La crisis y los trabajadores

Hijos del agobio

Son los innombrables, los que no cuentan, los que sólo aparecen en la televisión como carne de cañón para que veamos la suerte que tenemos los que tenemos créditos o pagamos hipotecas

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04-02-2009
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Hijos del agobio y del dolor cantaban Triana a finales de la década de los setenta en el epicentro de la última gran crisis del capitalismo, la crisis del petróleo del 73. Lo que parecía irrepetible por la propaganda de las bonanzas del sistema nos ha devuelto a la realidad más cruda.
 
Mujer, blanca, mediana edad, española, dos hijos, en paro al igual que su marido. Vende kleenex a los coches que se paran en un semáforo de Zaragoza.
 
Tío, déjame veinte céntimos pa roinoles que con la metadona sólo, no me vale, conversación en Carabanchel Bajo, Madrid, que parecía ya destinada sólo a los puntos marginales de ventas de droga como las Barranquillas y que de repente aparecen de nuevo y de golpe en nuestras ciudades.
 
Los cubos de basura se convierten para muchos en su única fuente de ingresos y que con sus ganchos para llegar hasta lo hondo recorren la ciudad en busca de algo, quizá de la dignidad que les han robado golpe a golpe.
 
Al cierre de Sabecos, Eroskis, Días se agolpan gentes de todo tipo y condición en espera de que tiren los productos caducados para poder comer algo.
 
Las filas del paro son cada día mas largas. 80.000 autónomos han dejado de serlo el año pasado y no reciben ningún tipo de prestación social ni derecho a paro.
 
Por desgracia son escenas cotidianas de nuestras ciudades y pueblos fruto de la recesión. Son los innombrables, los que no cuentan, los que sólo aparecen en los programas sensacionalistas como carne de cañón para que veamos la suerte que hemos tenido los que tenemos créditos o pagamos hipotecas y colegios. Los que sudamos tinta china para llegar a fin de mes. Los que tenemos que consumir para sacar el “país adelante” y no tenemos ni para calcetines.
Tiene razón Zapatero cuando dice que la economía es un estado de ánimo. De rabia, de indignación. Da vergüenza escuchar al representante de AEB, la asociación de banqueros decir que gracias a ellos, al contrario que en el resto de Europa o de EE.UU, se mantiene la economía española. Y el Gobierno agradece sus esfuerzos, ¿Y los nuestros?
Es el mundo al revés, los que se apropian de la riqueza que producimos todos los demás son los que hacen los esfuerzos. Parece ser que mantener la economía española es mantener su propia cuenta, sus propios beneficios, la economía española es su economía no la de miles de personas abocadas al infierno de la marginación y la pobreza, o de sacarle humo a las calculadoras para que las cuentas lleguen a fin de mes.
Ciertamente Zapatero tiene razón, el estado de ánimo no es el mismo si tienes millones de euros de beneficios que si no tienes ni trabajo ni dinero. Pero ante las adversidades nos crecemos y lo que nos sobra a los parias de la tierra es dignidad y capacidad de sufrimiento y de lucha.
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