“Caravana Esperanza” recorre Brasil

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24-09-2017
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Desde el 17 de agosto al 5 septiembre, Luiz Inàcio Lula da Silva, fundador del Partido de los Trabajadores, ha recorrido 9 estados del Nordeste de Brasil, con la campaña Lula por Brasil, para conocer la realidad del pueblo brasileño y sus necesidades. Preparando el camino a las elecciones que se celebrarán en 2018.
 “Caravana Esperanza” recorre Brasil
Desde el 17 de agosto al 5 septiembre, Luiz Inàcio Lula da Silva, fundador del Partido de los Trabajadores, ha recorrido 9 estados del Nordeste de Brasil, con la campaña Lula por Brasil, para conocer la realidad del pueblo brasileño y sus necesidades. Preparando el camino a las elecciones que se celebrarán en 2018.

El recorrido de “Lula por Brasil” (cómo se llama la campaña) de 4000 kilómetros por los estados del Nordeste de Brasil, de Bahía a Pernanbuco, pasando por Sergipe, Alagoas, Maranhao, se inspira en los comienzos de Lula, cuando era líder sindical (procedente del Sindicato de la Metalurgia, dentro de la Central Única de los Trabajadores). Por aquel entonces, recorrió 359 ciudades entre 1993 y 1996, en las “caravanas por la ciudadanía” y 6 años más tarde se convertiría en el primer presidente obrero de Brasil, cargo que ocupó hasta 2011, cuando le sucedió Dilma Rousseff, también del PT.

El objetivo es doble: por un lado, recoger las necesidades del pueblo a pie de calle, entrando en contacto con la realidad ciudadana del día a día y constatar el desmantelamiento de las políticas públicas y sociales que está llevando el gobierno de Michel Temer, impuesto en un golpe blando como presidente. El segundo objetivo es fortalecer el PT, tanto si se presenta Lula a las próximas elecciones presidenciales como si no, recuperando el legado del PT y aumentando sus filas en cada ciudad por donde pasa en su recorrido. Algunos medios le llaman “caravana de la esperanza”.

Un legado de crecimiento económico y desarrollo social

Desde que llegara a la presidencia de Brasil, emprendió un programa que ligó el crecimiento económico que había comenzado el país en los 90, con la redistribución de la riqueza que impulsó Lula. El país más poblado de América Latina (190 millones de habitantes) tenía uno de los mayores indices de desigualdad del mundo, con 55 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza y casi 15 millones en la extrema pobreza. Además de una elevada tasa de analfabetización.

Combatir el hambre fue una prioridad del gobierno de Lula da Silva, al punto de crear un ministerio dedicado exclusivamente para esta tarea. En seis años la desnutrición de Brasil se redujo un 73 por ciento y la mortalidad infantil en un 45 por ciento.
La política es ejemplo en el mundo. Esta apuesta incluye restaurantes populares, programas de lactancia materna, promoción de la agricultura familiar, distribución de alimentos a los más pobres, la entrega de microcréditos y fomento de la economía local a través de la compra al pequeño productor para abastecer los programas de alimentación del gobierno, entre otros.

Se produjo una revolución económica del país, que en pocos años vio descender la pobreza en un 33 por ciento (12,5 millones de familias en situación de pobreza) y una disminución de la desigualdad sin precedentes: el 10% más pobre aumentó su riqueza un 50%, mientras que el 10% más rico aumentó el 7%.

Desde su presidencia a la cabeza del PT, y apoyándose en otros partidos cómo el Partido Popular Socialista, Partido Socialista Brasileño, Partido Democrático Laborista, pudo llevar a cabo toda una serie de políticas sociales, partiendo de una nueva distribución de rentas, que tenían el centro en el aumento del nivel de vida de la población, erradicando la pobreza y aumentando la alfabetización ( construyendo 18 universidades públicas, 214 centros de enseñanza básica y concediendo un amplio sistema de becas en enseñanza media, superior y universitaria). Hoy los hijos de los trabajadores pueden estudiar carreras en esos centros.

Dentro de las medidas redistributivas de la riqueza, su estandarte fue el programa “Bolsa familia” que dedicaba un 0’4% del PIB a ayudas sociales y que ayudó a más de 45 millones de habitantes, además de inversiones productivas sociales, construyendo cisternas de agua y promoviendo la agricultura familiar.

Las riendas del gigante de Sudamérica

Para poder llevar a cabo estas profundas transformaciones, el gobierno de Lula tuvo que enfrentarse no sólo a la especulación y expolio de las multinacionales que se apropiaban de los recursos de Brasil, sino hacer frente a la deuda con el Fondo Monetario internacional que habían contraído los anteriores gobiernos; en su segundo año de mandato, el gobierno canceló la deuda de 16 mil millones de Dólares con el FMI, y se lanzó a un enorme proceso de inversión industrial y desarrollismo preservando la banca pública, el BNDES (banco de desarrollo) y la energética PETROBRAS, del modelo de privatizaciones que siguió Cardoso, el anterior presidente,y que lo alejaron del Consenso de Washington. Esto permitió reducir la deuda externa, el aumento del PIB y el aumento de las relaciones comerciales, en uno de los mayores crecimientos del mundo y de los BRICS ( junto a China, Rusia, Sudáfrica e India).

El gigante “enfermo” de Latino América despertó haciendo caso omiso a las exigencias draconianas y “recomendaciones” abusivas del FMI, subiendo salarios y elevando el nivel de vida de la población. Tejiendo redes comerciales y políticas con los países del entorno sudamericano y el resto de países emergentes.

Brasil entra en crisis

Todo este increíble crecimiento y desarrollo se frenó en 2014, entre escándalos de corrupción (operación Lava Jato), presiones económicas desde los organismos internacionales como la devaluación de la solvencia de deuda o el aumento de los intereses, desestabilización desde los medios de comunicación, que provocaron una inflexión en el crecimiento brasileño, que alcanzó a las clases populares con la disminución en la creación de empleo y el descenso de popularidad de la sucesora de Lula, Dilma Rousseff.

Todos los mecanismos se pondrán en marcha, para sacar a la presidenta del PT del gobierno, hasta llegar a un impeachment, que colocaría a Temer en la presidencia, un candidato del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, rodeado de casos de corrupción, incluido hoy él cómo imputado, pero mucho más cercano a las políticas de Washington, y con un programa de medidas como la reforma de las pensiones o una reforma laboral que ya le han costado la primera huelga general de Brasil desde 1996.

Un legado, una alternativa que regresa

El rechazo generalizado en la sociedad brasileña hacia el actual presidente Temer (cerca del 90%), contrasta con la enorme popularidad que conserva Lula, pese al acoso y derribo mediático, y la posible condena por corrupción a 9 años y medio de cárcel, que tal vez impidan que vuelva a presentarse cómo candidato a la presidencia.

El Partido de los Trabajadores, tiene en Lula y en su legado de crecimiento social, su mayor ariete contra las políticas económicas que oprimen al pueblo. El intento de secuestro de la soberanía conquistada y el pretendido robo de las riquezas que los trabajadores producen, han levantado al pueblo de Brasil para preservar lo que les pertenece. Y la caravana de Lula, por los Estados de Brasil, es una herramienta para construir una alternativa de los ciudadanos, que recoja sus necesidades y anhelos, y que se enfrente al saqueo y expolio de la mayoría de la población, reconstruyendo una historia de lucha contra la pobreza y el hambre, de alfabetización e igualdad, de empleo y desarrollo.

Es ardua la tarea que espera al pueblo de Brasil en los próximos meses hasta las elecciones presidenciales en octubre de 2018, pero hay un viento popular que crece y que tiene una fructífera herencia: la de la unidad de las clases populares, la del frente de los trabajadores hasta el movimiento de los Sin Tierra, que defendiendo su independencia política y económica, han conocido el mayor crecimiento de su historia… Y solo recuperando esa senda, recuperarán la soberanía y su destino.

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