Muere Basilio Martín Patino

El cine de lo invisible

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15-08-2017
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"Intentar filmar el sentimiento de la historia pertenece a una poética subjetiva, a una propuesta de comprendernos mejor, de superar el desconcierto en que puede situarnos el transcurso implacable del tiempo. En cada película construimos una ventana desde la que mirar como nos reinventamos a nosotros mismos. Un modo de sosegarnos respecto a determinados tiempos y zonas inquietantes" Basilio Martin Patino
 El cine de lo invisible
"Intentar filmar el sentimiento de la historia pertenece a una poética subjetiva, a una propuesta de comprendernos mejor, de superar el desconcierto en que puede situarnos el transcurso implacable del tiempo. En cada película construimos una ventana desde la que mirar como nos reinventamos a nosotros mismos. Un modo de sosegarnos respecto a determinados tiempos y zonas inquietantes" Basilio Martin Patino

Basilio Martín Patino (Lumbrales, Salamanca) está considerado como uno de los cineastas españoles más destacados por su obra libre y en constante búsqueda de nuevos caminos expresivos.

Basilio Martín Patino (Lumbrales, Salamanca, 29 octubre 1930) nació en el seno de una familia de padres maestros de escuela de corte católico-conservador, que en 1940 se trasladaron a Salamanca. Desde su ingreso en la facultad se sumó al cuadro artístico del TEU (Teatro Español Universitario) e intervino en varias obras como actor; la más llamativa, Antígona (Jean Anouilh), en marzo de 1953. Fundó y dirigió el Cineclub Universitario del SEU de Salamanca (1953-1955), así como la revista Cinema Universitario (1955), en la que publicó su primer esbozo de guión: un “Ensayo de adaptación cinematográfica de La Celestina”.
Promovió y organizó las I Conversaciones Cinematográficas Nacionales (1955). Ese mismo año había realizado y montado con Luciano G. Egido y Manuel Bermejo el documental Imágenes sobre un retablo. Escribió la novela Calle de Toro, antes Generalísimo, finalista en el premio Biblioteca Breve.

Entre 1955-1960 cursó estudios de cine en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (IIEC), en el que realizó como prácticas los cortometrajes El descanso (1957) y El parque (1958). Se graduó con el cortometraje Tarde de domingo (1960)."Patino aportó al cine un lenguaje y técnica narrativa innovadores en su época.
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Durante ese periodo de estudiante de cine ya desarrolló un guión para un cortometraje documental titulado Plaza Mayor, con producción de M. Hernández Sanjuán –el presupuesto sería de 82.000 pesetas--, y para lo que solicitaba un patrocinio de 32.500 pesetas al Ayuntamiento de Salamanca, según solicitud cursada en julio de 1956, que no fue atendida. Además, anunciaba que con el mismo productor preparaba otro cortometraje sobre Salamanca, con guión de José de Juanes, por encargo del Ministerio de Información y Turismo. Tampoco se realizó ese proyecto.

Su guión Amanecida recibió el Premio Nacional de Guión. Filma en mayo de 1960 el documental El Noveno, sobre la fiesta tradicional de liberación de la dependencia nobiliaria en la localidad salmantina de San Felices de los Gallegos; la obra fue masacrada por la censura. Prácticamente a continuación, en el campo salmantino filma Torerillos´61, que, tras su montaje rompedor, no se estrenará hasta 1962. Ambos cortometrajes recibieron premios en festivales como Oberhausen, Bilbao, Acapulco, Londres, Edimburgo, Florencia.

En abril-mayo filma en Salamanca Nueve Cartas a Berta, que recibió la Concha de Plata a la mejor ópera prima en el Festival de Cine de San Sebastián de 1966, aunque no se estrenó hasta el 27 de febrero de 1967. Con larga y aplaudida permanencia en las salas de estreno, se convirtió en el símbolo de la juventud española y referencia clave en el denominado Nuevo Cine Español. Entre otras, recibió distinciones como Primer Premio del Círculo de Escritores Cinematográficos al guión, Primer Premio de la Federación Nacional de Cine-Clubs, Primer Premio Internacional del CIDALC en el festival de San Sebastián, Premio a la calidad artística del Jurado Nacional de Críticos y Escritores, Mejor Película Española para la revista CineStudio y para Radio Juventud, Premios de mejor película por votación popular en los certámenes de Molins del Rey e Irún. Premios en festivales de Buenos Aires y La Habana. Invitada al festival de Pésaro y por el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York.


Recrea en Sevilla Rinconete y Cortadillo por encargo de TVE. Por orden del Ministerio de Información y Turismo de Manuel Fraga la víspera de terminar se interrumpe el rodaje y se requisa y hace desaparecer el material filmado, que nunca ha sido hallado en los archivos oficiales. Formaba parte de la serie para la segunda cadena “Cuentos y leyendas de la literatura española”.

En ese momento, Martín Patino también barajaba llevar al cine el guión Una vez, una zorra, que había preparado con el autor del relato, el escritor Daniel Sueiro. El proyecto quedó colgado por problemas de financiación.
En 1968 realiza con el pseudónimo M. Pascual, junto con José Luis García Sánchez, el documental Paseo por los letreros de Madrid.

Durante esa etapa se centra intensamente en la realización de buen número de encargos publicitarios, dedicación que ha considerado muy importante en su formación para el manejo de la imagen y del montaje.

Dirige Del amor y otras soledades, que concurre a la sección oficial de la Mostra de Venecia, donde se recibe con ovaciones, pero en España la película origina un encendido debate a raíz de la situación del matrimonio protagonista, centrado en torno al divorcio. La censura dispuso cuarenta y dos cortes en la obra. Como consecuencia de los problemas generados por su segundo largometraje, tanto por la censura oficial como la empresarial, el realizador decide prescindir de los circuitos oficiales de producción y organizar sus proyectos desde posiciones de independencia. Continúa su dedicación a los spots publicitarios.

En los bajos de su casa madrileña, en 1970, Martín Patino, asociado como productor con Julio Pérez-Tabernero, reunió a un escueto grupo de colaboradores que trabajó libremente y sin sumisión a la industria para lo que se señaló como un montaje de materiales documentales según el cartón de rodaje solicitado. Meses después, Canciones para después de una guerra se presentó a censura, que exigió una serie de cortes antes de aprobarla. Se concedió la condición de “interés especial” a la obra. Pero, tras recibir ataques implacables desde la ultraderecha del régimen y de la mano de Carrero Blanco, se ordenó la prohibición de la película, incluso su destrucción. Invitada a la International Film Exposition of Hollywood, el Gobierno respondió que ese film nunca había existido. No se autorizó su proyección hasta agosto de 1976, y en septiembre se estrenó con enorme éxito de público: fue la película más esperada de la transición política.

A consecuencia del ataque del régimen dictatorial a su película anterior, Basilio M. Patino afrontó desde la clandestinidad la realización de Queridísimos verdugos, con el apoyo documental y literario de Daniel Sueiro. Una obra estremecedora con los últimos verdugos en torno a la “administración de justicia”, película que no pudo estrenarse hasta abril de 1977, pero que recibió premios en festivales como los de Taormina y Prato.

Con el film Caudillo el realizador dejó otra nueva muestra de su maestría en el montaje de materiales cinematográficos en torno a la figura de Franco, materiales que, al no poder acceder a archivos oficiales por actuar desde la clandestinidad, en un buen porcentaje eran inéditos al proceder de archivos extranjeros. En su estructura compleja, se contraponen las imágenes de los dos bandos en guerra. Al morir el dictador, Martín Patino trabajaba en una segunda parte de la película, que abandonó al entender que ya no tenía sentido continuar su trabajo. Se estrenó en octubre de 1977, tras una intensa peripecia censora y en medio de algaradas propiciadas por sectores franquistas. Recibió premios en festivales de Berlín, Londres, Karlovy Vary.

En el otoño de 1974 el realizador comenzó a preparar una nueva película, con guión basado en el libro “La crisis”, del periodista Joaquín Bardavío, sobre el atentado de ETA que asesinó a Carrero Blanco. El film –de tono documental, se indicó entonces—ensamblaría celuloide filmado a lo largo del tiempo junto a imágenes rodadas en el momento de la producción. El director indicó antes de terminar el año que dejaba el proyecto por creer que “la figura de Carrero y los sucesos posteriores a su muerte han pasado a segundo plano”.

Poco después, Basilio M. Patino volvió a trabajar en otro proyecto frustrado, en este caso sobre Federico García Lorca. En el guión también estuvieron involucrados Daniel Sueiro y Francisco Umbral, y posteriormente Jorge Semprún. La coproducción con Italia imponía a Jean María Volonté para interpretar al poeta, pero Martín Patino se negó a que García Lorca figurara incorporado por un actor, a modo de gran ausente.

Con una amplia etapa de dedicación preferente a encargos comerciales, Basilio M. Patino –que había rechazado algunas propuestas para regresar al entramado del cine comercial--, comenzó a explorar las posibilidades creativas que ofrecía el vídeo, conjuntamente con José Luis García Sánchez, su mano derecha desde el comienzo de la etapa clandestina. La primera muestra de ese avance en el campo electromagnético se plasmó en la novedosa serie de audiovisuales Retablo de la guerra civil española, 19 piezas (128´) que figuraron en el contexto de la exposición sobre la guerra civil española organizada por el Ministerio de Cultura en el espacio de El Retiro madrileño.
Basilio Martín Patino figura entre los firmantes del acta fundacional de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, el día 8 de enero de 1986.
En la película Madrid(1987) el realizador volvió a emplear materiales de archivo como recurso que utiliza el protagonista alemán que elabora un trabajo cinematográfico en torno a la personalidad de la ciudad de Madrid y sus habitantes, para lo que simultáneamente filma imágenes sobre la actualidad madrileña, lo que conduce a una serie de estados y análisis en torno a la imagen y su representación, así como la trasgresión a determinadas normas habituales en el cine. Recibió el Gran Premio Internacional de Cine de Autor de Bérgamo, y el mismo galardón en los Festivales Internacionales de Troia (Portugal) y de San Remo (Italia), además de participar en los festivales de Barcelona, Viena y Estambul.

Con La seducción del caos (única pieza salvada de un proyecto de siete programas para TVE) Martín Patino volvió a transitar por el camino de la trasgresión del convencionalismo narrativo, proceso favorecido por tratarse de un largometraje para televisión. Obra compleja en lo argumental y la estructura narrativa, encara, desde la intriga, una reflexión crítica sobre aspectos expresivos en el ámbito televisivo y las falsificaciones y simulaciones en el manejo de esas situaciones. La obra recibió el premio FIPA de Oro al mejor programa unitario de ficción en el Festival Internacional de Producciones Audiovisuales de Cannes, y sólo entonces TVE la programó para su emisión en febrero de 1992. La Filmoteca de Castilla y León, al comenzar sus actividades en noviembre, lo hizo con un ciclo dedicado a la obra de Martín Patino. (Posteriormente, en noviembre de 2002, volvió a dedicar otro ciclo sobre las películas del realizador salmantino).

Libre te quiero ha sido la última entrada de Martín Patino en el tratamiento. Aunque el realizador centra su enfoque en “la alegría” que reflejaba el movimiento ciudadano establecido en la Puerta del Sol madrileña –la “Acampada de Sol”--, las imágenes trasladan el mensaje reivindicativo y fresco de quienes se movilizaron en aquella primavera-verano de 2011. Al amparo de la música de Amancio Prada sobre el poema de García Calvo, el director vuelve a ejercer un muestrario de maestría en el manejo de la imagen que arroja un canto de libertad. Y, una vez más, la libertad creativa de un cineasta indomable. Invitada al festival de Valladolid, se proyectó con gran éxito el día 21 de octubre de 2012. En Madrid se estrenó en el Centro de Arte Reina Sofía.

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