La batalla de Opel

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08-02-2018
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Los trabajadores de Opel aprueban el preacuerdo firmado por el comité de empresa con la multinacional
 La batalla de Opel
Los trabajadores de Opel aprueban el preacuerdo firmado por el comité de empresa con la multinacional

Los trabajadores de Opel España de la planta de Figueruelas han aprobado en referéndum por mayoría el preacuerdo firmado por los sindicatos con la dirección de la multinacional francesa. Salvan la amenaza de llevarse fuera la producción del nuevo Corsa. La empresa se compromete a presentar un plan industrial.  Y a cambio aceptan un recorte de las condiciones laborales, congelación salarial y 5 años de pérdida del poder adquisitivo.

¿Cómo debemos valorar esta batalla por el convenio, como ganada por los trabajadores o una victoria más de las multinacionales del automóvil a costa del miedo y la claudicación de los sindicatos?

 El acuerdo ha sido ratificado por 2.897 trabajadores (el 58,5%) frente a los 2.008 (el 40,5%) que votaron en contra y 54 abstenciones, con una participación del 92% de los 5.400 trabajadores de la plantilla.

Para los sindicatos mayoritarios en el comité de empresa -UGT, CCOO Y ACUMAGME, firmantes del acuerdo- se ha conseguido lo principal: “el plan industrial para Figueruelas que condiciona el convenio a su cumplimiento”, en palabras de la presidenta del comité Sara Martín (UGT), “y garantiza el empleo para los próximos años”. 

Mientras, desde otros ámbitos de la izquierda y redes sociales lo ocurrido se presenta como una derrota de los trabajadores, una “bajada de pantalones” de la mayoría del comité.

Los sindicatos mayoritarios del comité de empresa reconocen que el acuerdo aprobado es duro y complicado y que ha sido una decisión difícil pero responsable porque lo que estaba en juego en primer término era la defensa de los intereses de los trabajadores y en especial de los puestos de trabajo y el futuro de la fábrica, frente al chantaje y las amenazas de la multinacional francesa de paralizar las inversiones previstas para mantener la producción de Figueruelas  y trasladar a fábricas de Hungría o Marruecos la producción del nuevo modelo del Corsa.

Con la aprobación del preacuerdo de convenio colectivo se ha evitado una crisis industrial y de empleo que hacía peligrar la propia factoría, la pérdida de 2.000 empleos directos y miles de empleos indirectos en las empresas auxiliares."PSA cambió radicalmente el marco de negociación del convenio con el órdago lanzado en diciembre: recortes o desmantelamiento"

 De la factoría Opel de Figueruelas dependen unos 6.000 empleos directos y 25.000 indirectos en las empresas auxiliares.

¿Qué se ha firmado, qué coste para los trabajadores?

El preacuerdo aprobado ha logrado su primer objetivo: el plan industrial para Figuerurelas y, por lo tanto el mantenimiento del empleo. En palabras de la presidenta del comité Sara Martín: “No es el convenio que queríamos pero tampoco es el convenio de la empresa”.

La empresa se compromete a diseñar un plan industrial que permita mantener a plena capacidad la producción. Y el convenio está supeditado al cumplimiento de esta condición, uno de los puntos cruciales planteados en las asambleas de trabajadores.

A cambio los trabajadores han cedido recortes en salarios y condiciones laborales. Congelación salarial en 2018 y revisión de los sueldos con pérdida de poder adquisitivo con subidas del 50% del IPC en 2019 y 2020; y hasta el 60% en 2021 y 2022. Eliminación de la pausa de 5 minutos, rebaja del 5% en los pluses de nocturnidad y festivos, y la eliminación de los pluses de calendario.

En cuanto a los contratos, el convenio está en línea con algunas de las exigencias planteadas por el comité: rejuvenecimiento de la plantilla, 200 contratos indefinidos y otros tantos por cuatro años y la contratación  indefinida de todos los 170 eventuales actuales.

No es el acuerdo que querían los trabajadores. Como dice Sara Martín: “Todos los ajustes son negativos” y el preacuerdo es doloroso de asumir. Pero lleva razón cuando valora que tampoco es el plan que quería la multinacional de reducir un 6% los salarios y un recorte del 10% en todos los pluses. Y sobre todo que, fruto de una lucha con la empresa de varios meses, se ha logrado el principal objetivo; desactivar el chantaje y garantizar la producción y el empleo.

Se podrá discutir que el preacuerdo aprobado era mejorable, pero no que es el resultado del miedo y la “bajada de pantalones”, sino de una batalla planteada por los trabajadores y sus representantes.

Una batalla en las peores condiciones

No se puede valorar la batalla de Opel sin analizar el marco en el que se da; y se ha dado en las peores condiciones.

En primer lugar, bajo el chantaje del grupo multinacional francés PSA, reforzado tras la compra de Opel España. El chantaje se ha convertido en una de las principales armas de las multinacionales para imponer sus condiciones, amenazando con el corte de las inversiones, no adjudicar nuevos modelos y deslocalizar la producción.

PSA cambió radicalmente el marco de negociación del convenio con el órdago lanzado en diciembre: recortes salariales del 6% y de todos los pluses o desmantelamiento. La propuesta más dura en los 35 años de historia de la planta de Figueruelas.

Pero si las multinacionales pueden hacerlo es, en primer lugar, por la triple dependencia respecto a la industria del automóvil. Dependencia del capital extranjero, sobre todo porque se entregó la industria nacional automovilística (SEAT, Santana, Barreiros) y en un mundo globalizado las multinacionales pueden utilizar el chantaje de la deslocalización. Dependencia tecnológica; en las fábricas españolas predomina el ensamblaje, mientras que la I+D+i y la fabricación de elementos esenciales están en los países de origen. La dependencia que supone que el “monocultivo” industrial del automóvil abarque comarcas enteras, cientos de empresas auxiliares y miles de puestos de trabajo de estas multinacionales, como ocurre con Figueruelas (Aragón).

En segundo lugar, por la reforma laboral que prima los convenios de empresa frente a los sectoriales o de ámbito superior, y ha puesto la legislación laboral al servicio del gran capital monopolista nacional y extranjero. Un objetivo buscado para quebrar la capacidad de lucha y negociación de los sindicatos y comités de empresa.

Y en tercer lugar, porque los sindicatos han dado la lucha en solitario. Ni el gobierno de Aragón ha hecho valer los más de 200 millones de ayudas a Opel. Ni el gobierno de la nación se ha posicionado del lado de los trabajadores ante el chantaje de la multinacional.

La batalla del convenio de Opel se ha dado en las condiciones más desfavorables y sin embargo PSA no ha podido imponer todo lo que quería. Los trabajadores, a pesar de las cesiones, han ganado una batalla logrando compromisos que favorecen sus reivindicaciones más inmediatas.

Lo contrario es caer en un izquierdismo infantil. ¿O acaso lo que defiende los intereses de los trabajadores es llevarlos a un callejón sin salida con el cierre total o parcial de esta factoría y multitud de empresas auxiliares sin que haya alternativas que permitan dar una salida de empleo y condiciones de vida a decenas de miles de trabajadores y sus familias?

Reindustrializar

La izquierda y todas las fuerzas progresistas y especialmente los sindicatos tenemos un gran reto para acabar con esta situación.

Impulsar un plan nacional de reindustrialización, modernización e I+D+i nacional que diversifique nuestra industria, la libere de la dependencia del capital extranjero y la vincule al desarrollo de las nuevas energías. ¿Por qué no impulsar el desarrollo de una industria propia limpia y de futuro como es el coche eléctrico?

Impulsar la derogación de las reformas laborales al servicio del gran capital.

Reforzar la unidad  sindical, la coordinación y la solidaridad entre los diferentes centros que las multinacionales tienen en nuestro país y unificar las luchas, uniéndolas con el resto de sectores populares en las zonas afectadas, implicando a las fuerzas políticas y sociales de las comarcas y regiones donde están instaladas.

Solo así podremos cambiar el terreno para hacer frente a las multinacionales y grupos monopolistas y defender los intereses inmediatos y futuros de los trabajadores.

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