Retrato de un cantaor

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18-07-2017
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“Vamos, señores, que en misa no se aplaude”
 Retrato de un cantaor
“Vamos, señores, que en misa no se aplaude”

Cuando tú apareciste,

quemaba yo en la entraña más profunda

de una cueva sin aire y sin salida.

                                                 (R. Alberti) 

Corrían los años 50 y un cantaor, ganador de un concurso de cante jondo organizado por Falla y García Lorca, Manolo Caracol, dijo de Camarón: “no hay ningún rubio que cante bien por bulerías”.

Venta de Vargas. Caracol acude a un homenaje flamenco. Ya de madrugada, aparece Camarón y en un pique épico hace subir por la guitarra de Caracol la cejilla. Del tres al siete…

Deja al maestro con la copa de cazalla vacía en la mano y la sonrisa del perdedor.

1.979. Piano, flauta, batería… Tomatito dice que eso es muy feo, que eso no lo van a hacer ellos. Camarón contesta: “tú tranquilo, que a esto le damos un toque flamenco y los que no lo entiendan ahora, ya lo entenderán dentro de veinte años”. Nace la “Leyenda del tiempo”. El tema que da nombre al disco que marcará un antes y un después en la historia del flamenco, se convierte en la cuarta canción más importante de la historia del pop-rock.   

1.987. Camarón con Tomatito en el Cirque D´Hiver de París. Un público de 2.000 personas que no habla español.

Camarón comienza su concierto. “Señores, buenas noches. Voy a empezar cantando un poquito por bulerías y luego me van pidiendo lo que quieran”.

El de la Isla se convierte en un mito para gitanos y payos.

1.990. Camarón con Tomatito en Nueva York. Pasea por la Quinta Avenida y los vecinos se preguntan ¿quién es?.

En la gran manzana la única música española que oye es la salsa, la cumbia el merengue… y lo más parecido al pop rock es Julio Iglesias.

En la discoteca Paladium, 5.000 personas celebran la noche española. Tocan Ketama, Camarón y El último de la fila. El artista de San Fernando en el cartel atrae a Milton Nascimento.

En este tipo de festejos la atención se mide en decibelios. Cuando la voz de Camarón se abre paso entre el bullicio se siente como va creciendo el magnetismo. En el anonimato del público, dos mujeres negras acompañan suavemente con la cabeza la más mínima inflexión de la voz de Camarón. Se arrancan con algunas palmas.

En el mismo año Mick Jagger actúa en Madrid. Admirador del cantaor, le pide que cante en una fiesta privada a cambio de cinco millones de pesetas. Camarón dice que no. “Estos gachós no entienden de flamenco”. Días después, actuaba gratis en un concierto para recaudar fondos para un guitarrista.

25 de enero de 1992. Último concierto.

No quería salir a cantar. Se sentía mal. Nadie sabía que estaba enfermo. Seis meses después fallecería a los 41 años.

Tomatito, que había dicho del maestro: “Cuando él estaba, todos sobrábamos”, le insiste suavemente. Le empuja, tira de él. Era un Festival de Tarantos para divulgar el flamenco. “Bueno, venga”.

Aparecer Camarón y hacerse un silencio inexplicable fue todo uno. Se arranco con la soleá Salud es lo que yo quiero. La gente lloraba. El artista se había transformado. 

Ante los aplausos extasiados, un patriarca gitano exclama: “Vamos, señores, que en misa no se aplaude”.

25 años des pues de su muerte, su espacio sigue desierto.

Federico García Lorca, a quién Camarón musicó como nadie, lo explicaba así: “ Todo lo que tiene sonidos negros, tiene duende. El duende es un poder y no un obrar. El duende no está en la garganta, sube por dentro de la planta de los pies, Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo, es decir, de sangre, de viejísima cultura y, a la vez, de creación en acto”.

Oscuro y estremecido. Ese fue José Monge, el Camarón de la Isla.  

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