berlín.
EL PAÍS. 8-2-2009
 
 
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