Francia vuelve a la estructura militar de la OTAN

De Gaulle profanado

Francia y Alemania buscan estrechar su alianza con Washington, aunque exigen que EEUU cuente con ellos en la toma de decisiones, y que esto se traduzca en cambios en la estructura de la OTAN

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05-02-2009
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Freud lo verí­a claro. Ha tenido que ser Nicolás Sarkozy, presidente por la gaullista Union pour un Mouvement Populaire (UMP) el que ha terminado de enterrar la herencia más valiosa de Charles De Gaulle, que sacó a Francia de la Alianza Atlántica en 1966 para evitar que la grandeur de la patria fuera un juguete en manos de los EEUU. Tras cuatro décadas -en las aún dentro de la órbita norteamericana ha gozado de una notable autonomí­a-, Parí­s volverá a la estructura militar de la OTAN en abril, en la cumbre atlántica de Khel-Estrasburgo.
 Sarkozy en el Eliseo. EFE
Sarkozy en el Eliseo. EFE
Freud lo verí­a claro. Ha tenido que ser Nicolás Sarkozy, presidente por la gaullista Union pour un Mouvement Populaire (UMP) el que ha terminado de enterrar la herencia más valiosa de Charles De Gaulle, que sacó a Francia de la Alianza Atlántica en 1966 para evitar que la grandeur de la patria fuera un juguete en manos de los EEUU. Tras cuatro décadas -en las aún dentro de la órbita norteamericana ha gozado de una notable autonomí­a-, Parí­s volverá a la estructura militar de la OTAN en abril, en la cumbre atlántica de Khel-Estrasburgo.
El retorno de Francia a la OTAN –de la que nunca salió del todo, ya que se mantuvo en las estructuras políticas de la organización- se ha venido produciendo desde el mandato de Jacques Chirac. En 1995, Francia recuperó su puesto en el comité militar de la Alianza, y participa en varias operaciones militares. Sin embargo la incorporación plena en la estructura militar de la OTAN no se produjo, por las desavenencias de Chirac con el Estado Mayor de la Alianza. Francia –impulsora de la integración militar de Europa- quería el mando de la zona sur de la OTAN en Nápoles, a lo que Washington se opuso. La subida de Bush al poder y su línea internacional –que exigía de los aliados una relación de vasallaje y de acatamiento incondicional- junto con el alineamiento de Chirac con el proyecto bávaro de “la Europa de los Pueblos” hicieron que Francia y EEUU tuvieran unas tormentosas relaciones durante años, y la plena integración en la OTAN quedó paralizada y casi estuvo a punto de echar marcha atrás.
 
Pero la llegada de Sarkozy al Eliseo –procedente al igual que Chirac de esa caja de los truenos que parece ser la UMP- arrasó por completo, como un frenético vendaval, la herencia de su predecesor. El eje franco-alemán ha sido quebrado, la parasitaria y burocratizada economía francesa esta siendo obligada ha reconvertirse en dinámica y competitiva (aunque la crisis puede frustrar sus esfuerzos), y en el plano atlántico, de la Francia antipática hacia EEUU hemos pasado a un Eliseo que no pierde ocasión de mostrarle a la Casa Blanca cuán atento está a sus intereses y qué buen aliado puede ser París. Y si con Bush la relación era buena, Sarkozy se frota las manos ante un Obama que ha hecho de la reconstrucción de las buenas relaciones con Europa uno de los ejes de su política internacional.
 
La  administración Obama ha terminado de facilitar la plena integración de Francia en la estructura militar, aunque Sarkozy ya se lo anunció a Bush hace un año. EEUU ha dado su visto bueno a que Paris pueda obtener dos comandantes y responsabilidades ampliadas en el seno de la organización. Francia elegirá al comandante a cargo del Mando Aliado de Transformación y también designará al comandante del Mando Regional de Lisboa, responsable del cuartel general de la Fuerza de Reacción Rápida de la Alianza. Francia obtendrá además "responsabilidades operacionales en la estructura de mando", probablemente en el Shape (el Estado Mayor Estratégico).
 
De Gaulle se revuelve en su tumba. El representante de los pocos sectores de la burguesía francesa que no aceptaron el ignominioso sometimiento de los nazis en Vichy, trató de devolverle a Francia su antigua grandeur, una voz propia en el mundo. Francia fue miembro fundador de la OTAN en 1949, acogiendo París la sede de la organización. Pero ante el dominio cada vez más aplastante de EEUU en los organismos de la organización, De Gaulle optó por marcharse de la estructura militar, negándose a que los ejércitos franceses estuvieran bajo mando americano. En abril de 1966 el general comunica a Lyndon Jhonson la decisión, y todas las tropas estadounidenses y los cuarteles generales de la OTAN abandonan Francia. Cuando después París hace estallar sus primeras armas nucleares, De Gaulle hace unas declaraciones que a buen seguro terminaron de agriar el gesto al Pentágono: la bomba serviría para proteger a Francia “a tous azimuts” (en todas direcciones). Dos años después, el mayo del 68 parisino –cuyos dirigentes han sido después destacados cuadros de las burguesías monopolistas- da la estocada de muerte a su mandato. ¿Venganza?.
 
El mundo está cambiando y los vientos en Europa hace tiempo que soplan hacia el atlántico. La emergencia de las potencias asiáticas, la reactivación de Rusia o un mundo musulmán unido en torno a un proyecto unificador son amenazas comúnes no sólo para la superpotencia norteamericana sino también para las potencias europeas, que se adueñan de una parte de la riqueza mundial muy por encima de su verdadera capacidad gracias al orden mundial estadounidense. Por eso Francia y Alemania buscan estrechar su alianza con Washington, aunque exigen que EEUU cuente con ellos en la toma de decisiones, y que esto se traduzca en cambios en la estructura de la OTAN.
 
Ayer mismo, Sarkozy y Merkel firmaron juntos una tribuna aparecida a la vez en Le Monde y Süddeutsche Zeitung titulada La seguridad, nuestra misión común. En la carta, los dos dirigentes europeos consideran que es necesario que la Unión Europea se aproxime a la OTAN y viceversa. "Frente a los riesgos del siglo XXI, es necesario reforzar la colaboración transatlántica de seguridad y defensa y adaptarla a los nuevos desafíos", señalan. Para ello, Sarkozy y Merkel creen que Estados Unidos y la UE deben "analizar juntos las situaciones, tomar decisiones comunes y ponerlas en marcha en colaboración", lo que es "contradictorio" con "la toma de decisiones unilateral".
 
Las viejas potencias imperialistas se reagrupan para hacer frente al vigor de los poderes emergentes. Pero su alianza se cimenta –como todas las relaciones entre depredadores- sobre las aguas pantanosas del antagonismo.
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