La bandera española delante del Parlamento vasco

La libertad ondea ante el fascismo étnico

No es un simple problema de banderas, Eso es sólo la superficie, lo simbólico. El meollo de esta batalla es la continua imposición del programa disgregador del fascismo étnico contra la libertad.

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06-02-2009
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Por fin, la bandera española ondea delante del edificio del Parlamento vasco en Vitoria. La Administración General del Estado promovió un recurso contencioso administrativo ya en el año 2002 ante el Tribunal Superior de Justicia del Paí­s Vasco, para que el Gobierno vasco cumpliera, dada su negativa a hacerlo, con la obligación de colocar la bandera de España. Según la legislación concerniente al protocolo de presencia de los sí­mbolos constitucionales en España, la bandera nacional debe ondear de forma permanente en los edificios autonómicos, bien en solitario o conjuntamente con la autonómica, ocupando un lugar preferente en el interior y exterior de edificios. Hasta ahora estaba escondida, más que ubicada, en el salón de recepciones, que casi no se utiliza. Este boicot, practicado por la camarilla de Ibarretxe y sus acólitos, también se extendí­a al edificio de la Academia de Policí­a del Paí­s Vasco. Por fin, la bandera española ondea delante del edificio del Parlamento vasco en Vitoria. La Administración General del Estado promovió un recurso contencioso administrativo ya en el año 2002 ante el Tribunal Superior de Justicia del Paí­s Vasco, para que el Gobierno vasco cumpliera, dada su negativa a hacerlo, con la obligación de colocar la bandera de España. Según la legislación concerniente al protocolo de presencia de los sí­mbolos constitucionales en España, la bandera nacional debe ondear de forma permanente en los edificios autonómicos, bien en solitario o conjuntamente con la autonómica, ocupando un lugar preferente en el interior y exterior de edificios. Hasta ahora estaba escondida, más que ubicada, en el salón de recepciones, que casi no se utiliza. Este boicot, practicado por la camarilla de Ibarretxe y sus acólitos, también se extendí­a al edificio de la Academia de Policí­a del Paí­s Vasco.
En realidad, no es un simple problema de banderas. Eso es sólo la superficie, lo simbólico. El meollo de esta batalla es la continua imposición del programa disgregador del fascismo étnico. Y para llevarlo adelante sus representantes políticos aprovechan todas las oportunidades. En el terreno legal, el nacionalismo excluyente siempre practica el juego sucio, la doble norma. Por un lado, se aprovecha de la legislación existente para beneficiarse y conseguir sus privilegios, como el Cupo o exceso que recibe en la financiación autonómica. Por el otro lado, boicotea la aplicación de las leyes cuando les impiden llevar adelante sus planes de debilitamiento de la cohesión social, y cuando obstaculizan sus ataques a la unidad y fortaleza del Estado que sirve a los ciudadanos para garantizarles la libertad y la igualdad en España.
Durante la campaña para las elecciones legislativas de marzo de 2008, también estalló una polémica sobre las infracciones a la ley sobre la bandera española cometidas por numerosos ayuntamientos y edificios regionales del País Vasco. Detrás de esta guerra permanente de las banderas lo que existe es un programa completo, que se expresa en los símbolos. Un programa para mantener e imponer el terror, el miedo y el silencio, aprovechándose de la legalidad democrática constitucional o burlándola cuando se lo impide. Un programa aplicado contra los constitucionalistas y contra todos los ciudadanos vascos que defienden la libertad y la igualdad, y para ello necesitan la Constitución española y su bandera.
 
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