La peligrosa coartada del franquismo

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01-12-2017
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Tras la falsa bandera del “retorno al franquismo” o “la deriva autoritaria” de España, se cuelan las alternativas más reaccionarias, las que dividen al pueblo trabajador y trabajan por impedir un verdadero cambio de progreso en beneficio de la mayoría.
 La peligrosa coartada del franquismo
Tras la falsa bandera del “retorno al franquismo” o “la deriva autoritaria” de España, se cuelan las alternativas más reaccionarias, las que dividen al pueblo trabajador y trabajan por impedir un verdadero cambio de progreso en beneficio de la mayoría.

Más de cuarenta años después de la muerte de Franco, algunos están empeñados en hablar en presente del franquismo. 

Puigdemont afirma desde Bélgica que “lo que vivimos estos días nos recuerda demasiado al franquismo”. Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, se refiere a los ex consellers como “presos políticos”, una figura que solo puede existir en las dictaduras. Y Pablo Iglesias denuncia que “el bloque monárquico” heredero del franquismo está vulnerando derechos fundamentales.

¿Realmente estamos sufriendo “un regreso del franquismo”... o esta bandera se utiliza como coartada para dar argumentos a quienes, desde los planteamientos más antidemocráticos, pretenden dividir y fraccionar el país?

Convertir a los agresores en víctimas

No solo en Cataluña sino en el resto de España, una gran mayoría rechazamos la violencia policial que se ejerció contra la población el 1-O. Y muchos progresistas se enfrentan, con razón, a la política del gobierno de Rajoy ante “la cuestión catalana”, cuestionando la ejecución del artículo 155 o el encarcelamiento de los cesados consellers.

Pero hay quien utiliza estos hechos para dar una imagen distorsionada, y absolutamente falsa, de la realidad, presentando poco menos que España está hoy bajo un régimen dictatorial.

Pablo Iglesias ha llegado a afirmar que “con la escalada de represión del PP podemos ir a un escenario que nos recuerde a Turquía”.

En Turquía se bombardean los territorios kurdos que defienden la independencia, se ha encarcelado masivamente a funcionarios enfrentados al gobierno, o se han ilegalizado partidos de oposición.

¿Qué tiene esto que ver con lo que sucede en España? 

Puigdemont afirma desde Bruselas que “estamos ante un Estado español que ha enloquecido, que no tiene autocontrol ni límite”, y que “para impedir a los catalanes poder decidir su futuro” está retornando a los modos autoritarios del franquismo.

Colocar a alguien ante el espejo es una prueba para saber si miente o dice la verdad. Los ancestros de los Puigdemont, Mas o Pujol, es decir los representantes de la burguesía catalana más reaccionaria, fueron los que recibieron brazo en alto a las tropas franquistas que ocuparon Barcelona, porque venían a devolverles las fábricas que los obreros habían ocupado. No parece que sean los más indicados para denunciar hoy al franquismo.

Se puede, y se debe, discrepar de una democracia española que deja mucho que desear. Pero equiparla al nivel del franquismo es un fraude de peligrosas consecuencias.

Los ex miembros del govern catalán, o los presidentes de ANC y Omnium, no son “presos políticos”, es decir luchadores por la libertad que se enfrentan a una dictadura. Como lo eran los militantes comunistas que el franquismo si encarcelaba, cuando no fusilaba. Por el contrario representan el “estado mayor” que pretendía imponer, de forma antidemocrática, una independencia unilateral silenciando a una mayoría de catalanes que la rechazan.

¿Por qué entonces la insistencia en hablar del “peligro de retorno del franquismo”?

La clave la proporciona Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, cuando afirma que “estamos en contra del PDeCAT de la misma manera que estamos en contra del PP. Pero en un contexto en el que hay algunos que van a la cárcel y otros que aplican la fuerza para impedir una solución política que podría pactarse también con sectores de la derecha, es injusto ponerlos al mismo nivel”.

Al señalar como “franquista” al PP y al Estado español se está, sobre todo, amparando y protegiendo a quienes, como Puigdemont y Junqueras, han intentado imponer a la mayoría una independencia unilateral.

De repente, los impulsores de la fractura del país, de la división y el enfrentamiento entre el pueblo, pasan de ser agresores a convertirse en “victimas de la represión española” con los que es necesario solidarizarse.

Un mundo al revés que nos presenta una confusión demasiado interesada.

Libérate de la mano de tu enemigo

Una de las grandes mentiras que se han inoculado en algunos sectores populares es que la independencia de Cataluña iba a generar mejores condiciones para un cambio social y de progreso, también en el resto de España.

Revistiendo al “procés” que encabezaban los sectores más reaccionarios de la clase política catalana de un cierto halo progresista.

El engaño y la estafa no puede ser mayor y más sangrante.

¿Cómo se va a poder avanzar en la lucha contra la corrupción de la mano de “la mafia del 3%” del PDeCAT, que solo se diferencia de la antigua Convergencia de Pujol en el nombre? 

Ellos han robado a manos llenas el dinero público catalán, han sido calificados por la justicia como “organización criminal” y comparten con el PP de Bárcenas el dudoso honor de ser el partido más corrupto de España.

¿Cómo se va a ampliar la democracia de la mano de quienes en Cataluña han diseñado toda una estafa antidemocrática para imponer la independencia contra la opinión de la mayoría de la sociedad?

En la “hoja de ruta” hacia independencia de Puigdemont y Junqueras se explicitaba como tratar a los “convencidos del NO”: “activar a sus entornos independentistas más próximos”, como medida de presión, y “desincentivar su participación”, para evitar que puedan hacer valer su voz.

Es decir, limitar la capacidad de expresión de quienes discrepan. No cabe un programa más antidemocrático.

¿Cómo se va a luchar contra los recortes de la mano de quienes han ejecutado la mayor oleada de recortes contra la población catalana?

Según el informe de la Asociación Estatal de directores y gerentes en servicios sociales, Cataluña fue la comunidad que entre 2.009 y 2.015 encabezó los recortes sociales. Hasta 5.648 millones millones menos en gasto social, una pérdida del 26%. 

¿Cómo vamos a ir de la mano de esta gente? ¿Cómo puede cualquier persona de izquierda siquiera pensar que puede salir algo positivo de su compañía?

Pero sin embargo, se sigue difundiendo un relato que solo persigue confundirnos.

Pablo Iglesias rechaza cualquier tipo de acuerdo con Ciudadanos, a los que califica como “extrema derecha”. Pero sin embargo defiende el acuerdo con el PNV o el PDeCAT, dos de las fuerzas más a la derecha de toda España, para impulsar en el Congreso una moción de censura.

O excluye al PP de cualquier negociación  por “ser una trama corrupta”, pero firma la “Declaración de Zaragoza” para “desencallar el conflicto catalán” con el PDeCAT, que es responsable de una interminable lista de casos de corrupción.

El procés catalán no es que sea una losa, relegando y silenciando la lucha contra los recortes bajo “el conflicto entre Cataluña y España”. Es que empuja hacia la dirección más reaccionaria y enfrentada a los intereses populares, tanto en Barcelona como en Madrid.

Dividiendo y enfrentando al pueblo trabajador, en Cataluña y en el resto de España.

Presentando dos bandos encabezados por los sectores más reaccionarios, los Rajoy en Madrid o los Puigdemont, Mas y Junqueras en Barcelona.

Agudizando el enfrentamiento interno para que no podamos unirnos contra quienes de verdad nos imponen los recortes, el FMI desde Washington o el BCE desde Frankfurt.

Claro que es necesario un cambio de progreso en España. Pero solo podrá venir desde la unidad entre todo el pueblo trabajador español, desde Madrid a Barcelona. Frente a las políticas de recortes y de sometimiento a los dictados exteriores (de la Comisión Europa, del FMI o de la OTAN) que han defendido tanto Rajoy como Puigdemont.

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