Mediterráneo: fosa común

Las vidas que el mar se tragó

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25-01-2018
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Cada año, miles de migrantes huyen del infierno en que las guerras han convertido sus países. Las fronteras occidentales cerradas solo permiten una vía hacia adelante: cruzar el mar Mediterráneo en unas condiciones infrahumanas. Una apuesta a vida o muerte para miles de personas que, ganen o pierdan, tienen claro que es mejor vivir en el infierno que les han impuesto.
 Las vidas que el mar se tragó
Cada año, miles de migrantes huyen del infierno en que las guerras han convertido sus países. Las fronteras occidentales cerradas solo permiten una vía hacia adelante: cruzar el mar Mediterráneo en unas condiciones infrahumanas. Una apuesta a vida o muerte para miles de personas que, ganen o pierdan, tienen claro que es mejor vivir en el infierno que les han impuesto.

Poco tienen que perder quiénes han sido despojados de todo por la guerra y la explotación. Poco o mucho, o todo, la vida misma, es su única posesión y están dispuestos a perderla miles de personas cada año, atravesando el Mediterráneo. Desde el 2014, este mar se ha convertido en fosa común para unas 17.000 personas, cuya vida habían tenido que dejar atrás y que buscaban un futuro que nunca llegará para ellos.

2017 cierra con un saldo de, aproximadamente, tres mil personas ahogadas, aunque el récord contabilizado lo tiene el año anterior con casi 5.150 ahogados en 2016. Son cifras de la OIM (Organización Internacional para las Migraciones), organismo de Naciones Unidas. Más de la mitad de las muertes de refugiados de los últimos cuatro años se ha producido en el Mediterráneo, según esta organización. El Proyecto de Migrantes Desaparecidos (Missing Migrants Project) de la OIM, elabora los datos del proyecto que se compilan diariamente a partir de diversas fuentes: datos de la guardia costera, informes de medios, ONG y entrevistas con supervivientes, entre otras. 

Debajo de las sumas, hay un río de sangre tierna

Las cifras ocultan la magnitud de la tragedia humana. Cada día en los medios de comunicación, reconvertidos en crónica de sucesos, se nos alerta de las muertes ocurridas, por violencia machista, accidentes de tráfico, migrantes que se ahogan tras volcar su patera,… todo se remezcla y se intenta insensibilizar a la población con la dosis diaria. 

Pero no habrá esquelas ni largas tertulias en televisión para los que se lanzan al agua desde la otra orilla de un mar, que cada verano recibe el baño de millones de turistas en Europa. No aparecerán los doloridos familares, abuelos, padres, hermanos, ni los amigos, de los que desaparecen y mueren ahogados cada año en el mediterráneo. No se preguntarán si eran médicos, profesores, panaderos, estudiantes, embarazadas o recién nacidos… No se responderá a de qué huían. Lo único que nos ofrecen los medios es números indeterminados de personas que quieren llegar a nuestra orilla, y algunos quedan en mitad del agua. No existe la intención de informar sobre quiénes, de donde vienen ni porqué. Ni mucho menos plantearse respuestas o soluciones.

Los gobiernos de occidente junto a la clase dominante que están provocando la extrema situación en los países de origen de los migrantes, pueden apenas evitar que sepamos sobre los intereses que hay detrás del sojuzgamiento de los países africanos y de oriente próximo; Pueden mucho menos frenar la solidaridad que bulle entre nuestros pueblos, las múltiples respuestas que desde todos los países se está tratando de hacer llegar a los que se embarcan hacia un futuro mejor, y evitar que muy probablemente acaben con los pulmones llenos de agua y cubiertos de arena en alguna costa. 

Desde iniciativas cómo Refugees Welcome, para la acogida de los refugiados o el barco de la organización Proactiva OpenArms, que promueven el salvamento directo de los migrantes que se encuentran a la deriva, sobre lanchas con cientos de personas hacinadas, envueltas en la humedad y la sal, gasolina, y hedor a muerte, y que trata de evitar con el esfuerzo de numerosos voluntarios, el incremento del número de fallecidos. Nuevas iniciativas que se unas a las tradicionales como Cruz Roja, Amnistía Internacional, Médicos Sin Fronteras o los salvamentos marítimos de los estados receptores en las tres principales vías de acceso a Europa: Italia, Grecia y España.

Aunque los esfuerzos son grandes y el flujo migratorio ha disminuido en 2017, las muertes han aumentado sobre el porcentaje total de migrantes del 1’4% en 2016 al 1’8% el año pasado.

La huída de un infierno consentido

Libia se ha convertido en la principal vía de paso hacia Europa, con las dificultades que supone el paso desde Turquía a Grecia, o por Marruecos a España. Los migrantes que se concentran en este país, esperando una embarcación pueden ser entre 700.000 y 1 millón. Libia es un verdadero infierno desde el derrocamiento de Gadaffi, vía intervención de la OTAN, con dos gobiernos paralelos que no consiguen imponer un orden. En esta situación extrema, han emergido mafias de trata de esclavos, tráfico de personas, torturas, violaciones, un horror diario muy alejado de la “primavera árabe” que nos vendían en occidente nuestros gobiernos.

Nuestros países han actuado frente al drama de la migración, cerrando fronteras, imponiendo cupos de refugiados (que no se cumplen) y comprando a los países intermediarios con ayudas a los refugiados, que acaban en redes mafiosas y rara vez en ayuda práctica a los cientos de miles de personas que aguardan buscando un futuro mejor. 

Además, se obvia por completo la complicidad entre los regímenes dictatoriales, de los que proceden todos estos seres humanos, y nuestros gobiernos; las guerras, la explotación de la que huyen, el hambre y la miseria, suponen cientos de miles de millones de beneficios para nuestras burguesías monopolistas: petróleo, gas, recursos minerales y materias primas a bajo precio y mano de obra a precio de saldo. Un recorrido por los países del norte de África y África subsahariana, puede dar idea del nivel de explotación que sufren y la complicidad de occidente: Ghana, Chad, Sudán de Sur, Sierra Leona, Congo, Mali, y un largo etcétera…

Es tabú para nuestros países, para nuestros medios de comunicación, difundir esta imagen, esta panorámica de lo que sucede, de lo que se impone al otro lado del Mediterráneo. Vendido durante décadas como un mal congénito de nuestros hermanos negros, una forma de racismo, que transforma en invasores a los que huyen del hambre y la miseria, y no a los que expolian las enormes fuentes de riqueza de las que disponen. Y que han transformado el mar que nos une en una frontera oscura, y fomentando las diferencias entre el norte y el sur del mar. 

Un espejismo que ataca la memoria

Una clave importante a la hora de abordar una salida a esta situación, se encuentra en no aislar lo que sucede ahora de lo que nos ha sucedido a otros pueblos del mundo en otras épocas recientes. Porque los que buscan refugio, una vida mejor, un futuro, en otras ocasiones hemos sido también nosotros. E inequivocamente, la enfermedad debe ser la misma.

Si ahora consideramos nuestro mar Mediterráneo una fosa común, nos transmite directamente a los cientos de fosas comunes que salpican nuestro país. E inevitablemente, también vendrá a nuestra mente la expresión “memoria histórica”. Pues bien, la memoria debe servir para rescatar a los cientos de miles de españoles que tuvieron que HUIR, durante la Guerra Civil y durante la dictadura, a otros lugares en busca de una vida segura, con una mano delante y otra detrás, sin ninguna certeza de que les esperaría tras un viaje incierto. En Francia, se encerró a más de 440 mil refugiados españoles en campos improvisados de internamiento, a la intemperie y en condiciones terribles, de hambre y necesidad, en los que murieron miles de personas considerados “extranjeros indeseables” por el gobierno de Daladier. Fueron usados durante la guerra contra Alemania y muchos acabaron en campos nazis como Mauthausen. 

Un destino paralelo al que reciben los refugiados sirios o los cientos de miles de exiliados que hoy son clasificados de forma inocua cómo Migrantes.

Un nuevo mapa del mundo, otra perspectiva 

La trágica situación que vivimos estos últimos años no estaba escrita en los manuales de historia. Mediterráneo es el mar entre tierras, un nexo de unión de las culturas que recorren las costas del norte del continente negro a las de la vieja Europa. A la clase obrera nos une el agua de este mar, un pasado común y la explotación capitalista. Y no podemos buscar alternativas a lo que sucede sin partir de la última.

En una época en las que las potencias imperialistas occidentales, aún mantienen sojuzgados los anhelos de liberación e independencia de muchos de nuestros hermanos del sur, nosotros mismos en nuestros países, con nuestras vidas más o menos acomodadas sufrimos las imposiciones económicas, políticas y militares por parte de los mismos estados, gestionados desde el FMI, el BCE, o la OTAN. ¡Son los mismos!

Por esta razón se muestran tan activos en promover nuestra conciencia y despertar el alma caritativa en nuestras sociedades. Ayudando a los que lo necesitan, sin que nos preguntemos por la cuestión de fondo ¿Porqué están así? ¿Quién debe responder ante estos pueblos?

La solidaridad de clase no puede quedarse solo en la ayuda inmediata, urgente, que evidentemente, es absolutamente necesaria e imprescindible para mantener con vida a los miles de desplazados. Pero la solución solo puede provenir de darle la vuelta al mapa que nos han instalado en nuestra conciencia: el que nos enfrenta a la clase obrera y los trabajadores de Europa frente a los explotados de África y el tercer mundo. Sólo luchando y conquistando en nuestro país, un futuro en manos de las clases explotadas y trabajadoras, podremos conseguir un estado que no explote y oprima a otros países. Ni apoye la intervención, injerencia y explotación, por parte de otras potencias occidentales, o participe de ello.

La caridad no es la panacea para este conflicto. El camino debe ser el de organizarnos y unirnos en torno a nuestros intereses de clase, no dejarnos engañar por las diferencias que promueve la burguesía, y desenmascarar a los verdaderos responsables de las guerras, el hambre y la miseria que barren África y Oriente Medio. Esos que desde sus despachos de la OTAN, nos dicen que van a llevar la libertad y la democracia al mundo a base de bombas; Esos que desde sus despachos del FMI han esclavizado y secuestrado el destino de países enteros, hipotecando el futuro de varias generaciones. Esos que nos obligan a aumentar el gasto y la participación en sus incursiones bélicas. Esos que cierran fronteras y las siembran de alambres de espino y concertinas. Muros y cuchillas que no distinguen de nacionalidad, sexo, edad, profesión...

Sólo enfrentando este panorama, es posible cambiar el rumbo de este barco; Sólo así seremos capaces de dar respuesta a las miles de familias rotas, a los miles de muertos y desaparecidos, a los niños sin futuro, o a los niños muertos cubiertos de arena en alguna playa (sean fotografiados o no).

Debemos mirar el mapa desde otra perspectiva. Pegar de nuevo las dos partes que fueron cortadas para alejarnos de una realidad que es nuestra. Sólo así podremos volver a transformar el mar Mediterráneo en una vía de unión, en un horizonte al que cuando miremos, podamos intuir que al otro lado nuestros hermanos nos esperan. 

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COMENTARIOS

j.català (invitado) 30-01-2018 01:41

Cabe felicitar a Edu Puerta que ha sabido, a lo largo de su extenso estudio, trazar unas líneas maestras sobre el desencadenamiento de los movimientos migratorios hoy en día, insistiendo en el paralelismo, sine qua non, con los refugiados de la guerra civil en la época de Franco. Fueron bien acogidos en Francia por Léon Blum. Más tarde deportados por el régimen de Vichy y la Wehrmacht al campo de Mauthausen. Como bien dices, Edu, cabe desenmascarar a los responsables. Agradecido.


Paloma Beltre 26-01-2018 23:45

Sin duda un gran artículo que nos lleva a recordar el pasado, y como este sigue repitiéndose en el presente, y que ante la pasividad humana seguirá en el futuro, convirtiéndose ante los ojos de muchos en un problema permanente... ¿sin solución? si tiene solución, pero esta requiere; implicación, ideales humanos, asociación, movilización, planteamientos éticos y morales, en fin habra que plantearse que nos está llevando a la indiferencia ante estos "hechos", ya que sin duda es una causa para que los mismos se den y aún en este siglo sigan siendo noticia. Gracias por plantearnos las preguntas y recordarnos donde podemos encontrar las respuestas.