Europa a prueba

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19-10-2017
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La situación de Europa se complica día a día. Mientras las negociaciones del Brexit se estancan, los líderes europeos no ganan para sustos. La "cómoda" reelección de Angela Merkel ha revelado de pronto la aparición de una enorme grieta en el motor de la UE. La ultraderecha casi gana en Austria. Y a ello se suma ahora el "problema catalán".
 Europa a prueba
La situación de Europa se complica día a día. Mientras las negociaciones del Brexit se estancan, los líderes europeos no ganan para sustos. La "cómoda" reelección de Angela Merkel ha revelado de pronto la aparición de una enorme grieta en el motor de la UE. La ultraderecha casi gana en Austria. Y a ello se suma ahora el "problema catalán".

El "Brexit"

Ya han pasado 15 meses desde el referéndum del Brexit. Y más de medio año desde que la primera ministra británica activara la cuenta atrás para el divorcio entre Londres y Bruselas. El tiempo pasa deprisa (existe un límite de 21 meses para llegar a un acuerdo), pero la negociación ha entrado en un punto muerto preocupante: la quinta ronda de conversaciones, finalizada el pasado 12 de octubre, concluyó sin avances y con gruesas palabras de descalificación por una y otra parte. Puede que todo forme parte del "juego de intereses": a May le viene bien un poco de teatro ante la difícil situación ya no en el Parlamento británico, sino en su propio Gobierno. Y la UE está usando el Brexit como  cemento de unión: hacía años que no se veía tanta unidad en un tema de este calibre. Pero el negociador jefe de la Unión, el francés Michel Barnier, ha dejado claro que "no se han dado pasos hacia adelante", y que Bruselas y Londres "están ante un bloqueo preocupante". 

Ninguno de los tres grandes temas que la UE pretende cerrar antes de abordar las negociaciones sobre la futura relación entre el Reino Unido y la UE (la "factura de la separación", los derechos de los europeos en Gran Bretaña y la cuestión de Irlanda del Norte) han experimentado el menor avance en seis meses. En este contexto, empieza a cundir la inquietud y, hasta cierto punto, la alarma. En un principio, se daba por hecho que al final habría un acuerdo. Pero ya no estamos en los tiempos en que lo previsible siempre se cumple; al contrario, si algo define nuestro tiempo es porque lo imprevisto y lo improbable es al final lo que ocurre. En teoría, tanto la UE (cuyos intereses en Gran Bretaña son gigantescos; sobre todo por parte de Francia y Alemania) como Reino Unido (su negociador dijo meses atrás que no lograr un acuerdo sería un "desastre") tienen el máximo interés en un pacto de divorcio que no dañe en exceso a ninguna de las partes. ¿Pero hasta dónde pueden ceder unos y otros? Europa no se lo puede poner fácil, porque sería como dejar la puerta de la casa abierta: cualquier país que tuviera una discrepancia con la UE amenazaría enseguida con irse, y muchos lo harían, provocando una desintegración imparable. Y Gran Bretaña  no puede limitarse a agachar la cerviz, pues el nuevo orgullo británico no aceptaría una rendición. La pugna está, pues, servida, y su desenlace anuncia no pocos capítulos de peleas encarnizadas, en las que las partes pueden hacerse más pupa de lo esperado. ¿Se mantendrá Theresa May al frente del gobierno británico hasta el final? ¿Mantendrá la UE su unidad sin fisuras en toda la negociación o no tardarán en aparecer las divisiones y los enfrentamientos?

Por el momento, y es todo un signo, la influyente Asociación de la Industria Alemana (BDI), una organización que representa a unas 100.000 empresas con unos ocho millones de empleos, incluidos todos los gigantes del "Made in Germany", uno de los think-tanks más influyentes de Europa y con más peso en Berlín, ha alertado a sus miembros sobre la posibilidad de un Brexit "muy duro", sin ningún tipo de acuerdo, como una posibilidad que deben tener en cuenta sus empresas, y ha hecho un llamamiento a que estas se preparen "para cualquier escenario".

La nueva incertidumbre alemana

En el agitado contexto europeo no existía pieza más sólida que Alemania. Por muchos vientos que azotaran a la UE (y en los últimos años los ha habido incluso huracanados), la "estabilidad" y la "solidez" de Berlín aparecían como la garantía última de que la nave aguantaría la tormenta y saldría finalmente a flote. Pero las elecciones alemanas del pasado 24 de septiembre pueden haber puesto en cuestión también este axioma. 

En efecto, lo que se presumía como un "paseo triunfal" de la incombustible Ángela Merkel, ha dejado paso a una situación poselectoral mucho más peligrosa e inestable. Tras obtener el peor resultado de su partido desde la II Guerra Mundial y perder varios millones de votos, Merkel se encuentra en una posición enormemente difícil para formar un gobierno coherente y estable, capaz de guiar a Alemania y a la UE en el momento actual. Tras la negativa a formar parte de él de la socialdemocracia (que también obtuvo su peor resultado desde 1949), a la canciller no le queda otra alternativa que formar un gobierno con liberales y verdes, dos partidos difíciles de conciliar, que además tienen posturas enfrentadas en muchos temas europeos. 

Pero la gran conmoción electoral y el peor augurio venían de otro lado. La entrada de 90 diputados de ultraderecha en el Bundestag representó un auténtico mazazo y un escalofrío. Por primera vez desde 1945, un partido que pregona la xenofobia, que no le hace ascos al racismo y que pide una revisión de la historia oficial de Alemania, entraba en el recinto sagrado de la democracia alemana. Y, además, erigido en el tercer partido del país (y el segundo en la antigua Alemania del Este).

El AfD es, además, un partido "antieuropeísta". Un partido que aboga porque Alemania abandone las "cadenas" de la UE, salga del euro, etc. Si la situación en Europa se complica, si aumentan seriamente las dificultades y los problemas, si una Ángela Merkel más débil pierde fuelle, si la situación se hace ingobernable, ¿quién puede asegurar que el debate sobre la permanencia en Europa no pase a convertirse en en el debate central en Alemania?

El dique alemán que estabilizaba Europa se ha roto. Y ya hace aguas.

La "bomba" catalana

A todas estas incertidumbres se ha sumado en los últimos días, y además con una fuerza y una virulencia inusitada, la "bomba" puesta por el independentismo catalán en el corazón mismo de Bruselas.

Pese a las mil y una advertencias que la UE lleva lanzándole a Cataluña para que no dé el paso de separarse de España y formar un nuevo Estado (advertencias que incluyen, desde hace tiempo, la amenaza de dejar a Cataluña fuera de la UE), la Generalitat llevaba a cabo el pasado 1 de octubre el simulacro de un referéndum con el objetivo de aprovechar sus resultados para proclamar la independencia. El asunto llegó tan lejos que el pasado 10 de octubre Puigdemont convocó un pleno del Parlament para proclamar la República catalana, cosa que al final no hizo, entre otros motivos, porque la Comisión Europea amenazó directamente con expulsar a Cataluña de la UE, y porque ni uno solo de los 27 países que la integran iba a reconocer su proclamación.

Los motivos de esta posición tajante y unánime de la UE ante la cuestión catalana son muchos y variados, pero hay uno que destaca sobre todos los demás. Como dijo Juncker días después: "No queremos una Europa de 95 países". En Bruselas se teme especialmente la cascada de reclamaciones separatistas a la que tendría que hacer frente si Cataluña se independiza por su cuenta y riesgo. Según un informe, hay ahora mismo 35 regiones europeas que podrían intentar seguir la vía catalana. 

El riesgo de que toda Europa se convierta en un pandemónium de movimientos nacionalistas, de que hasta los estados europeos más sólidos tengan que enfrentarse a tensiones de este tipo (incluidos Francia y Alemania) e, incluso, el temor no desechable a que alguno de esos países (como España misma, por ejemplo) acabe "balcanizándose", han llevado a la UE a adoptar una actitud tajante y sin fisuras.

Con la amenaza de que el Brexit acabe sin acuerdo, con el liderazgo alemán debilitado y con la bomba catalana entre las manos, Europa está verdaderamente "puesta a prueba". Por el momento, la UE ha conseguido cerrar filas y mantenerse unida ante estos desafíos, lo que no es poco.  Pero aún queda lo más difícil: resolver sus crisis de una forma efectiva. ¿Será capaz? Si no lo hace, las creciente fuerzas antieuropeistas, que ya llaman a la puerta por todos los rincones de Europa, pueden ver llegada su hora.

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COMENTARIOS

Ali Bilbo (invitado) 23-10-2017 14:03

El artículo ha tocado el punto débil de la UE