Teruel “existe” y es un ejemplo

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02-12-2017
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Teruel sufrió la mayor ola de incendios en 15 años y perdió 7.300 hectáreas de bosque. Hoy gracias al plan “Plantando Agua”los bosques de Teruel han recuperado 471,9 millones de litros de agua, reforestado 58,74 hectáreas y plantado 66.374 árboles.
 Teruel “existe” y es un ejemplo
Teruel sufrió la mayor ola de incendios en 15 años y perdió 7.300 hectáreas de bosque. Hoy gracias al plan “Plantando Agua”los bosques de Teruel han recuperado 471,9 millones de litros de agua, reforestado 58,74 hectáreas y plantado 66.374 árboles.

En el  2012, entidades públicas y privadas, la administración, grupos de investigadores y científicos trabajaron juntos para devolver la comarca de las Cuencas Mineras, devastada por el fuego, a su estado original. 

La clave del proyecto consiste es una reforestación controlada que asegure el suministro de agua azul, fomentando la ganadería como productora de agua azul al controlar la vegetación y, por ende, prevenir también los incendios.

La originalidad del proyecto consiste en que tiene en cuenta que la vegetación influye en la disponibilidad de agua.

El incendio forestal de 2009 que devastó grandes áreas de bosque permitió, sin embargo, comprender el efecto del bosque sobre los recursos hídricos. Los estudios técnicos del acuífero local mostraron que los volúmenes de recarga de aguas subterráneas aumentaron tras el incendio en un 20%.  (…) “Con tantas hectáreas como hay aquí y con un terreno calizo, cuanto más densa sea la cobertura forestal, más agua consumirá ese bosque para la fotosíntesis y más agua de lluvia atrapará para transpirarla después a través de las hojas a la atmósfera. Es agua, la llamada agua verde, que no irá a parar a ríos ni acuíferos para el consumo humano” (…) afirma José Manuel Nicolau, asesor científico del Plan Director y Profesor de Ecología de la Universidad de Zaragoza. 

Este conocimiento se ha utilizado para definir el plan de gestión que ha diseñado un monte resistente a los incendios futuros, adaptado al cambio climático, compatible con la fauna autóctona y que de servicio a los vecinos y a la sociedad.

Los trabajos en la zona se centran en realizar una reforestación controlada que asegure el suministro de agua azul -la de ríos y acuíferos-, pero también en fomentar la ganadería como productora de agua azul mejorando las infraestructuras ganaderas. El plan también cuida también de la economía local buscando un equilibrio entre la protección del monte y los ungulados silvestres (cabra montesa, jabalí, corzo…),  muy importantes para el turismo de caza y para la actividad económica de la zona.

Esta forma de gestionar el monte pueden servir de modelo a la comunidad científica y para la recuperación de otros terrenos.

Un objetivo a largo plazo es que los bosques de las Cuencas Mineras sean capaces de mitigar los efectos del cambio climático. Para ello se plantan especies autóctonas, como el pino carrasco, porque se adaptan mejor a los periodos de sequía y se plantan menos árboles por hectárea, por lo que cada uno de ellos tendrá más ración de agua cuando llueva. 

Teniendo en cuenta que las Cuencas Mineras es una de las zonas de Europa donde más rayos caen, la iniciativa también pretende que el monte sea resistente a los incendios.

Para ello se ha recurrido a especies que, tras el fuego, mantienen el tronco, del que salen nuevas ramas, como las del género ‘quercus’. Muchos de los árboles que ardían en 2009 no eran autóctonos, sino que eran una especie de árbol de pino no resistente al fuego plantado para proporcionar madera para las minas de carbón en la zona, ya cerradas. Por otro lado, el diseño de parches de plantaciones discontinuas en caso de incendio dificulta la propagación del fuego.

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