Que los gallegos puedan hablar castellano y gallego

Lenguas para la libertad

"Galicia es bilingüe. Quiero libertad para elegir". Porque lo que no es admisible es la imposición de ninguna lengua. Porque una lengua que se intenta imponer lo único que genera es rechazo social.

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06-02-2009
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El domingo, 8 de febrero, está convocada una manifestación en Santiago de Compostela, capital de Galicia, por parte de la asociación Galicia Bilingüe, con el lema "Galicia es bilingüe. Quiero libertad para elegir". La presidenta de Galicia Bilingüe, profesora de inglés viguesa, Gloria Lago, afirma que su asociación trata de recuperar "el bilingüismo tan atractivo que tení­amos". ¿Qué quiere decir con esta afirmación la representante de Galicia Bilingüe? Que no hay conflicto lingüí­stico en la calle, que el conflicto lingüí­stico viene de la imposición. La presidenta considera que, ante el hecho de que la manifestación la apoyen PP, UPyD, Unificación Comunista de España, Ciudadanos y Centro Liberal de Galicia, su asociación ha conseguido cubrir el arco ideológico. El domingo, 8 de febrero, está convocada una manifestación en Santiago de Compostela, capital de Galicia, por parte de la asociación Galicia Bilingüe, con el lema "Galicia es bilingüe. Quiero libertad para elegir". La presidenta de Galicia Bilingüe, profesora de inglés viguesa, Gloria Lago, afirma que su asociación trata de recuperar "el bilingüismo tan atractivo que tení­amos". ¿Qué quiere decir con esta afirmación la representante de Galicia Bilingüe? Que no hay conflicto lingüí­stico en la calle, que el conflicto lingüí­stico viene de la imposición. La presidenta considera que, ante el hecho de que la manifestación la apoyen PP, UPyD, Unificación Comunista de España, Ciudadanos y Centro Liberal de Galicia, su asociación ha conseguido cubrir el arco ideológico.

La realidad es que la inmensa mayoría de la sociedad gallega no hace de la lengua un conflicto político. Más bien lo que existe son dos comunidades lingüísticas muy difusas, por lo que no hay problemas de comunicación entre los gallegos. Sólo han comenzado los conflictos cuando, desde posiciones nacionalistas identitarias, han empezado a emerger grupos que reclaman el derecho a "vivir en gallego". Lo que no es un problema hoy en día. El problema es que esos grupos consideran el castellano como una lengua invasora y extranjera, a la que pretenden arrinconar, primero en el ámbito oficial, y ahora en el ámbito educativo y social.
Antes de la democracia, sí había discriminación hacia los gallegohablantes. Pero esa situación ha cambiado radicalmente. Los gallegohablantes tienen reconocido el derecho a usar el gallego. Y lo que no se puede hacer es vulnerar ahora los derechos de los castellanohablantes. Sometiendo a esos ciudadanos gallegos a una auténtica imposición de la lengua gallega en la educación, en la Administración, en la sanidad... Es una cuestión de libertad. La base de una democracia es poder elegir. Eso es lo que se necesita en la actualidad. Porque las lenguas no tienen derechos, son los ciudadanos los que tienen derechos.
El máximo avance en el uso social de las lenguas discriminadas en España se dio durante la transición democrática. En ese periodo de cambio de la dictadura franquista a la democracia parlamentaria, la reivindicación del uso de las lenguas discriminadas, en las zonas territoriales españolas donde existía el bilingüismo entre la población, iba unida a la lucha general por todas las libertades fundamentales de los ciudadanos. Por eso, su uso social aumentó de forma muy importante. Iba unido a la libertad. El que ahora no avance el uso social de la otra lengua que no es el castellano en las comunidades bilingües, a pesar de las políticas de imposición, como es especialmente significativo en el País Vasco, es precisamente porque una lengua que se intenta imponer lo único que genera es rechazo social.

Estamos de acuerdo en que hay que apoyar el uso del gallego y que puede necesitar cierta discriminación positiva. La razón es que el castellano es una lengua hablada por unos 450 millones de personas, dentro y fuera de España, y en dos continentes. Pero el castellano no es una lengua extranjera en Galicia, es una de las dos lenguas que usan los gallegos. Igual que no se debe “estar en contra del gallego”, no se debe “estar contra el castellano”. Porque lo que no es admisible es la imposición de ninguna lengua.

El exigir que se tenga igual competencia en las dos lenguas es extremadamente difícil en la realidad social. Exigir que se deba terminar la primaria y la secundaria siendo competente en gallego y castellano es muy complicado. Y depende de lo que entienda por competencia. Es absolutamente correcto que se deba acabar la enseñanza conociendo ambas lenguas para poder llevar a cabo una vida social en Galicia que permita comunicarse coloquialmente con cualquiera que hable la otra lengua. Pero la competencia académica, con el uso de la terminología específica de cada campo de conocimiento, debe aprenderse en uno de dos, el que se elija.
La política lingüística llevada adelante por el Bloque Nacionalista Gallego reproduce paso a paso, y de manera acelerada, el modelo catalán, mediante una  legislación elaborada de espaldas al deseo de la mayoría de los ciudadanos de Galicia. Es un hecho que muchos votantes del gobierno autonómico bipartito, del BNG y del Partido Socialista de Galicia (PSdeG), versión gallega del PSOE, están en total desacuerdo con la política lingüística que se está llevando a cabo. A lo largo de esta legislatura pasada, se ha producido un adoctrinamiento en las escuelas que, tergiversando la realidad y el significado de las palabras, en especial, el del concepto de “lengua propia”, ha fomentado el odio hacia la que ellos llaman lengua "invasora", y, que con un espíritu de revancha absurdo y antidemocrático parece que quiere negar  la condición de buenos gallegos a los que no prefieren hablar gallego. Esta política nacionalista recuerda cierto nacionalismo alemán que basaba, y basa, su racismo en que la lengua es la fuerza espiritual que constituye el pueblo y es la expresión concentrada de la nación.
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