Pllan de estí­mulo económico de Obama:

¿Un marinero borracho?

Obama parece estar a punto de salvar la colosal derrota polí­tica que supondrí­a el rechazo a su plan de estí­mulo económico, pero no es un triunfo completo.

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07-02-2009
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Tras el masivo rechazo republicano en el Congreso norteamericano al plan propuesto por Obama, el Senado ha alcanzado un pre acuerdo que autoriza al gobierno a inyectar unos 800.000 millones de dólares para remontar la crisis. Pero el triunfo no es completo, la negociación con los republicanos exige contrapartidas que mermarán la eficacia del plan, y la situación es cada vez más catastrófica.
 Obama y su secretario del Tesoro T. Geithner. Obama advirtió de que un retraso en la aprobación del plan de estí­mulo económico "convertirí­a la crisis en una catástrofe".
Obama y su secretario del Tesoro T. Geithner. Obama advirtió de que un retraso en la aprobación del plan de estí­mulo económico "convertirí­a la crisis en una catástrofe".
Tras el masivo rechazo republicano en el Congreso norteamericano al plan propuesto por Obama, el Senado ha alcanzado un pre acuerdo que autoriza al gobierno a inyectar unos 800.000 millones de dólares para remontar la crisis. Pero el triunfo no es completo, la negociación con los republicanos exige contrapartidas que mermarán la eficacia del plan, y la situación es cada vez más catastrófica.
Mientras en Washington se enervaba la disputa política, el país conocía las alarmantes cifras del paro que colocan la pérdida de empleo en el mes de Enero como la mayor de los últimos 34 años.
 
La recesión se ha llevado durante el 2008 cuatro millones de puestos de trabajo, pero lo peor es que el ritmo se acelera; la mitad se han perdido en el último trimestre y Enero es, por el momento, el peor mes desde que empezó la crisis.
 
El total de parados en EEUU asciende ya a 11,6 millones, los parados de larga duración son 2,6 millones y 7,8 millones tienen empleos temporales, 3,1 millones más que hace un año. Pero estos datos no reflejan aún los masivos despidos anunciados por los grandes gigantes monopolistas; Microsoft, Boeing, Caterpilar, Kodak, Pfizer, Starbucks, Home Depot, SprintNextel o Ford Motor han anunciado que para reducir costes se desprenderán de 241.750 empleos este año.
 
La implosión de la burbuja inmobiliaria, que ha tenido un efecto dominó en todo el mundo está colocando a Obama ante un reto difícil de salvar. Los consumidores norteamericanos han reducido drásticamente sus gastos, los promotores han recortado severamente su inversión, las empresas han cancelado cualquier plan para ampliar su capacidad y las exportaciones se hunden ante la crisis financiera que golpea a todos los socios comerciales de EEUU.

Los economistas empiezan a hablar de “minidepresión”, algunos afirman en privado que la tasa de paro puede alcanzar los dos dígitos y exigen a Washington que aparque el debate ideológico y actúe con rapidez.
 
Pero el gobierno de Obama tiene por el momento maniatada su capacidad de movimiento. Demócratas y republicanos están enzarzados en una agria disputa que traduce al plano político las dos líneas antagónicas que enfrentan a la burguesía monopolista yanqui para salir de la crisis. En la selección de prensa de ayer, presentábamos estas dos opiniones confrontadas. (*)
 
A un sector representado políticamente por los demócratas, le parece insuficiente el plan de intervención del Estado en la economía y aboga por que Obama se lance a la ofensiva aumentando el gasto del sector público como única solución que evite, como sucedió en los años 30, una deflación (caída de los precios que lleva a la paralización de la circulación del dinero y los capitales).
 
Los economistas del bando republicano previenen por el contrario del efecto opuesto, una alta inflación provocada por que el recurso al endeudamiento del Tesoro obligue a recurrir a la edición de más y más billetes dólares que la economía, aún en recesión, no pueda utilizar, fenómeno calificado como “estanflación” y que se acuñó en los años 70.
 
La total divergencia entre unos y otros dificulta enormemente la política de consenso que Obama pretende representar.
 
Es más, a medida que se ha ido conociendo el detalle de su plan, han aparecido gastos injustificables que serán retirados (ayudas a la compra de anticonceptivos, educación sexual o descodificadores para la televisión digital) también se ha conocido que incluye una lluvia de millones que tendrán que administrar el Gobierno federal y los Estados y esto despierta una gran desconfianza entre una opinión pública acostumbrada a comparar el dispendio presupuestario de los demócratas con el de un marinero borracho.
 
Los republicanos exigen que el 30% que el plan destina ya a la rebaja de impuestos, suba hasta el 40% y es más que probable que los demócratas tengan que ceder en esta y otras exigencias que mermarán la eficacia de los estímulos.
 
Obama, consciente de que se encuentra en un momento clave de su gestión, ha preparado una contraofensiva anunciando una conferencia televisada para el próximo lunes en hora de máxima audiencia. Más nervioso y exaltado que nunca afirmó: Es inexcusable e irresponsable que nos atasquemos en distracciones, retrasos o politiquerías mientras millones de estadounidenses se han quedado sin trabajo. El mundo está esperando".
 
Y efectivamente, del camino que tomen los EEUU para salir de la crisis y, sobre todo, de su eficacia y rapidez, depende en gran parte la recuperación de la economía mundial. Y esto se juega hoy en si Obama será capaz o no de resolver la división interna que en el seno de la burguesía monopolista norteamericana, obstaculiza el urgente plan de acción.

(*) Selección de prensa relacionada: Economía USA, al borde de la catástrofe

 
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